FUSILAMIENTO DE JOSÉ MIGUEL CARRERA (04/09/1821)

“Sótano de Mendoza, 4 de septiembre de 1827, 9 de la mañana. Mi adorada pero muy desgraciada Mercedes: Un accidente inesperado y un conjunto de desgraciadas circunstancias ma han traído a esta situación triste; ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once. Sí, mi querida, moriré con el solo pesar de dejarte abandonada con nuestros tiernos cinco hijos en país extraño, sin amigos, sin relaciones, sin recursos. Más puede la providencia que los hombres… Miro con ndiferencia la muerte, sólo la idea de separarme para siempre de mi adorada Mercedes y tiernos hijos despedaza mi corazón, iAdiós! ¡Adiós!”

Esta dramática carta fue escrita a su esposa por el jefe chileno JOSÉ MIGUEL CA­RRERA, poco antes de ser fusilado en  la Plaza principal de Mendoza, crcuntancias que fueron registradas por el sacerdote uruguayo JOSÉ BENITO LAMAS, que asistió espiritual mente a Carrera en los últimos momentos de su existencia.

“Entré en el calabozo y lo hallé escribiendo. El oficial que mandaba la escolta era aquel célebre pardo LORENZO BARCALA, que llegó a coronel y que fue fusilado en el mismo lugar que Carrera en 1834. Según la orden que recibió, le quitó el tintero y el papel en que escribía para que no perdiera momentos que eran muy preciosos. Se retiró el oficial con la carta comenzada y Carrera empezó a quejarse de la Injusticia de sus enemigos, O’Higgins, San Martin y Luzuríaga. Yo le dije que no era tiempo de eso y procuré traerlo al camino de la religión y del arrepentimiento como era mi de­ber. .. Asi lo hizo Carrera, y acabado eáte acto, lo invité para que marchase con recogimiento cristiano al suplicio, y que al sentarse en el banquillo pidiese perdón al pueblo de Mendoza por los daños que le había causado.

Asi me lo prometió y pocos instantes después seguimos al oficial que vino a anunciar que era tiempo de marchar. —Y ¿cómo se va a esta ceremonia? —me preguntó—. ¿Con el sombrero puesto o quitado?—Con el sombrero quitado —le dije—, porque así se debe reverenciar a este crucifijo que lleva Usted en la mano, que es la imagen de su Dios. Entonces se lo quitó, hizo lo mismo con sus guantes y suplicó que se los entregasen como una memoria a sü buen amigo el coronel Benavente, que estaba preso en la misma cárcel.

Entraron en ese momento los padres mercedarios y le pusieron el escapulario de su orden. Llegamos al umbral de la cárcel. Había que bajar unos escalones y yo le ofrecí mi brazo. “No, me dijo, dirían que tengo miedo”. Y a pesar.de los gruesos grillos que exprimían sus pies, de un salto los salvó. Yo que tenia desembarazados los míos no me habría atrevido a darlo..Cuando avistamos los banquillos, un joven soldado que estaba acusado de haber sido el que mató al general Morón y que, a la par que el coronel Alvarez, vecino de Córdoba  que había encabezado una insurrección en Fraile Muerto en favor de Carrera, debía ser fusilado con éste, no pudo resistir este espectáculo y se desmayó. Entonces  Carrera dijo: —iQué muchacho!… tan valiente en la guerra y se desmaya ante la sombra de la muerte.

—En la guerra —le contesté—, el que combate está libre y no engrillado como ese pobre joven, tiene la esperanza de vencer y no la horrible realidad de uha muerte infalible.

Llegado al banquillo, Carrera se opuso a que le vendaran los ojos y pidió que se apuntara donde estaba su mano (sobre su corazón) y estar de pie, todo lo cual le fue negado. Entonces se quitó y dobló un rico poncho que llevaba puesto, y se limpió de las mangas de la chaqueta algunas ligeras motas de pelusa. Se acercó el alguacil como pidiéndole el poncho y Carrera le dijo: —No, lo destino para el hermano de mi suegra, a quien me harán el favor de entregarlo—. Se sentó en el banquillo, y en vez de demandar perdón al pueblo de Mendoza como yo se lo habla aconsejado, dijo en voz altísima: —/Muero por la libertad de América!

Me retiraba yo de su lado cuando me llamó para entregarme su reloj y un nudo de su pelo para que se lo remitiese a su esposa como una memoria suya. Mal me había separado de él, cuando la escolta descargó sus armas sobre Carrera, corriendo yo gran riesgo de ser herido por las balas que Iban dirigidas a él y a sus dos compañeros. Cayó sin vida y el doctor CLEMENTE GODOY, que estaba a mi lado, me dijo:—Ha muerto como un filósofo …»

Luego de ello y según dicen que apareció relatado en un boletín publicado en Mendoza, dando cuenta de lo acontecido, el cuerpo de Carrera fue mutilado. Su cabeza fue cortada y expuesta en la plaza de Mendoza; su brazo derecho fue enviado al Gobernador de Córdoba, y el izquierdo al de San Luis, crueldades que no han sido comprobadas y que fueron totalmente desmentidas por quien asitiera a Carrera en sus últimos instantes antes de ser fusilado. El sacerdote JOSÉ BENITO LAMAS,  al ser consultado a este respecto, contestó que jamás había oído ni sabido de nada semejante, a pesar de haber acompañado al suplicio al general, residir en Mendoza y haber predicado el sermón de gracias por la victoria de Mendoza contra él.

Los restos mortales de JOSÉ MIGUEL CARRERA, fueron repatriados durante la presidencia de Francisco Antonio Pintos, en 1828.

Cabe agregar que cortarle cabaza al cadáver de un enemigo vencido, era una práctica común en aquellos tiempo; el mismo CARRERA, cuando venció al coronel LUIS VIDELA en “Ensenada de las Pulgas” en su paso por San Luis, luego de hacerle cortar la cabeza a su vencido, se la envió como regalo a su amigo, el caudillo ESTANISLAO LÓPEZ, en ese entonces, gobernador de la provincia de Santa Fe (ver Andanzas de José Miguel Carrera).

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