EL FUERTE Y LA PLAYA DE BUENOS AIRES VISTOS POR UN INGLÉS (1816)

EL FUERTE Y LA PLAYA DE BUENOS AIRES VISTOS POR UN INGLÉS. Un marino inglés llamado EMERIC ESSEX VIDAL (1791-1861), destacado pintor acuarelista, en 1808 viajó con la flota británica al Brasil y en 1816 al Río de la Plata. A su regreso, en 1820 publicó en Londres una obra que tituló “Picturesque ilustrations of Buenos Ayres and Montevideo”. En este libro podemos leer estas líneas que escribió en setiembre de 1816, mientras desde el muelle de piedra pintó el Fuerte de Buenos Aires y la playa animada por la colorida presencia de multitud de lavanderas y alegres bañistas. “El Fuerte de Buenos Aires es un edificio cuadrado de ladrillo y piedra, con un foso seco a sus tres lados y un puente levadizo sobre la plaza del mercado. Es la residencia del Director Supremo de las Provincias Unidas, y entre sus murallas están las oficinas del Gobierno. En este Fuerte hay montados un considerable número de cañones y con el malecón dominan el fondeadero de la rada interior. En 1806, cuando los ingleses quisimos apoderarnos de esta plaza, se hallaban montados aquí unas cuarenta piezas de artillería de varios calibres. La ribera, sobre la cual está construida la ciudad, cae sobre el rio y durante la marea alta, las olas lavan las murallas del Fuerte. Sin embargo, entre aquél y el agua hay un pasaje que permite el paso. En verano, este lugar es el favorito para bañarse. “En este lugar se bañan juntos hombres y mujeres, pero sin escándalo. Las mujeres se desvisten en la playa, en grupos, dejando a un criado para que cuide sus ropas, que dejan caer de debajo de un grande y suelto traje de baño. Penetran en el rio hasta unos cincuenta centímetros de profundidad y entonces se sientan y se lavan y peinan entre ellas. Desde una hora antes de ponerse el sol, hasta que oscurece, miles de mujeres se bañan y pasean por la playa con sus largos cabellos colgando hasta cerca del suelo para secárselos. Las que se bañan más temprano son acompañadas por un esclavo que sostiene un paraguas como quitasol. En los numerosos pozos que la marea deja llenos de agua, se ve trabajar a cientos de lavanderas todos los días, salvo los festivos. Estas lavanderas son negras y en su mayoría esclavas. No solo usan jabón en esta operación, sino que golpean la ropa con paletas de madera y la secan sobre la hierba.”

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