EL FRIGORÍFICO “LISANDRO DE LA TORRE” (28/12/1923)

Se fundó el 28 de diciembre de 1923, durante la presidencia de MARCELO TORCUATO DE ALVEAR y fue creado para limitar la preponderancia de los frigoríficos norteamericanos e ingleses que operaban en el país, imponiendo reglas que no satisfacían las necesidades y leyes argentinas. Ubicada en el barrio de Mataderos, llamado así, precisamente por la presencia de varios mataderos en ese lugar, este Frigorífico, que no siempre se llamó “Lisandro de la Torre”, nació como “Frigorífico Nacional de la Capital Federal y Depósito de Distribuidores de Carne”. Fue en 1957, durante la segunda presidencia de JUAN DOMINGO PERÓN que mediante Decreto  Nº 9612, se lo bautizó con el nombre del vigoroso legislador perteneciente al partido Demócrata Progresista, para honrar su tenaz oposición al pacto Roca-Rucimán, que según él, favorecía a los frigoríficos extranjeros, fundando tal resolución en que “Lisandro de la Torre fue “Fiscal de la Patria”, bastión contra la tiranía, símbolo expresivo de la severa vocación argentina, por la libertad y la Independencia.

En el siglo XIX, desde el núcleo inicial de la ciudad, los suburbios van constituyendo una frontera, donde en principio, van asentándose chacras y quintas  que luego se transforman en poblaciones que van avanzando poco a poco hacia la pampa. El ganado vacuno, cuyo desarrollo cimarrón, impensable por los pocos ejemplares que dejara Pedro de Mendoza, se caracteriza por una explotación indiscriminada, salvo por la posesión de “marcas” que otorgaban los Cabildos a personas (vecinos) solventes, en quienes se depositaba  la confianza en el modo y cantidad de la explotación.

Los corrales, primera  manifestación de los mataderos criollos, se establecían en los alrededores de la ciudad en constante  crecimiento y tanto  antes como después de 1810,  las practicas de faenamiento y matanza no variaron en esencia a lo largo de los siglos. La vida misma del matadero sólo encontrará algún cambio con la llegada del frigorífico, pues exigirá ciertos recaudos técnicos y sanitarios que no poseía su antecesor, el saladero.

“Corrales Viejos” fue el nombre con que se conoció durante mucho tiempo al actual barrio Parque Patricios, por haber funcionado allí el “Matadero del Sur”, del Alto o de la Convalecencia y éste es “el matadero”, que describe Esteban Echeverría. En esa zona sur de los suburbios, también se detienen las descripciones de los viajeros que entre misiones diplomáticas y afán de aventura se acercaban a estas tierras. Son los viejos “Corrales de Abasto” cercados de palo a pique, que serían convertidos en leña para las tropas que protagonizaron la batalla de los Corrales Viejos el 21 de junio de 1880 durante la revolución que definiría la federalización de Buenos Aires.

“El lugar, que ya era conocido como el barrio de los Corrales Viejos, estaba habitado por hombres recios y mujeres bravas: corraleros, reseros, conductores de carretas, lecheros, estaqueadores, carneadores, donde chatas tiradas por robustos cadeneros y tronqueros, entraban y salían sin cesar de las graserías, curtiembres, fábricas de jabones y de velas”, refiere el historiador ENRIQUE HORACIO PUCCIA.

Estos Corrales Viejos fueron clausurados en 1896 (dejando relictos como el “Barrio de las Latas” y el “Pueblo de las Ranas), al tiempo que en 1902 se inaugura en el mismo lugar el bello Parque de los Patricios donde poco después se instalaría el Zoológico del Sur. ¿Qué había ocurrido para tan inmediata desaparición?.  La invención de Charles Tellier, en 1876, habría de provocar un cambio notorio en la  industria de la carne. Hacia 1856, el ingeniero francés CHARLES TELLIER había comenzado a experimentar las posibilidades del enfriado de barcos. En 1868, continuando con sus pruebas, pudo presentar una máquina frigorífica y en un procedimiento posterior, instaló una de sus máquinas en un buque, con diverso resultado.

TELLIER pone a prueba una nueva usina de frío artificial y el 20 de septiembre ele 1876 el buque Le Frigorifique parte de Rouen, Francia, cargado de carne. En la Navidad de 1 876 arribaba a la ensenada de Barragán, por entonces puerto de ultramar de Buenos Aires, despertando gran interés en ésta, especialmente entre los productores ganaderos, que habían seguido con interés toda la travesía. Es que algún tiempo antes, desde la Argentina, se alentaba la empresa de este sabio francés que había inventado la manera de conservar mercadería por largo tiempo, mediante el frío artificial. El especial interés de nuestro país en el proyecto se refleja en el apoyo que hizo la provincia de Buenos Aires con 25.000 pesos, elevada esa cifra a 60.000 con el aporte de los ganaderos. Compite con la firma. El sistema “TELLIER” compite con  JULIEN que congela con hielo, pero se impone desde luego el sistema frigorífico.

En tanto ya están en construcción mataderos nuevos, donde los derechos a cobrar por la empresa concesionaria, se llamarán de “abasto y bretes”. Los cambios que siguen serán impactantes: las reses debían tratarse de manera diferente; el  sistema de matanza debía ser cambiado; en cómo se desollaba y desangrada la res colgada y, además, no había que arrojar desperdicios a los pozos absorbentes.

En la ciudad el núcleo urbano iba penetrando en la pampa y los suburbios fueron invadidos por una población creciente, que empezó a edificar en lo que antes eran terrenos baldíos, llegando por el sur hasta las “proximidades del vaciadero de desperdicios”. Los Viejos Corrales del Sud estaban quedando dentro del ejido urbano y se decidió su traslado hacia una zona más periférica.

Los mataderos
El 14 de abril de 1889 se colocó la piedra fundamental para la construcción de los nuevos mataderos, que desplazarían a los tradicionales Corrales Viejos. La “Sociedad Anónima Nuevos Mataderos Públicos” comienza la obra y ese mismo año, se rematan los primeros lotes cercanos a lo que va a ser el nuevo Mercado. A su alrededor comenzó a formarse el barrio, llamado por entonces Nueva Chicago, cuya población vivía de la nueva fuente de trabajo.

En 1923, durante la presidencia de MARCELO T. DE ALVEAR se decide crear el “Frigorífico Nacional de la Capital Federal y el Depósito de Distribuidores de Carne”, para satisfacer el consumo de carne de la creciente población de Buenos Aires. El proyecto debía responder a los nuevos conceptos del frigorífico moderno, abasteciendo a la población local en las mejores condiciones higiénicas de las faenas y aprovechando el mayor rendimiento de los subproductos.

La creación de un frigorífico en la ciudad, no sólo tendría un gran impacto en la zona de su instalación, sino que sería también un factor importante para la determinación de precios, el ordenamiento cooperativo y la distribución de los productos. Sin embargo, pasarían varios años antes de concretarse la obra, ya que los proyectos que se presentaron a licitación en 1923, no prosperaron. Recién en 1927, durante la intendencia de CARLOS M. NOEL, se presentan tres nuevos proyectos: uno por pesos 11.000.000 m/n., otro por pesos 9.500.000 m/n. y el tercero por pesos 7.300.000 m/n. Este último, que finalmente ganó la licitación, correspondió a la GEOPE, “Compañía General de Obras Públicas”, una empresa de capitales alemanes que intervino en las obras más significativas, de infraestructura y edilicias, que encaró el estado nacional en las primeras décadas del siglo XX.

Pero, volvamos al “Frigorífico y Matadero Municipal de’ Liniers”, como se denominaba entonces. Su construcción  comenzó en 1927 y en un tiempo récord  de 14 meses, se terminó la obra, que incluía maquinarias y equipos mecánicos provistos por General Electric. El edificio constaba de cuatro pisos,  además de una planta baja con rampas de acceso para vacunos y ovinos, en tanto los cerdos tenían montacargas especiales. La provisión de agua era de 250.000 litros y la fábrica de hielo proveía 40 toneladas por día.

En 1929, siendo intendente JOSÉ LUIS  CANTILO se habilitaron las obras, pero recién en 1930 se iniciarán las operaciones, empezando a trabajar con regularidad a partir de la mitad de ese año. ¿Qué demoró su pleno funcionamiento? En el archivo técnico del Instituto Histórico,  existe un Informe realizado en 1932 a pedido de la Comisión Investigadora del Matadero y Frigorífico Municipal, presidida por el concejal FERNANDO GHÍO, que lleva la firma del asesor EUGENIO BLANCO y denuncia una serie de errores en la construcción del edificio y su funcionamiento. Este Informe consta de tres partes: la primera trata de los hechos objetables consumados por la Administración del Matadero y Frigorífico; otra, del movimiento de los subproductos y por último, analiza el balance de los años 1930,1931 y 1932 y deja en evidencia la oscura gestión del Directorio Administrador y cierto nivel de relación con la empresa GEOPÉ.

Entre los primeros errores, aparece la ubicación de los nuevos mataderos en un “potrero de bajo nivel”, en vez de haberlos emplazado en los terrenos llamados Los Perales, mejor nivelados y estratégicamente ubicados, en contacto con las vías ferroviarias. En cuanto al mal funcionamiento del Directorio, detalla el pago irregular de facturas a la GEOPÉ y adjudicaciones directas a esa empresa, para la construcción de algunas modificaciones, en especial en corrales y mangas. El proyecto había comenzado con deficiencias y debió pasar un tiempo antes de que funcionara a pleno.

Diez años después de este Informe, en 1942, se realizan nuevas mejoras para el funcionamiento integral de los Corrales, el edificio del Matadero y el del Frigorífico y se decide la construcción de un “Mercado de Concentración de Carnes” anexo al Matadero y Frigorífico Municipal, en el terreno ubicado sobre la esquina formada por las calles José Enrique Rodó y Murguiondo,  para la mejor distribución y venta de los productos, desarrollando en esta década una de las etapas de mayor actividad.

El Frigorífico fue una de las ramas de la industria que primero incorporó al obrero nacional, por su experiencia en tareas afines en estancias, graserias o saladeros. Pero también fue un canal de integración de los inmigrantes a la nueva sociedad, una síntesis que dará una buena escuela para la organización obrera. Un símbolo de resistencia y lucha popular.

El Frigorífico Lisandro de la Torre estuvo en pie menos de 50 años, los 10 últimos privatizado y sólo durante 2 años llevó ese nombre. Pero, a pesar de su corta presencia, dejó en el barrio de Mataderos y en la memoria de los pobladores la sensación de que allí estuvo siempre, y quizás aún lo esté, en la memoria de muchos.

Vaivenes desua dependencia
Cuando el 28 de diciembre de 1923 el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires ordenó ceder al Gobierno Nacional los terrenos comprendidos entre la avenida Campana y las calles coronel Cárdenas, Merlo y Tellier,  para que se instalara allí el “Frigorífico Nacional”, nadie sospechaba que se abría un camino de idas y vueltas j en la pertenencia del establecimiento entre la Ciudad y la Nación.  La cesión se efectuó bajo la condición de que el Frigorífico debía  funcionar dentro de un plazo no mayor de dos años y que debía atender en primer lugar al abastecimiento de la ciudad de Buenos Aires. Por uno de los incisos de esa ordenanza, a partir del 29 de diciembre de 1926, los terrenos dejaron de estar afectados por la construcción del Frigorífico Nacional y, paralelamente, se aprobó la construcción del “Matadero Público Modelo y Frigorífico” que estaría bajo la órbita de la ciudad. Dos años después, el 7 de y  agosto de 1929, a través de la ordenanza 3457 se puso en funcionamiento,  el “Matadero y Frigorífico Municipal”,  dependiente de la Secretaría de Obras Públicas.

En 1932 surgieron los primeros proyectos de nacionalización, pero no llegaron a consumarse. Pasarán casi dos décadas para que esto ocurra. Mediante el decreto nacional N° 9993/50 del 25 de abril de 1950, el gobierno peronista transfirió la dependencia del “Mercado de Hacienda y del Matadero y Frigorífico,  de manos de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, al Ministerio de Hacienda de la Nación.

Con la caída del Presidente PERÓN, en 1955,  el Frigorífico volvió a manos de la ciudad. El 2 de octubre de ese año, mediante el decreto N° 11.142 de 1956,  el intendente DE LA TORRE tomó posesión del Mercado Nacional de Hacienda y del Frigorífico Nacional y pasó a denominarse “Mercado Municipal de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires” y “Frigorífico Municipal de la Ciudad de Buenos Aires”. Se formó una Comisión para el estudio de la situación y reestructuración del mercado que, en enero de 1957 propuso un proyecto que el Intendente transformó en decreto, mediante el cual, el “Mercado Municipal de Hacienda” y el “Frigorífico Municipal” integrarán un solo organismo al que se denominó “Frigorífico y Mercado Municipal de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires”, que dependerán  de la Intendencia Municipal de la ciudad de Buenos Aires, por intermedio de la Secretaría de Abastecimiento y la Policía Municipal.

El 11 de septiembre de ese mismo año, el intendente BERGALLI, mediante el decreto N° 9612, en Acuerdo General de Secretarios, le impuso el nombre de Lisandro de la Torre al Frigorífico Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, fundamentándolo así: “Lisandro de la Torre fue ‘Fiscal de la Patria’, bastión contra la tiranía, símbolo expresivo de la severa vocación argentina por la libertad y la independencia; Que su lucha alcanzó tonos dramáticos y épicos en la defensa de nuestra economía pecuaria. Que vivió, luchó y murió en la dignidad altiva y dinámica de una pasión argentina a la que sirvió sin límites y sin claudicaciones; Que, aun muerto, vive, fuente, ejemplo, inspiración y bandera”.

Dos años después, bajo el gobierno de ARTURO FRONDIZI se creó, por decreto nacional N° 12.959, la Comisión Administradora del Frigorífico Nacional y Mercado Nacional de Hacienda, que tenía facultades para normalizar el abastecimiento y organizar el trabajo. Ese mismo año por ley N° 14.801 y decreto 8439 se puso en venta el Frigorífico Lisandro de la Torre, y al no concretarse la propuesta presentada por el sindicato de que fuera entregado a los trabajadores, el Frigorífico pasó a la órbita privada de la Corporación Argentina de Productores de Carne (CAP).

En 1974, por la ley 20.755 se le devolvieron al Estado los bienes que integraban la unidad económica del Frigorífico y se designaron a los miembros de la Comisión Investigadora del Frigorífico Nacional. Pero con la política económica implementada a partir de 1976 comenzaron los despidos masivos y el vaciamiento general del Frigorífico, que dos años más tarde,  acabaría cerrando sus puertas y transformado su edificio,  en escombros.

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