EL CORREO EN BUENOS AIRES

En las inmensas y salvajes tierras de las colonias del Río de la Plata, las comunicaciones no eran fáciles. L a ausencia de caminos y medios de transporte y la amenaza permanente de los indígenas convertían a cada poblado en una isla. La ciudad de Buenos Aires era apenas una aldea, pero su reducido tamaño tampoco la ponía a salvo de los dramas de la incomunicación. En la Casa de Correos las cartas se acumulaban porque no había despacho a domicilio ni manera de que el destinatario se enterara de que lo esperaba una carta.

Comienza la verdadera historia del Correo Argentino. Por esa época (1766), residía en Buenos Aires DOMINGO DE BASAVILBASO (1709-1775), un español emprendedor dedicado al comercio. Hombre de fortuna y uno de los principales pobladores de esta ciudad, que gozaba del aprecio de sus vecinos y era muy respetado hasta en la corte de España. Poseía en la calle Perú, entre Alsina y Moreno, una de las pocas casas de dos pisos de ciudad, con un mirador de vidrios de colores, aljibe, caballerizas, cocheras y depósitos, todos 1ujos extraordinarios que asombraban a la gente. Alentado por sus deseos de lograr el adelanto la tierra que era ahora su hogar, inició gestiones ante el Correo Mayor de Indias, para que se rehabilitara su representación en estas tierras, disuelta en 1752 por el rey Carlos III y presentó un proyecto ante el gobernador para establecer comunicaciones entre esta ciudad y el Potosí, habida cuenta de que los servicios de correo eran entonces una verdadera aventura en un país de enormes distancias, sin caminos y asolado por los malones.

Primer barco-correo que llegó al territorio que hoy es la Argentina. En 1767 llegó a Buenos Aires el primer navío- correo y en 1769, Domingo Basavilbaso fue nombrado Administrador de los Correos Terrestres y Marítimos y en su casa de la calle Perú, comenzó a funcionar el “Correo de Buenos Aires”. A partir de entonces, tres veces por año al principio y seis veces más larde, salía de Buenos Aires un hombre a caballo hacia Chile, otro hacia el Perú y poco después, otro hacia el Paraguay. Llevaban la correspondencia en una maleta de cuero, y en puntos determinados de antemano, la entregaba a otro “correísta” (así era como los llamaban). En el camino, cerca de los fortines, en cuanto era posible, fueron estableciéndose casas llamadas “postas”, cuyo encargado, o maestro, proporcionaba nuevas cabalgaduras al correísta. En los meses de invierno, el camino de la Cordillera, en que se encontraban algunas casuchas con leña y comestibles, tenía que franquearse a pie, con los retrasos y peligros que se puede uno imaginar. Las tarifas del correo para las cartas variaban según el peso, como hoy, aunque eran mucho más elevadas. El correísta llevaba también dinero, pero en un principio todos los riesgos corrían por cuenta del remitente. El servicio de correos se perfeccionó poco a poco. Los correístas, cada vez más numerosos, empezaron a cruzar el país en todas direcciones, contribuyendo poderosamente a disminuir el aislamiento de los habitantes. Las postas se multiplicaron; sus maestros alquilaban caballos de muda a los viajeros, para que llegaran hasta la próxima posta, sabiendo que estos animales le serían regresados luego, traídos por el “postillón”, generalmente un jovencito que servía también de peón y de guía. Las comunicaciones se volvieron así mucho más rápidas; así, por ejemplo, la noticia de la victoria de Chacabuco llegó, en doce días a Buenos Aires.

A partir de 1771, ya había dieciséis coches (o “galeras) en Buenos Aires y los había también, aunque pocos, en las ciudades del interior, pero fue rápidamente en aumento, la cantidad de estos nuevos vehículos, que la gente con recursos, comenzó a usar con preferencia para sus viajes. Cuando Mariano Moreno volvía de Charcas, después de terminados sus estudios de abogado, compró en Tucumán una de esas galeras, y llegó a Buenos Aires. Arrastrada por varios caballos, que se renovaban en las postas, las galeras iban siempre al galope, “sin preocuparse de los que iban dentro. Por suerte, para que éstos pudieran llegar enteros a su destino, el interior del coche estaba abundantemente acolchado.

En 1771 Basavilbaso implantó el servicio de carteros para llevar la correspondencia a los domicilios particulares de los vecinos de Buenos Aires y nombró primer cartero a un sevillano, llamado BRUNO RAMÍREZ, que ejerció su cargo durante un año y después se volvió a España. Ramírez no cobraba un sueldo, pero recibía medio real por cada carta o cada dos cartas, entregadas a la misma persona. Para hacer más atractivo el cargo, su sucesor tuvo una asignación de diez pesos por mes. En 1772 Basavilbaso se enfermó y su hijo lo remplazó en el cargo. Después lo sucedió otro español ROMERO DE TEJADA que fue dejado cesante al producirse la Revolución de Mayo. Los carteros, recién tuvieron uniforme a partir de 1826, cuando así lo dispuso BERNARDINO RIVADAVIA.

Primer Administrador del Correo de Buenos Aires. En setiembre de 1810, MELCHOR ALBÍN, fue nombrado “Administrador principal de Correos de Buenos Aires” y el 8 de febrero de 1821, luego de once años de un correcto desempeño, se retiró por razones de salud, teniendo el honor de haber sido el primero en ocupar ese cargo

Un nuevo edificio para el Correo. La ciudad fue creciendo, la población aumentaba y las funciones del correo se hacían cada vez más complejas. Las oficinas fueron mudadas muchas veces, y ocuparon diferentes edificios. En 1822 se trasladó a la calle Bolívar, entre Belgrano y Venezuela. En 1878 pasó al nuevo edificio construido junto a la Casa de Gobierno, en 1886 se trasladó al llamado Caserón de Rosas, en Moreno y Bolívar, y a fines de 1900 pasó a un edificio de Corrientes y Reconquista. Pero el desarrollo de los servicios, impuso la necesidad de un nuevo edificio y en 1888, el Gobierno aprobó un proyecto presentado por el arquitecto francés Norbert Maillard, que había construido la Central de Correos de Nueva York y fue el autor del Palacio de Tribunales y el Colegio Nacional de Buenos Aires. El edificio se levantó sobre terrenos ganados al río de la Plata, cedidos por la sociedad “Las Catalinas” y siguiendo un segundo proyecto de Maillard. Tiene una superficie de 83.000 metros cuadrados, una espléndida fachada adornada con cuatro columnas y los detalles de mampostería, pisos, vitrales y mobiliario, lo destacan como uno de los edificios más elegantes de la ciudad. Inauguración del Palacio del Correo Central de Buenos Aires. El 28 de setiembre de 1928 se inauguró este soberbio edificio ubicado en la intersección de la avenida Alem y la calle Sarmiento. Actual Palacio de Correos y Telégrafos de Buenos Aires (ver “El Servicio de Correo en Argentina” en Crónicas),

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.