EL CONVENTILLO DE LA PALOMA (05/04/1929)

El 5 de abril de 1929, se estrenó “El conventillo de la Paloma”, el sainete más famoso de la escena nacional, con un suceso impensado. Un éxito fenomenal a contrapelo de una crisis (la del 29), que no se llamó global, sencillamente porque todavía no se había acuñado el término. Y como se iba a repetir en otras ocasiones, el manotazo de un sector de la sociedad en peligro, se aferró al Teatro como a una tabla de salvación. Su autor, BARTOLOMÉ ÁNGEL VENANCIO ALBERTO VACAREZZA (1886-1959), natural del barrio de Almagro, que ya había puesto en escena más de veinte obras representadas con éxito de crítica y de público en los teatros del centro, en los barrios y en el interior del país, conocedor de ese contexto, logró semejante convocatoria porque la clase media de raíces inmigratorias que frecuentaba el Teatro, habrá experimentado cierta identificación con esa historia sobre la gringada que arrincona frustraciones en la pieza del conventillo y saca al patio su alegría precaria. La pureza de Paloma (la protagonista) con la sospecha sobre su pertenencia prostibularia. La caricatura ridícula del in­migrante con la discriminatoria nobleza del criollo. Lo que Vaccarezza registró en clave teatral, fueron los impulsos fundacionales de la identidad nacional. Una identidad atravesada por la contradicción.

El “Complejo de viviendas de Villa Crespo” fue el lugar elegido por VACCAREZA para ubicar su obra. Esta construcción tenía 1.900 metros cuadrados y contaba con dos entradas: una sobre la calle Serrano al 100 y otra en la calle Thames a la misma altura. Por dentro tenía una pasillo de 1,50 aproximadamente. Del lado que daba a la calle Muñecas, había 16 viviendas de 2 y 3 ambientes y hacia el otro lado del pasillo otras tantas. En esas 32 viviendas vivían muchas más que 32 familias, pues en cada una de ellas se amontonaban hasta 8 personas que vivían en completo hacinamiento  El saínete llevaba al escenario, la fiesta a pesar de todo. Los dramas, las peleas, las desilusiones que vivían sus moradores, que por sobre todos sus infortunios, siempre vivían con optimismo y alegría, llenando de gritos, música y risas ese ámbito que los cobijaba a todos bajo su manto de comprensión y aliento. Mezclaba lo diferente, lo incompatible y Vacarezza se mostró como un maestro para manejar esas sutilezas.  Cada estreno suyo era observado entonces con una mezcla de anhelo y curiosidad, porque el público sabía que Vacarezza iba afinando la puntería en el rubro sainete, que era el género predominante de la época. “El conventillo de la Paloma” se presentó en el teatro El Nacional de la calle Corrientes, con la compañía del empresario PASCUAL CARCAVALLO. El Teatro, que competía con otros en géneros similares, sabía que un fracaso de público significaba una temporada de pérdidas y no podía, de un día para otro, reemplazar una obra por otra. Fue uno de los últimos productos exitosos del sainete, el teatro de personajes nacionales y populares que reflejó la vida de principios de siglo. Fue también la ocasión para el debut escénico de LIBERTAD LAMARQUE haciendo el papel de “Doce Pesos”. Noche tras noche el teatro se llenaba de un público que aplaudía incondicionalmente porque encontraba justo lo que iba a ver. La fórmula reunía en el infaltable conventillo a los inmigrantes de distinto origen con los compadritos, las mujeres pobres pero honradas, y las de las otras. El tema era una serie de enredos, pero no imaginarios: era notorio que Vacarezza había frecuentado los conventillos, había logrado extraer los estereotipos y los había plasmado con su inconfundible sello. En sus diálogos abundaba el lunfardo y el lenguaje “al verse”. Abusando de la caricatura y la imitación del habla de los recién llegados, conseguía las carcajadas que se oían de principio a fin. Aunque muchos sainetes de distintos autores tuvieron más profundidad en su observación y crítica social, Vacarezza alcanzó más éxitos, posiblemente por sus indiscutibles aciertos cómicos y por un incuestionable manejo de la técnica teatral. Cuando se cumplieron las mil representaciones, casi todas ellas a sala llena, un cronista de espectáculo escribió: “La obra se mantiene no por capricho del empresario, sino por el público que concurre a verla”.

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