EL CONSEJO DE INDIAS (1524)

Fue una corporación que inicialmente funcionó como una sección del Consejo de Castilla, y que en 1524 quedó organizada en forma independiente. Era la más alta autoridad después del Rey y en muchos casos sus opiniones llegaron a pesar mucho en las decisiones de los Reyes españoles. En sus comienzos estaba integrada por cinco miembros, pero en tiempos de Felipe II, tenía 21 miembros elegidos entre aquellas personas que en América habían desempeñado cargos importantes y que, por lo tanto, podían conocer el estado de las necesidades coloniales (dieciséis  consejeros, dos secretarios, un promotor fiscal, un relator y un oficial de cuentas). Al principio se lo llamó  “Consejo Real y Junta de Guerra de Indias” y se lo conoció también como Consejo Real y Supremo de Indias”. Su gestor fué Fernando el Católico y más tarde,  Carlos V lo estableció formalmente y en 1542 fué definitivamente organizado.

A este Consejo le cabía la responsabilidad de la preparación de leyes y ordenanzas para la Corona y la propuesta de funcionarios destinados a América. Por cuanto consultaba, formulaba y despachaba leyes para el bien de las Indias, era una corporación legislativa;  porque  proponía y nombraba personas idóneas para el gobierno colonial, velaba por la conversión de los indígenas, vigilaba los intereses de la Real Hacienda, organizaba flotas, expediciones, etc.; era un poder ejecutivo y por cuanto se podía apelar ante él, contra las sentencias dictadas por la Casa de Contratación, las Audiencias, los Consulados, etc., era, en fin, un tribunal judicial, sin excluir de sus responsabilidades, el estímulo y el control de tareas científicas,  a través de los cronistas y cosmógrafos (1).

Todos los funcionarios, cualesquiera fuese su nivel, sin exceptuar a los virreyes, estaban sujetos a sus resoluciones. Era el intermediario obligado entre los organismos y autoridades  residentes en América y el Rey y erqa también a través de quien, el Rey expresaba su voluntad y/o reales órdenes. Sus deliberaciones eran secretas y sus juicios decisivos y sin apelación. Fue, además, un tribunal supremo de apelación para las sentencias dictadas por la Casa de Contratación y por las Audiencias (ver Las Instituciones Hispanoamericanas).

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