EL CIELITO

El calor de la pasión política transformó la sociedad colonial en el Rio de la Plata. Rota en 1810 la estructura política colonial, En 1820 fue destrozada la estructura social de las ciudades y a partir de ese año, el fermento gauchesco adquiere gran vitalidad. El vuelco de la campaña pastoril sobre Buenos Aires y otras ciudades del interior favoreció el surgimiento de los caudillos y las montoneras y todos ellos se complacen en mostrar su destreza de jinetes, en humillar al “cajetilla” o al “paquete” (el que viste frac) de la ciudad y que demuestra modales europeos. Se mofan de ellos. Y las coplas son el mejor medio para hacerse oir. Porque parece ser que las pullas eran menos hirientes si se decían con la música de una guitarra.

Las pulperías, tanto en la ciudad como en la campaña, eran lugar de cita de guitarreros, payadores y versistas de larga fama por su repertorio y en ese medio, hizo su aparición “el cielito” y con el “cielito” (o viceversa), nació la literatura gauchesca rioplatense de la mano de BARTOLOMÉ HIDALGO, un escritor uruguayo nacido en Soriano el 24 de agosto de 1788, que fue el primero que cantó a la patria en tosco romance popular, para celebrar con cielitos los triunfos de las armas patriotas en el Río de la Plata, chile y Perú (1). Pero su música y sus letras, no eran ya para zaherir a “los puebleros”. Nació para cantar la gloria de nuestras armas, el orgullo por nuestros soldados, la alegría por la libertad y se lo bailó en los salones cultos argentinos hasta la tercera década del siglo XIX y en los bailes populares hasta mediados del siglo XX.

El cielito es una danza tradicional que se afirmó en la región pampeana bonaerense, en la época en que ésta formaba aún parte del Virreinato del Río de la Plata. Es la madre de todas las contradanzas rurales criollas argentinas y es la música de nuestro folclore por excelencia. Por eso se los llama “Cielito de la Patria” (uno de los cielitos que ha llegado hasta nuestros días es el “Cielito del Libertador”, dedicado al general JOSÉ DE SAN MARTÍN).

El musicólogo CARLOS VEGA y otros afirman que evolucionó en Argentina a partir de la llegada de una danza inglesa conocida como la “Country Dance” en 1730, pero otros disienten con esta teoría y si bien no se ponen de acuerdo sobre cuál es su verdadero origen, si concuerdan, en que el primer ciclo de cielitos patrióticos, tuvo lugar entre 1810 y 1820. Pero hay coincidencia en establecer que el origen del “cielito” fueron las canciones populares cantadas sobre las Guerras de la Independencia, cuyos antecedentes hay que buscarlos en los cantos y relaciones que entonaban los paisanos y soldados, al son de la guitarra, junto a los fogones, en el campo. Y fue HIDALGO quien, Imitando el habla de los gauchos, puso en estas canciones su ingenioso sello personal exaltando la libertad del pueblo y por eso se lo llamó “primer poeta criollo del Río de la Plata”. Fue famoso su Cielito patriótico para cantar la acción de Maipú (1818).

Esta danza que tiene la particularidad que el bailarín, también canta en medio de sus giros, forma parte del acerbo folklórico de la Argentina, Uruguay y Chile y en los tres países, fue la danza y el canto propio de los avatares de las guerras por la Independencia. Los versos del cielito fueron el octosílabo de la métrica popular; su acompañamiento, la guitarra campesina y el gaucho expresó su sentimiento patriótico en estas coplas, cuyos máximos poetas fueron BARTOLOMÉ HIDALGO e HILARIO ASCASUBI, los iniciadores de la literatura gauchesca. Y fue precisamente HIDALGO, quien ha dicho que “Si de todo lo creado es el cielo lo mejor, el cielo ha de ser el baile de los pueblos de la Unión”.

(1). BARTOLOMÉ HIDALGO (1788- 1822), fue un poeta nacido en Montevideo. Sus padres eran porteños y de condición humilde que se fueron para la Banda Oriental en 1786. En una carta de 1817 se refieren a él como “mulatillo” y el Padre CASTAÑEDA, en 1821, al referirse a Hidalgo le dice “oscuro montevideano”.

Por su humilde origen, tuvo que desempeñar varios oficios que contribuían al sostenimiento de su familia: trabajó como peluquero, soldado y empleado público.

Luchó en las invasiones inglesas y con Artigas (1811-15). Escribió cielitos, marchas, obras teatrales unipersonales. Llegó a ser Comisario de Guerra en su país y más tarde, en 1818,  funcionario de la Aduana de Buenos Aires, ciudad donde vivió muchos años en el pueblo de Morón, donde murió de tuberculosis, pobre y olvidado,  el 28 de noviembre de 1822, a los 34 años. Sus obras más valiosas y originales fueron sus “Diálogos patrióticos”, que influyeron poderosamente en poetas gauchescos posteriores, como ESTANISLAO DEL CAMPO (1834- 80). Dice una de sus repetidas estrofas: “Cielito, cielo que sí, Mi asunto es un poco largo; para algunos será alegre, y para otros será amargo (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de CARLOS VEGA).

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