EL CARNAVALITO

Es el representante más moderno y evolucionado de la familia de las danzas arcaicas, que habiendo incorporado a la rudimentaria base aborigen, numerosos elementos de origen europeo, permanece vivo y profundamente arraigado en las costumbres de los pueblos del noroeste de la República Argentina.

Nacido en el Alto Perú, en los territorios que hoy ocupan la República de Bolivia, fue bajando, traído por los conquistadores españoles, hasta que se afincó en el noroeste argentino, donde se fue enriqueciendo durante el siglo XVII con figuras de la “Contradanza” y de la “Cuadrilla” y especialmente en Jujuy del “Pericón”, danza esencialmente integrada a la familia coreográfica.

Esta simple ronda primitiva, que también bailan los aborígenes del Chaco, se reproduce en las quebradas y en los valles del centro y el norte de las provincias de Salta y Jujuy, donde “flautillas”, “erkenchos”, “pinkillos”, “cajas” y hasta “bombos” animan la ronda, que se mueve en torno a los músicos, o la hilera, que serpentea por espacio abiertos. Una mujer o un hombre, con un pañuelo — o banderín adornado de cintas— en la mano, se desempeña como director o bastonero y su voz orienta las evoluciones que harán los danzarines.

De tanto en tanto, o en forma permanente, cantan todos la misma copla o entrecruzan improvisaciones; y se ha visto, cómo, ya demasiado alegres, varios grupos de ellos, entonan distintas coplas a un mismo tiempo, en tanto repican a destiempo varias Cajas que los propios danzantes manejan mientras bailan y beben.

Hombres y mujeres — no necesariamente en parejas — forman las filas del brazo o de la mano, interviniendo también los niños, y hasta rondan los lactantes sujetos a la espalda de las madres (llevando la “guagua al kepi”). Las figuras que se realizan son llamadas “el trote”, donde una larga serie de parejas que tomadas del brazo, hacen la rueda  siguiendo l “puntero”; “la rueda”, “la doble rueda”, “la hilera de itinerario libre” y pocas más. Esta forma rústica recibe diversos nombres: Carnaval, Rueda, Cacharpaya (se despidan o no), Kiu (ave), y otros; o simplemente, “Baile al Erke”, Baile a la Corneta”, etc., según el instrumento que se utilice para acompañar el baile.

Fundamentalmente, es danza de carnaval, pero se baila también en otras diversas ocasiones y con otro sentido, acercándose más al estilo de danza propiciatoria. En ciertas ocasiones, algunos bailarines llevan en la ronda un tallo de maíz con sus espigas o una rama de malvavisco o de albahaca y eso es así, porque se considera que en este complemento, como antiquísima expresión superviviente de la prehistoria de esta danza, están presentes los anhelos de una feliz cosecha.

En un impreso que le fuera dirigido a JUANA MANUELA GORRITI en 1876 se describen las características de esta danza diciendo: “En este “baile cantado”  todos los participantes se toman de la mano, formando una rueda, debiendo alternarse un hombre con una mujer. En el centro de la rueda se ubica el “bastonero” con una botella de licor en una mano y una copa en la otra. La rueda así formada da vueltas, bailando al compás de una música de características especiales, llamada el “umbé” y en las paradas, que son ordenadas por el “bastonero” al grito de ¡Pare la rueda”, cada participante tiene que cantar una copla, luego de lo cual el “bastonero” le ofrece un trago de vino y la ronda reinicia  su marcha al grito de ¡Siga la rueda del “bastonero” (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de CARLOS VEGA).

 

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