EL CAMINO DEL INCA

Los pueblos incaicos, cuyo reino central tenía asiento en el Perú, mantuvieron estrechas relaciones comerciales y políticas con los pueblos nativos de las regiones andinas del norte y del litoral argentino. Las tropas de llamas, cargadas con los productos destinados al intercambio (traían tejidos y metales preciosos, retornando con alimentos, especialmente granos y tasajo), bajaban desde el Perú por un camino especialmente trazado entre montañas y espesos montes, cubriendo un trayecto de centenares de leguas, llegando hasta el antigüo Tucumán. Desde allí el camino se bifurcaba: uno de los ramales se dirigía hacia el sudoeste y por Mendoza, pasaba a Chile o Arauco. El otro, cruzando Santiago del Estero, y el gran Chaco, llegaba hasta Paraguay y Corrientes. Esta ruta, conocida como “el camino del Inca”, ofrecía innumerables motivos de sorpresa y maravilla a los conquistadores españoles y fue HERNANDO PIZARRO, hermano del conquistador del Perú y su sucesor en el gobierno, quien primero se refirió a ella, diciendo:  “…….es cosa de ver, porque, en verdad, en tierra tan fragosa, en la cristiandad  no se han visto tan hermosos  caminos,todos la mayor parte “calzada” y los arroyos tienen puentes de madera o de piedra”. Por su parte, su secretario, FRANCISCO DE XEREZ, amplía esta información diciendo: “…. es tan ancho, que seis caballos pueden ir por él a la par, sin llegar a tocarse uno y otro; van por el camino, caños de agua, traída de otra parte, de donde los caminantes beben (quizás se refería a las acequias). A cada jornada hay una casa a manera de venta, donde se aposentan los que van y vienen” (Lo que llama “venta”, eran los “tambos” o “postas” que además de ofrecerles comida y avituallamiento a los viajeros, les daba albergue). Agreguemos a esta información, que espaciados a lo largo de este singular camino, estaban las “pascanas”, simples refugios que también daban albergue a los viandantes.

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