EL CACIQUE NAMUNCURÁ SE SOMETE (24/3/1884)

EL CACIQUE NAMUNCURÁ SE SOMETE. El Cacique Namuncurá, con cien indígenas de lanza y trescientos de chusma, se sometió definitivamente a las fuerzas del gobierno comandadas por el teniente coronel BELISLE, que guarnecía la frontera de Neuquén. El reinado del indio sobre la pampa había llegado a su fin. NAMUNCURÁ o Talón de Piedra había nacido en Chile en 1811 y era hijo de JUANA PITELEY, una cacique de noble sangre araucana y del poderoso cacique Calfucurá. A los 4 años aguantaba en pelo el galope del caballo y en premio le agujerearon las orejas para colgarle un par de aros que usó toda su vida. A los 12 se distinguía de sus docenas de hermanos, legítimos o no, como boleador y cazador, y adquirió el derecho de asistir a los parlamentos de los mayores de la tribu. Se convirtió en el favorito de su padre y en su mano derecha en las primeras incursiones a tierra pampeanas. En 1834 parece que se instaló en nuestro país, después de despiadadas luchas con las tribus locales.

Con el gobierno de ROSAS aprendió las reglas del retorcido juego que relacionaba a los indios con blancos. Alternativamente, trabó alianzas con el gobierno o encabezó sangrientos malones contra las poblaciones indefensas. El producto de las tropelías eran miles de cabezas de ganado que se vendían a precio de bicoca en las estancias chilenas, para regocijo de muchos civilizados. En 1873 murió CALFUCURÁ y en el paraje llamado La Rinconada se reunieron 220 caciques para elegir al sucesor. Entre amenazas de guerra civil, Namuncurá recibió el trono. Nuevamente desplegó sus artes de diplomático mientras secretamente preparaba la gran invasión. Los blancos hacían lo mismo, negociaban al mismo tiempo que planeaban la guerra. Hacia 1875, Namuncurá consiguió reunir las fuerzas de casi todas las tribus pampas y comenzó una fenomenal ofensiva de malones que causó terribles estragos. Pero fueron las últimas demostraciones de un imperio en decadencia. La expedición de ROCA había sellado la suerte de las tribus. Namuncurá advirtió el fin y se refugió en Chile. Volvió para entregarse y tristemente olvidó su pasado de guerrero para convertirse en un personaje político, disfrazado con uniforme de coronel del ejército.

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