El baquiano

La palabra “baquiano” deriva de “baquía” que quiere decir habilidad y el “baqueano” o “baquiano”, era el hombre que conocía a la perfección los caminos, vueltas y recodos, el vado de los ríos y las sendas y “picadas” más convenientes para cruzar  los extensos territorios que se debían recorrer para trasladarse de un lugar a otro, para llevar mercaderías o para escapar de una partida de indios. Nadie se atrevía a emprender un viaje sin contratar antes a un “baqueano”, pues sin e´l, los viajeros se perderían indefectiblemente en aquellas inmensidades, donde las huellas de antigüos pasos, se borraban con gran rapidez, invadidas por los pastos y barridas por los vientos. El “baquiano” tenía un sentido especial para orientarse y era muy difícil que uno de estos “guías” llegara a extraviarse. El sol, el viento, los árboles, los pastos y hasta los animales silvestres  le servían de referencia para orientarse. Cuando la noche sorprendía a los viajeros en medio del ampo, el “baquiano” se guiaba por las estrellas y si éstas no estaban, lo que no veía, era reemplazado por su sentido del gusto: desmontaba y arrancando un puñado de hierbas, determinaba el curso a seguir, según el sabor que percibía de ellas. O miraba los árboles y estudiaba su inclinación, o escarbaba la tierra debajo de uno de ellos, para descubrir el rumbo según el grado de humedad que veía.

 

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