DUELOS Y DUELISTAS (1591)

El tema “duelos y duelistas” trata de aportar algo de luz para que se comprenda la esencia de una costumbre que fue de rigurosos cumplimiento por parte de algunas personalidades de nuestro pasado y comenzaremos recordando que la palabra “duelo” deriva del latín “duellum”, término que a su vez derivaría de “bellum” que significa “guerra”. Tenemos entonces que un “duelo” vendría a ser una guerra: personal, pero guerra al fin, librada entre dos personas que habiendo considerado que se ha lesionado su honor, consideran que es necesario “lavar con sangre” la ofensa recibida. Los “duelos” o “lances caballerescos” tienen un origen tan remoto que quizás comenzaron con la misma humanidad. El combate cuerpo a cuerpo de dos trogloditas armados con sus cachiporras hechas con huesos de algún animal, para dirimir la propiedad de alguna de las mujeres del clan,  puede haber sido el inicio de algo que luego, ya en tiempos de la Edad Media, se hizo costumbre entre los caballeros que lanza en ristre, montados en acorazados caballos, rompían sus lanzas tratando de romper, más que sus lanzas, la anatomía de un adversario que había osado mirar a su dama, dudado de su valentía o insultado en un momento de furia.

El duelo, como “lance caballeresco”, no se practicó en la antiguedad clásica. No existió en Grecia ni en Roma. Fueron los bárbaros germanos quienes lo introdujeron en Europa, donde fue rápidamente adoptado por la aristocracia, cuyos miembros encontraron en él, un medio, no sólo apropiado para zanjar cuestiones de honor, sino que también  fue un medio para adquirir celebridad ante los miembros de las cortes, atraer la atención de alguna dama esquiva o como simple competencia deportiva para llenarse de adrenalina y calmar ardores combativos.

Más tarde, ya en el siglo XIII, a pesar que la Iglesia católica prohibió estos lances como medio legal para resolver disputas personales, su práctica se potenció y así tenemos que el auge de los duelos llegó a su máximo esplendor durante el Renacmiento, época durante la cual, hasta se reglmentaron el derecho a duelo y su metodología. También reconocido como “Juicio de Dios”, se consideraba que a través de él, el Ser Supremo (cualesquiera fuera el Dios al que se adorara), disponía sabiamente el resultado que debía tener el encuentro entre los duelistas, dejando en sus manos la decisión de quien era el que debía morir en el lance, exculpando así de toda culpa al vencedor, poniéndolo a salvo de cualquier consecuencia legal que tuviera su participación en esa muerte. Porque para la justicia, eso era “justicia por mano propia”, lo que configuraba una rebelión inaceptable contra la majestad de las leyes y de los monarcas.

Los duelos en la Argentina
Los caballeros españoles no quedaron afuera de esta moda de los “duelos” y como es lógico, la trajeron con ellos cuando llegaron a las tierras de América, aunque no hay muchos registros acerca de “duelos” realizados aquí. Pero de lo que han quedado numerosas constancias, es  de una costumbre que parece ser una derivación vernácula de aquellos duelos a espada o a caballo de los antigüos caballeros: el “duelo criollo”, un enfrentamiento que se producía entre dos hombres armados con cuchillo, que confiaban en su destreza para mostrar su coraje o lavar una ofensa. Pero esta costumbre, como tantas otras de nuestra identidad, desapareció con el tiempo (ver “El duelo criollo” en Crónicas).

Pero lo que no desapareció hasta bien entrado el siglo XX, fue el duelo como “lance caballeresco” a espada, sable o pistola, evento que continuó siendo una costumbre arraigada, especialmente entre nuestros militares, hombres públicos o miembros de las clase alta, a pesar que desde el 1º de febrero de 1887, comenzó a aplicarse el Código Penal Argentino, donde se incluye al duelo entre los delitos punibles por la Ley.

El primer duelo en estas tierras.
Se dice que el primero en batirse a duelo en estas tierras fue el gobernador HERNANDARIAS, que en 1591 desafió en un jefe indio, lo venció y logró que su tribu se rindiera. Después, seguramente habrá habido otros lances que ni siquiera fueron  consignados en reporte alguno, porque la ley seguía penando a los duelistas o porque tales lances no eran considerados dignos de mención. Durante la conquista de América hubo duelos  entre los españoles y entre éstos y los criollos; durante las guerras de la Independencia, hubo duelos entre caudillos y también los hubo entre unitarios y federales, entre políticos, entre fortineros y aborígenes.

Algunos duelos que se hicieron famosos.
No es posible dar una lista de los duelos que se realizaron en la República Argentina desde el siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX, porque ello es imposible. Primero porque sería interminable y segundo porque muchos de ellos no fueron rubricados mediante el Acta que se estilaba labrar al término del incidente, por temor a la acción de la Justicia, pero puede consultarse “Jurisprudencia caballeresca argentina”, una obra del Juez en lo Correccional, doctor CÉSAR VIALE, editada en 1914, donde se han volcado numerosas actas labradas después de dados por finalizados tanto los incidentes que terminaron sin combatir, como los enfrentamientos a espada, sable y pistola. No obstante lo expresado, a continuación exponemos algunos de estos casos que por lo trágico, o violento de su desarrollo, se hicieron famosos:

Un duelo trágico.
El 21 de noviembre de 1814, un duelo trágico (MACKENA-CARRERA) fue el que provocó la prohibición del Directorio proclamada ese año. Después de sufrir varias derrotas en manos de los realistas, muchos patriotas chilenos se refugiaron en nuestro país. Entre ellos llegó el general LUIS CARRERA (hermano del ex dictador de Chile). Se instaló en Mendoza donde ya vivía el general JUAN MACKENA, con quien estaba enfrentado por antigüos resentimientos. El irlandés MACKENA había abrazado  el partido de la independencia, desempeñando importantes cargos militares y políticos. Fue herido en el campo de batalla y era enemigo declarado de los hermanos CARRERA, posición que le valió ser desterrado a Cuyo. Ya antes, estando ambos en Chile, MACKENA se había batido con LUIS CARRERA y el encuentro estuvo a punto de repetirse en Mendoza, pero la enérgica intervención del general SAN MARTÍN impidió que se concretara. Pero un día, CARRERA le envió a su enemigo un mensaje que decía: “Usted ha ofendido el honor de mi familia con suposiciones falsas. Tendrá que retractarse públicamente y por las armas”. Y MACKENA le contestó: “La verdad siempre he dicho y sostendré. Elija el día, lugar y hora y hágamelo saber con tiempo para preparar las armas”. Se batieron el 21 de noviembre de 1814 a las doce de la noche, en el parque Lezama (en el bajo de la Residencia). Fue padrino de CARRERAS el almirante GUILLERMO BROWN y de MACKENA, el comandante TAYLOR. En el silencio de la noche sonaron los disparos y lo único que cayó fue el sombrero de CARRERA, mientras el irlandés gritaba “¡No me desdiré nunca,  antes de hacerlo me batiré todo un día!”, siendo respondido por CARRERA que gritaba”¡Y yo me batiré dos!”. No fue necesario que pasara tanto tiempo. Ambos dispararon nuevamente y uno de los segundos disparos dio en el blanco: MACKENA cayó herido de muerte. El disparo le atravesó la garganta y cayó muerto. Años más tarde un pariente hizo enterrar sus restos en la iglesia de Santo Domingo.

El general Mansilla se bate a duelo (07/02/1880).
El cultísimo y elegante LUCIO VÍCTOR MANSILLA, militar, escritor, explorador y ministro, participó en un duelo que terminó en tragedia. Mansilla fue uno de los personajes  más fascinantes de la historia  argentina. Hijo de una familia rica e influyente, a los l7 años, hastiado del campo y del saladero familiar,  se embarcó con rumbo a la India con la idea de explorar esas lejanas tierras. Volvió a su patria y en 1865 se enroló para combatir en la guerra del Paraguay. Convivió con los indígenas del Chaco. Tradujo obras del francés, se codeo con reyes y gobernantes de Europa y sus obras, entre las que se destaca “Una excursión a los indios ranqueles”, se tradujeron a muchos idiomas. En la época de su mayor esplendor, las costumbres imponían el duelo como la forma más aceptada de dirimir problemas suscitados entre caballeros y MANSILLA, que era un humorista con un genio provocador, se vio envuelto repetidamente en lances de honor. Un día, el diario “El Nacional”, publicó una nota en la que se afirmaba que su figura era más apta para un escenario, que para el Ejército Argentino. El hombre se sintió ofendido y mandó sus padrinos al Director del diario, que era PANTALEÓN GÓMEZ y aunque la nota no había sido escrita por él, Gómez aceptó el desafío. El  duelo se arregló para el 7 de febrero de 1880 a realizarse en el “Paseo de la Alameda”. A pesar de la seriedad del momento, había un cierto aire distendido entre los dos duelistas, que habían sido amigos hasta ese momento. Mientras Gómez anunciaba divertido que iba a apuntar al “ridículo penacho del quepi de Mansilla, éste afirmaba que haría blanco en el botón de la chaqueta de Gómez. En el momento en que debieron disparar, GÓMEZ bajó la pistola y la descargó en el suelo, mientras MANSILLA apuntaba y casi sin pensarlo, apretó el gatillo. En ese instante tomó conciencia de lo ocurrido y llorando desesperadamente corrió hacia GÓMEZ, que caía herido en el pecho. MANSILLA lo sostuvo mientras agonizaba y transido de dolor por la muerte que le había provocado a su amigo, escuchó que éste le decía: “Yo no mato a un hombre de talento”. Más tarde, estando en París en 1883, a causa de “un incidente personal”, Mansilla también mató en duelo a Pierre Mayence.

Duelo LÓPEZ-SARMIENTO (28/12/1894).
En la mañana del 28 de diciembre de 1894 el doctor LUCIO VICENTE LÓPEZ dejó su casa, sita en la avenida Callao 1852  y tomó el camino de Belgrano para llegar al Hipódromo Nacional, ubicado sobre la actual avenida del Libertador, entre las calles Monroe y Congreso, en cuyas arenas caerá abatido por un certero disparo del coronel CARLOS DOMINGO SARMIENTO, con quien había concertado un duelo “a primera sangre”. Quien años después sería gobernador de San Juan, distinguido militar y cabeza de un partido político, el coronel CARLOS SARMIENTO, fue uno de los protagonistas de este drama. LUCIO VICENTE LÓPEZ, nieto del autor del Himno Nacional, hijo de un historiador destacado y él mismo un escritor y hombre público de gran prestigio era el otro. Ambos se enfrentaban como era costumbre en aquella época, entre los integrantes de las altas clases sociales, en un duelo para dirimir fuera de los estrados judiciales, las custiones que afectaban el honor de los involucrados. VICENTE LÓPEZ se desempeñaba como interventor de la provincia de Buenos Aires y se propuso investigar ciertos hechos que le habían sido denunciados como actos de corrupción y en tal tarea, dio con los documentos vinculados con la venta de unas tierras públicas, con las concesiones otorgadas para la explotación de ferrocarriles y gestiones bancarias poco claras. Como resultado de sus investigaciones, denunció que la compra de un campo que estaba destinado al ensanche del municipio de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires, había sido efectuada a nombre de una sola persona, a pesar de que eso estaba taxativamente prohibido por Ley. Esa persona, resultó ser el coronel CARLOS DOMINGO SARMIENTO, Secretario privado del Ministro de Guerra, LUÍS MARÍA CAMPOS, contra quien LÓPEZ promovió una denuncia penal. Se produjo entonces un gran escándalo potenciado por importantes editoriales y notas periodísticas que conmocionaron a la ciudadanía, que vio con asombro, que el coronel SARMIENTO era detenido y enviado a prisión. Estuvo preso durante tres meses alojado en el Departamento de Policía de la provincia de Buenos Aires hasta que fue absuelto de los cargos que se le imputaban. Fue agasajado por sus amigos en el restaurante “Flobet” de la ciudad de La Plata y allí, entre copas (quizás demasiadas), brindis y risotadas etílicas, SARMIENTO tuvo duras y desagradables expresiones en contra de su acusador. Enterado de ello, LÓPEZ, primero ratificó y amplió los contenidos de su denuncia en la prensa y luego hizo lo que se estilaba en aquella época: retó a duelo al coronel SARMIENTO y nombró como padrinos para que lo representen a FRANCISCO BEAZLEY y al general LUCIO VALENTÍN MANSILLA. El coronel SARMIENTO acepó el lance y nombró como padrinos al contralmirante DANIEL SOLER y al general FRANCISCO BOSCH. Efectuadas las primeras reuniones entre los cuatro representantes de los duelistas, llegaron a la conclusión de que no había lugar a duelo, pero parece ser que López insistía con vehemencia en que éste debía realizarse y no se sabe cómo, el caso es que se decidió realizar el lance y “a muerte”. Sólo le restó a los padrinos establecer las armas y las reglas que acotarán este duelo y elegir el lugar de realización del mismo. Será en el Hipódromo Nacional, a pistola, a doce pasos, el fuego a la voz de mando y a muerte. “El 28 de diciembre a la mañana los carruajes conduciendo a los protagonistas, familiares y algunos curiosos, se detuvieron cerca del Hipódromo Nacional (Hoy Avenida Luis Maria Campos) y a las diez de la mañana, ya estaban todos en el escenario elegido para vivir este drama. Ambos contendientes, sus padrinos, el director del lance, LUIS NAVARRO y los médicos DECOUD y PADILLA. Los padrinos se unieron en un último intento de parar esa locura. Hubo murmullos, idas y venidas, cabezas gachas y una negativa por ambas partes.  A las once y diez, los doctores Padilla y Decaud,  vestidos de negro, se miraban circunspectos. El general Bosch medía los doce pasos reglamentarios. Mansilla y Soler revisaban las pistolas Arzon elegidas para esta circunstancia y Sarmiento y López se midieron a la distancia. Era la primera vez que se veían cara a cara. Se escucharon los dos primeros disparos y los contrincantes estaban aron ilesos. Ahí podría haber terminado todo. Pero el duelo era a muerte. Se volvieron a cargar las pistolas. Nuevamente la cuenta regresiva. Resonaron los disparos y se vió a López caer tomándose el abdomen.  Bañado en sangre, es sostenido por varios brazos que presurosos acudieron hacia él, mientras se le escuchó decir: “¡Esto que me ocurre es una injusticia!. ¡Una injusticia!. Llevado a su domicilio, varios médicos trataron de salvar su vida, aunque todo fue en vano. La bala, antes de salir rozando la última costilla del lado izquierdo, en su tránsito había lesionado el hígado, perforado los intestinos e interesado el bazo. Mientras los médicos libraban una dura lucha, para salvarle la vida,  muchos compatriotas llegaron hasta la casa para interesarse por el paciente. Entre ellos, MITRE, ROCA, ARISTÓBULO DEL VALLE, PELLEGRINI, MANUEL QUINTANA y DARDO ROCHA. A las 11 de la noche, llegó O’GORMAN para administrarle la Extremaunción y a medianoche ya no se sentiría latir el pulso y el deceso se produjo en la primera hora del día 29, en el dormitorio de su casa de Callao1852. El sepelio de los restos de la ilustre víctima se realizó en la Recoleta, en el atardecer del sábado 29. Mientras con recatado dolor el viejo VICENTE FIDEL LÓPEZ, lloraba al hijo perdido, el coronel SARMIENTO y sus padrinos se presentaban ante el juez de Instrucción. El coronel Sarmiento fue sometido a juicio sumario con la intervención de un Juez llamado NAVARRO y un fiscal llamado ASTIGUETA  y al término del juicio, se produjo un dictamen diciendo que:

Primero: El duelo verificado entre los señores doctor LUCIO VICENTE LÓPEZ y coronel CARLOS DOMINGO SARMIENTO, ha sido llevado a cabo sin la condición expresa de que debía efectuarse a muerte, lo que exime al procesado de las responsabilidades determinadas en el artículo 117 del código Penal, por cuanto para la aplicación del citado artículo, sería menester la condición expresa mencionada. Segundo: Que por el contrario, de los términos del acta resulta que el propósito de los padrinos ha sido disminuir las probabilidades de un desenlace fatal , pues figura en el citado documento una cláusula clara y terminante que estatuye que solo se cambiarían dos balas entre los combatientes. Tercero:  Que el hecho de haber tenido el lance el resultado de que instruye el presente sumario, no da ni puede dar lugar a presumir que el propósito de los padrinos ha sido concertar un duelo a muerte.

Los inculpados se presentaron al Juez y en el término de cuatro horas quedaron todos en libertad, incluso el mismo coronel SARMIENTO, quien, como ninguno de los que participaron en el duelo, sufrió sanción alguna. Su vida siguió dentro del ejército donde siempre fue valorado como un eficaz artillero y topógrafo. En 1905 abandonó el servicio activo y tuvo participación en la política provincial. Fue el jefe del Partido Popular y en 1907 encabezó una revolución en San Juan en la que derrocó al Gobernador GODOY y fue gobernador de esa provincia desde 1908 a 1911. Posteriormente se radicó en Zarate de donde fue Intendente. Dejó de existir en esa ciudad a los 54 años en 1915.

LUCIO VICTORIO MANSILLA guardó, por años, la bala mortal que había recogido en el Hipódromo de Belgrano y los misterios que rodean a este duelo, siguen en las sombras, porque aún hoy se discute si fue López o Sarmiento el que retó a duelo al otro. No se sabe porqué fue un duelo a muerte, cuando ya estaba decidido que fuera a primera sangre, ni porqué Lavalle y Pellegrini, que  fueron los primeros solicitados para representarlo a López como padrinos, se negaron a ello. Se dice que fue López el que más insistía para que el duelo se realizase y se atribuye esta actitud a que con él, pretendía beneficiar sus aspiraciones políticas (quería ser gobernador de Buenos Aires), teoría desmentida por Miguel Cané y Carlos Pellegrini, cuando al despedir sus restos en el Cementerio de la Recoleta, el primero de ellos dice que López “rechazaba la exigencia social del duelo”, al que, según Carlos Pellegrini “consideraba un atavismo de barbarie”. Muchas dudas, como siempre, oscurecen nuevamente las páginas de nuestra Historia. En el cementerio de la Recoleta una escultura del francés Jean ALEXANDER FALGUIÈRE, recuerda a Lucio Vicente López sobre un sarcófago de mármol. Tenía 44 años cuando murió (ver “Artillero y Gobernador. Vida del coronel Carlos Domingo Sarmiento”, obra de Rafael Sarmiento, Editorial Dunken, octubre de 2008, Buenos Aires y las páginas web “A la tercera palmada” y “Duelo López-Sarmiento” en Gotitas varias páginas web, dedicadas a este tema).

Duelo HIPÓLITO YRIGOYEN- LISANDRO DE LA TORRE (06/09/1897).
El doctor HIPÓLITO YRIGOYEN y el doctor LISANDRO DE LA TORRE protagonizaron un histórico duelo. El lugar elegido era uno de los galpones de “Las Catalinas”, cerca del puerto de Buenos Aires. La hora: el amanecer. Las causas del enfrentamiento eran políticas. DE LA TORRE, que entonces tenía 28 años, decidido partidario de las “políticas paralelas”, rompió con Yrigoyen y presentó su renuncia como Convencional. Anunció su separación definitiva de la Unión Cívica Radical y acusó a Yrigoyen de egoísmo malsano y paternalismo y decía que su influencia era hostil y perturbadora. En la renuncia al partido que DE LA TORRE había hecho pública, decía “El Partido Radical, ha tenido en su seno una inluencia hostil y perturbadora, la del señor Hipólito Yrigoyen. Influencia oculta y perseverante que ha operado lo mismo antes y después de la muerte del doctor Alem, que destruye en estos instantes, la gran política de coalición, anteponiendo  a los intereses del país y a los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables”. Ante esta declaración, YRIGOYEN, de 45 años, lo retó a duelo. El jefe radical no sabía nada de esgrima pero con una calma absoluta se preparó para el duelo en pocas horas. Nombró como padrinos a MARCELO T. DE ALVEAR y al coronel TOMÁS VALLÉE. En cambio, De la Torre era un experto esgrimista y eligió para representarlo a CARLOS RODRÍGUEZ LARRETA y a CARLOS F. GÓMEZ. Las condiciones pactadas para el duelo eran severísimas: debía realizarse con sable a filo, contrafilo y punta. El lance duró media hora y uno de los padrinos, Carlos F. Gómez, narraría que fue un encuentro de enorme violencia, donde los duelistas se asestaron sablazos furibundos y sin factura técnica alguna. El lance debió detenerse por las heridas que tenía DE LA TORRE en su cabeza, mejillas, nariz y uno de sus antebrazos (para tapar la cicatriz que le quedó en la cara, tuvo que usar barba a partir de entonces), mientras que Yrigoyen estaba ileso. No hubo reconciliación. Desde entonces cada uno continuó su camino mientras crecía su influencia en la política nacional. En 1912 volvieron a encontrarse en una reunión concertada en el hotel España. Se acercaban las elecciones y los radicales de Santa Fe querían que DE LA TORRE volviera al partido para representarlos. Yrigoyen estuvo de acuerdo y así se lo pidió. Pero DE LA TORRE se excusó por una cuestión de principios y procedimientos. Más tarde, YRIGOYEN sería por dos veces elegido presidente de la Nación, mientras que DE LA TORRE llevaría adelante las investigaciones en el sucio negocio del comercio de las carnes.

Duelo ERNESTO DE MARINIS- EUGENIO PINI (01/05/1899).
Se realizó en Barracas al Sur un duelo a espada, entre los maestros de esgrima ERNESTO DE MARINIS, Director de armas de “La Prensa”, y EUGENIO PINI, de la Escuela Militar de Esgrima. Ambos campeones, maestros consumados, disputaron 13 asaltos, con gran violencia y decisión. En el primero y quinto, el director del lance, marqués de MORRA, secundado por MARCELO T. DE ALVEAR, suspendió el combate, comprobándose perforaciones en la pechera de la camisa de MARINIS, pero sin herida. En el último asalto, PINI, “con la rapidez del rayo”, ligó la espada del rival para intentar una “flanconada”; pero de MARINIS paró y contestó, hiriéndolo en el muslo. Entonces se dio por terminado el duelo, que había provocado gran expectativa en toda la ciudad.

Duelo BELISARIO ROLDÁN- TEODORO DE BARY (1907).
El poeta Belisario Roldán se enfrentó en 1907 con Teodoro de Bary, porque éste había hecho reparos a su noviazgo con ARNOLDA BRINKMANN, su parienta política, lo que determinó que se distanciaran. ROLDÁN fue herido, pero volvió a ganar el corazón de Arnolda gracias a la literatura. La conmovió que publicase en “Caras y Caretas” un poema cuyos últimos versos decían: “Pues sabes que de pie sobre mis penas,/ ya en las angustias donde tiembla el paso,/ por disfrazar de aurora aquel ocaso,/ lo teñí con la sangre de mis venas”…

Duelo OSCAR POSE-CARLOS JUAREZ CELMAN (1913).
Se batieron en Palermo los jóvenes OSCAR POSSE y CARLOS JUÁREZ CELMAN, resultando el primero con una leve herida en el antebrazo. Acababa de firmarse el acta que terminaba el asunto, cuando llegó enfurecido FRANCISCO POSSE, padre del herido. Nadie le había informado sobre la escasa importancia de la lesión de su hijo Oscar y fuera de sí, preguntó quién era JUÁREZ CELMAN y, al identificarse éste, extrajo un revólver con el que le hizo dos disparos. Uno lo rozó y el otro hizo impacto en el brazo de uno de los médicos, mientras los aterrados asistentes buscaban refugio. Como POSSE se disponía a repetir los disparos, JUÁREZ CELMAN, tomando uno de los revólveres que había quedado cargado luego del duelo, efectuó dos disparos contra don Francisco: uno le dio en el codo y el otro, atravesándole el corqzón, le causó la muerte inmediata.

ALFREDO PALACIOS reta a sus Padrinos (1915).
El doctor Alfredo Palacios fue expulsado del Partido Socialista (que él había fundado), debido a su inveterada afisión a batirse a duelo. Hasta se batió una vez con sus propios padrinos. MARIANO BEASCOCHEA y FERMÍN RODRÍGUEZ lo habían representado en una de esas ocasiones que el fogoso diputado había exigido una reparación por las armas a ESTANISLAO ZEBALLOS en 1912 y disgustado por la forma en que habían solucionado el desafío planteado, los retó a duelo a ambos.

En épocas más próximas tuvieron especial repercusión periodística, por ejemplo, los duelos que enfrentaron a los entonces diputados nacionales ARTURO FRONDIZI y JOHN WILLIAM COOKE en 1949; al ex vicepresidente de la Nación, contralmirante ISAAC ROJAS, con el diputado ROBERTO GALEANO en 1959; al diputado ERNESTO SANMARTINO con su colega ÁLVARO MONTE, en 1960; al general RODOLFO LARCHER con el diputado nacional AGUSTÍN RODRÍGUEZ ARAYA en 1965; al almirante BENIGNO VARELA con el periodista YOLIBÁN BIGLIERI, director del periódico “La Autonomía”, memorable por el encarnizamiento de los duelistas. Tuvo lugar el 3 de noviembre de 1968 a causa de una publicación que el marino juzgó injuriosa. Ambos eran esgrimistas y se enfrentaron a sable “de filo, contrafilo y punta” en una quinta de Monte Chingolo. Al fin del tercer asalto el duelo fue suspendido: Varela y Biglieri tenían tajos en la cara y en los brazos, y estaban cubiertos de sangre. Los médicos resolvieron dar por terminado el encuentro, por el cansancio de los duelistas y por ser “las heridas parejas en cuanto a seriedad”. Los entendidos consideraron singular este encuentro por la furia de los protagonistas: se registraron alrededor de 14 embestidas “cuerpo a cuerpo”, que son las que representan el riesgo mayor. Finalmente, quizás el último duelo que se llevó a cabo en la República Argentina, enfrentó al escritor ARTURO JAURETCHE con el general OSCAR COLOMBO, en 1971;

La quinta de los duelos
Andando el siglo XIX, los duelos siguieron en auge entre la clase “afortunada” argentina. A pesar de que la ley los prohibía, era evidente la tolerancia de jueces y policías a su respecto. A veces, los duelistas viajaban al Uruguay para estar tranquilos, ya que en ese país batirse estuvo permitido hasta 1992. El que siempre se mostraba dispuesto a apadrinar y a cobijar lances caballerescos era el culto esgrimista CARLOS DELCASSE. Decenas de lances se llevaron a cabo en su quinta porteña de Belgrano: tantos, que se la conocía como “La quinta de los duelos”.

Los duelos y la Ley
Prohibido batirse a duelo. Siempre que hubo hombres dispuestos a jugarse la vida “en defensa de su honor”, hubo duelos y fueron tantas las oportunidades que se recurría a este arbitrio, que ya desde los albores de nuestra nacionalidad, en los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo, fue necesario que el Directorio prohibiera los duelos bajo pena de muerte, luego de que dos oficiales chilenos, JUAN MACKENNA y LUIS CARRERA, se batieran a sable en el actual parque Lezama (Buenos Aires), y Carrera quedara muerto en el “campo del honor”.

Un decreto del Gobierno con fecha 30 de diciembre de 1814, que lleva las firmas deL Director Supremo, GERVASIO ANTONIO POSADAS y de MANUEL MORENO (éste firma por ausencia del Secretario), ratifica la prohibición de batirse a duelo,  “estableciendo la irremisible aplicación de la pena de muerte a quienes se desafíen a un duelo o asistan a duelos en calidad de padrinos, considerándoselos a aquellos “como a verdaderos asesinos”, no obstante que un falso y criminal sentido del honor, se esfuerce en disculparlos”. La costumbre de dirimir cuestiones personales por medio de las armas tenía ya una larga y cuestionada tradición porque había sido traída por los conquistadores españoles, duchos en el arte de dirimir sus entuertos por las armas. En “La Gazeta” del día siguiente, pudo leerse que en su Editorial, expresaba:  “Aplaudimos la firme decisión de nuestros gobernantes que nos pone a la altura de las naciones más civilizadas: las que han anatematizado esta desdichada costumbre que cobra anualmente tantas víctimas. En efecto: si las vidas de los ciudadanos deben exponerse por el bien de la patria, no es lícito que en graves momentos se desperdicien existencias valiosas por falsos puntillos de honra o mezquinos deseos de venganza. Los duelos, cuando no finalizan en ridículos simulacros, suelen tener trágico corolario, no sólo para el energúmeno que desafía  y para el que acepta por furor o compromiso, sino también para sus familias, amigos y la sociedad toda. No hablemos de los hermosos ojos de nuestras madres, esposas, novias y hermanas, que pueden quedar llorando para siempre por algún malogrado duelista. Inútil abundar en luctuosas anécdotas, algunas de fresco recuerdo, cuando a esta altura de la civilización,  poseemos tribunales que zanjan las querellas personales sin necesidad de las venganzas de sangre cuyo carácter interminable, nos remite a los tiempos de los Atridas”. El mencionado decreto fue girado a los Jefes de Provincia y a los Tribunales competentes, recomendando la aplicación inmediata de las penas que en él se establecían: “que a cuantos salgan con bien de esta aventura se les aplicará sin más, la pena de muerte, lo mismo que a los padrinos que neciamente alienten este tipo de episodios”. Los intentos por prohibirlos se repitieron larga e inútilmente a través de la historia y también la Iglesia levantó repetidas veces su voz para condenar como asesinos al que desafía, al que acepta o al que coopera a un duelo, pues el crimen no puede paliarse con la excusa del honor.

Pero tan arraigada parece ser que estaba esta costumbre, que a pesar de esta prohibición, de los esfuerzos de las autoridades policiales y las voces de la Iglesia,  los duelos se siguieron efectuando por muchos años y eran bien vistos por gran parte de la sociedad. El General SAN MARTÍN, por ejemplo, dispuso en el Código de Honor de los Granaderos que un oficial podía ser expulsado del cuerpo por no aceptar un desafío. Los duelos estaban rodeados de un ceremonioso ritual que incluía una larga jurisprudencia para reglamentarlos y la presencia ineludible de testigos y padrinos. Y para ser más justos no conviene olvidar que la costumbre no fue privativa del “sexo fuerte”. En el siglo pasado algunas damas no vacilaron en empuñar la espada para saldar algún problemático entuerto, difícil de resolver por métodos menos agresivos. El general JOSÉ MARÍA PAZ cuenta, en sus “Memorias” que horas después de la batalla de Tucumán (1812) desenvainaron sus sables para batirse el teniente JUAN CARRETO y el coronel JOSÉ MOLDES, cuando éste trató de “ratero” a Carreto, pero las cosas no llegaron a mayores porque el general MANUEL BELGRANO que estaba presente, los detuvo recriminándoles semejante “insubordinación”. Es sabido también que en 1818, poco antes de la batalla de Maipú, se enfrentaron en duelo en el Campamento de Chimbarongo, dos oficiales del Ejército de los Andes, PEDRO RAMOS y FEDERICO BRANDSEN, quedando ambos heridos. Antes todavía, en Mendoza, otros oficiales de SAN MARTÍN, JUAN LAVALLE y JUAN O’BRIEN, se habrían batido a sablazos y como resultado de lo cual O’Brien recibió una profunda herida en la muñeca derecha.

Los duelos en el Código Penal Argentino
El Código Penal argentino trata el delito de duelo entre los delitos contra la vida, aunque parte de la doctrina sostiene que se trata de un delito contra la administración de justicia, pues es un modo de hacer justicia y cobrarse deudas de honor, de modo privado, a través de un combate bajo formas preestablecidas. Instituido como costumbre y receptado por el Derecho a partir del siglo XV, la mayoría de las legislaciones del mundo lo consideran un delito desde el siglo XX. En Argentina se consideraron delitos desde el siglo XIX, y en Uruguay el duelo fue prohibido recién en 1992 (Extraído de “La guía de Derecho”)

La opinión de un Juez.
En 1914, el Juez en lo Correccional CÉSAR VIALE, publicó “Jurisprudencia caballeresca argentina”, una obra donde enumera todos los duelos que se realizaron en el Río de la Plata, durante el peródo 1914/1934. Son en total 297 “incidentes sin combate”, 21 “duelos a espad”, 63 duelos a sable y 41 duelos a pistola, consignando las condiciones de cada evento, quienes fueron sus protagonistas, sus testigos y sus médicos personales. Quienes actuaron con “Directores del lance” y resultados de los mismos. En esa obra reclama por la sanción de leyes que esatablezcan su legalidad, por considerar que el “duelo” es un evento que no merece ser mantenido en la clandestinidad y si reglamentado y normado para que la autoridad no quede (como lo era en esa época) burlada y a tal efecto dice:

“Existen normas de convivencia universal de las que derivan relaciones de hombre a hombre, de grupo a grupo, de nación a nación, sin las cuales regiría el desorden, imponiendo su cetro la brutalidad  Y aquellos, principios, que cuentan en su favor con arraigos seculares — se llamen costumbres o pragmáticas—, fundan modalidades generales que es fuerza considerar pero que no deberán ser idénticamente adaptadas sin antes estudiar los aspectos etnográfico y atnológico. Aplicar literalmente en un hemisferio prácticas o leyes del otro, es consumar derechamente, el desprestigio de las mismas que se pretende auspiciar. Todos los países poseen, más o menos, tradiciones consagradas a resolver los conflictos de varón a varón, que no incumben  o no se estila plantear en el ambiente de la discusión forense. Los más cultos han llegado a codificarlas, acentuándose la tendencia que, para realizarse, ha menester de una abundante y propia fuente de experiencia, punto a que no hemos arribado aún, a pesar de lo muy desarrollado que está el sentimiento del pundonor en el alma nacional.

Es nuestra viva y real “Jurisprudencia caballeresca”, la que algún día servirá de índice para la conformación de un código de honor propio. El caballero conocerá así, precedentes nacionales para tomar un rumbo, dentro y fuera del duelo reglamentado, como padrino, testigo o adversario. Están lejanos los días en que las cuestiones del honor sean encaradas en otro terreno. Bárbaro y todo, su procedimiento sólo las minorías lo repudian.

El reciente lance Brum-Herrera, celebrado en medio de la expectativa general en ambas orillas del Plata, hace reflexionar sobre la conveniencia de que se impla cuanto antes, en nuestro país, la atinada reglamentación  uruguaya, que fija las funciones de un tribunal de honor público, en el que sólo caben personas de competencia reconocida y el cual estudia los conflictos, dictaminando si hay o no caso de duelo. El presidente Brum ha podido, pues, batirse, sin que legalmente pueda nadie objetar su acción.

Lejos estamos de pretender hacer aquí la apología del duelo. Queremos, eso sí, expresar la opinión de que siendo ésta una costumbre impuesta por la sociedad como manera de salvar el decoro en determinados  momentos, mejor que castigarlo, sin excepción, a ojos cerrados, es contemplar la realidad tomando medidas que a la vez que satisfacen exigencias ambientes, evitan que se menoscaben disposiciones penales.

Por cierto que en la actualidad, cuando las circunstancias se presentan, no quedan muy bien paradas las autoridades policiales y judiciales, precisamente en virtud de ser poco amplias las sanciones legales pertinentes que nos rigen. Pues en lances que se ven venir y en otros ya consumados, la intervención preventiva y represiva de funcionarios es sencillamente nula. Entre nosotros existen precedentes de miembros P. E. que renunciaron a sus cargos para batirse. La opinión corriente encontró que los ministros que de tal suerte se conducían tenían, tenían las mismas razones individuales que un simple particular para considerarse agraviados,  para sentirse molestos, si no exigían una reparación enérgica. Y hubo duelos, es decir, se holló, sin duda, ley, y la autoridad no supo  nada

Hay que evitar que sea letra muerta la letra de la ley, si no se quiere ver deprimida la autoridad de las entidades que le dan su voto y su sanción, como también la de los encargados de aplicarlas. Sostenemos la urgencia de una reforma legal que remedie la situación de hoy, que además, al incorporar a nuestros usos el “Tribunal de Honor”, se podrá valla a lances, realizados tantas veces, por haber sido tramitados entre legos en la materia, o entre quienes tienen en escasa cuenta “el pellejo ajeno”.

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