DEVEREUX y HALSEY, DOS FRUSTRADOS GESTORES (1816)

DEVEREUX y HALSEY, DOS FRUSTRADOS GESTORES. Se ha dicho que fue durante el gobierno del presidente MADISON, cuando se trazaron las líneas de la política de EE. UU., con respecto a los movimientos revolucionarios americanos. Todo hacía pensar que la gestión de MONROE continuaría sosteniendo una total neutralidad e imparcialidad en las relaciones con sus vecinos continentales. Pero la verdad es que, dentro de sus objetivos también se hallaba un renovado y constante interés por los acontecimientos ocurridos en el área hispana, por lo cual le era imprescindible una precisa y clara información, sobre el terreno, de las condiciones y posibilidades de estos dominios poco conocidos en el Norte. Así mismo, la defensa de sus propios intereses económicos llevaba a los Estados Unidos a mantener a toda costa, e incluso incrementar, su comercio con estos países y aumentar su influencia a fin de lograr se le otorgue una mayor autonomía a las colonias españolas y el libre acceso a sus mercados. No es difícil imaginar que iba a ser un punto de grave fricción con Inglaterra, pues ambas naciones perseguían, al parecer, un mismo fin y sus comerciantes son competidores potenciales en los mercados surgentes. Es obvio que el envío de continuos agentes o representantes con funciones de observadores hasta estos territorios, respondía a estos objetivos. Pero la aplicación de esa política norteamericana, resultaba a veces desvirtuada por sus mismos comisionados, quienes se excedían en sus atribuciones, al pretender mezclarse en actividades políticas o lucrativas que podrían resultar embarazosas para el gobierno de los EE. UU. y su declarada neutralidad. Ejemplo de esta actitud poco decorosa e indiscreta es el caso del vulgarmente denominado “affair Devereux-Halsey”. En 1816, el señor Halsey, cónsul norteamerica­no en esta plaza, un viejo conocido del gobierno de Buenos Aires, pues ya en 1813 había traído al país un lote de ovejas merino y había presentado un proyecto de navegación a vapor por el Río de la Plata, se unió en un común ofrecimiento al gobierno de las Provincias Unidas, con otro agente estadounidense, John Devereux, encargado de obtener información sobre nuestros sucesos políticos y las perspectivas comerciales que ofrecía el gobierno de Buenos Aires. . Ambos personajes, al tener conocimiento de nuestras penurias económicas, ofrecieron sus servicios para lograr ayuda financiera. La oferta consistía en la negociación de un empréstito por valor de pesos 2.000.000 de pesos, que Devereux, de acuerdo a rumores que trascendieron, aseguraba que su gobierno estaba dispuesto a garantizar. En enero de 1817, JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, en su carácter de Director Supremo, le informó al presidente Madison —Halsey ya lo había hecho— que su gobierno estaba dispuesto a aceptar la oferta y poco después se redactaron los términos del contrato, que proporciona-ría alivio al erario estatal. Pero pronto se supo que el Secretario de Estado, RICHARD RUSH, había desaprobado la conducta de Devereux y Halsey, en nota que le enviara a este último, negándoles la representación de ese país, para formalizar acuerdos con el gobierno de Buenos Aires, anunciándole además, que sería inminente la llegada de un nuevo agente especial con instrucciones al respecto, con lo cual se desvaneció la ilusión del proyectado empréstito.

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