DESPUÉS DE CASEROS (03/02/1852)

Luego   de ser derrotado en la batalla de Caseros (03/02/1852), JUAN MANUEL DE ROSAS se retiró del campo de batalla acompañado solamente por un ayudante y herido en una mano.  Tomó el camino del paso de Burgos (al sudoeste del actual  puente Uriburu) y desde allí siguió al Hueco de los Sauces (hoy, Plaza Garay en la ciudad de Buenos Aires). Desmontó y sentado bajo un ombú, escribió, a lápiz , una nota que dirigida a la Junta de Representantes, contenía el parte de la batalla y su renuncia al cargo de Gobernador de Buenos Aires, diciendo: “Creo haber llenado mi deber como mis conciudadanos y mis compañeros. Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, de nuestra integridad y de nuestro honor, es porque más no hemos podido”.

Agotado por el cansancio (llevaba tres días sin dormir) se echó bajo un ombú, cubierto con el poncho de su ayudante. Mandó a éste a la ciudad a llevar la renuncia que había escrito, y traerle algo para comer. Luego de una hora, LÓPEZ regresó y luego de comer lo que su asistente le había traído, montó a caballo y se dirigió a Buenos Aires, tratando de llegar a la delegación del gobierno británico, donde residía el representante diplomático inglés, ROBERT GORE. Como éste no se hallaba, fue recibido por un sirviente que no se atrevió a negarle la entrada, ante el aire autoritario del recién llegado, que sin decir palabra se dirigió a los aposentos del diplomático y se acostó en su cama.

Eran las cuatro de la tarde del 4 de febrero de 1852 y GORE, ante los acontecimientos producidos en Caseros, temiendo que una ola de violencia cayera sobre Buenos Aires, se hallaba preparando la evacuación de los súbditos británicos y la protección de sus bienes y propiedades. A las cuatro y media de la tarde regresó a su domicilio y encontró a ROSAS durmiendo plácidamente en su cama. En un relato de estos hechos que le que le enviara al ministro inglés  lord Palmerston, dice a este respecto:

“Encontré al general Rosas que se halla reposando en mi lecho, muy exhausto por la fatiga y una herida que tenía en la mano, cubierto con el humo y el polvo de la batalla y sufriendo hambre, mas, por otra parte, calmo y dueño do sí mismo. Me habló con tanta calma como si estuviera tranquilamente en Palermo”. Lo dejó en la legación porque debía encontrarse con los ministros extranjeros a las 6 para pedirle a Urquiza que tomase medidas a fin de proteger la ciudad, al tiempo que Rosas “ordenaba su cena y su baño”. Gore fue a Palermo, preocupado por la presencia del gobernador en la legación (que naturalmente no dejó traslucir), y volvió a las 10 de la noche sin haber podido entrevistar a Urquiza. Fue a la casa del almirante Henderson a aconsejarse, porque Rosas “quería quedarse en la legación”; Henderson entendió que “debía dejar mi casa porque su presencia podía ser dañosa para los intereses británicos”, ofreciendo asilado en el Locust que estaba en la rada, y de éste pasarlo al Centaur para alcanzar el paquete de pasajeros inglés —el Esk— que debía encontrarse en Montevideo.

De la casa de Henderson pasó a busar a Manuelita y la llevó a la legación para convencer a su padre: después de discutir un poco “convenció al general Rosas de la absoluta necesidad de embarcarse aquella misma noche, lo que efectuó a las 3 a. m. con su hija e hijo”. Para no ser aprehendido por alguna guardia pasada al vencedor, Rosas iba disimulado con un capote y gorro de marino, Manuelita vestida de muchacho y Juan con las ropas de Gore. Pasaron por dos garitas de centinelas que desconocieron a Rosas o no quisieron detenerlo.

A las 3 de la mañana ROSAS y sus hijos estaban en el Locust, que se alejó inmediatamente en busca del Centaur. “Aseguro a Ud., milord, que experimenté un profundo alivio al ver al Locust salir del puerto mientras yo cabalgaba hacia Palermo” dice Gore. Consiguió el ministro inglés entrevistar a Urquiza, quien le dijo que “Rosas había peleado bravamente y creía había marchado hacia el sur, composición de lugar que no me sentí inclinado a contradecir de ninguna manera”.

El Centaur no tenía tiempo material de alcanzar al Esk en Montevideo. Después de permanecer en la rada siete días, en la mañana del 9 de febrero llevó a Rosas que estaba acompañado por  sus hijos Manuela y Juan, la esposa de éste, Mercedes Fuentes Arguibel, el nieto de Rosas también llamado Juan Y Pascual Echagüe, Gerónimo Costa, Manuel Febre y el sargento José Machado, hasta el Conflict, vapor de guerra que debía alcanzar al Esk en Pernambuco, y en caso de no poder hacerlo, llevarlo a Inglaterra.

Trasbordaron el 10 de febrero al Conflict a la altura del banco inglés y éste zarpó el 11. El 4 de marzo llegó a Bahía y al no encontrar al Esk, siguió a Plymouth, donde arribó el 25 de abril. Rosas fue recibido con salvas de honor (que produjeron una interpelación en la cámara de los lores; Northumberland, jefe del gabinete, se hizo responsable por saludar con salvas “a quien fue jefe de Estado”). Rosas sólo llevaba 745 onzas de oro, y fue a vivir a un hotel de Southampton; más tarde con algún dinero proveniente de la venta de su estancia San Martín en Cañuelas, adquirió una una finca en Southampton, donde vivió hasta que falleció el 14  de marzo de 1877 (ver Batalla de Caseros)

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