DARSE VUELTA (LA TABA)

En la campaña argentina, al margen de las rudas faenas que los gauchos debían realizar para lograr su sustento y de las siempre emocionantes cacerías, boleando avestruces y gamos, el espíritu de competencia del hombre de campo, solo se satisfacía si se le daba la oportunidad de resultar vencedor en una contienda o dirimiendo por un derecho. El triunfo, más que una simple cuestión de suerte, podía ser prueba terminante de su baquía y hasta de su coraje, y por consiguiente, de orgullo personal. Para cultivar un aspecto de esta afición, quizás el menos honroso,  tenía bien a mano, un objeto que muchas veces lo puso al borde del triunfo y muchas otras, lo condenó a la pérdida ignominiosa, no sólo de su orgullo, sino que también de  sus “patacones”, tan trabajosamente ganados. Nos referimos a la “taba”, el “güeso” al decir criollo: un pequeño huesito de la pata de la vaca o de la oveja (el astrágalo), pieza fundamental de un juego procedente de España, la que a su vez lo heredó de los griegos. La “taba” (nombre del hueso utilizado para jugar y al mismo tiempo, nombre del juego que se juega con ella), era común encontrarla en cualquier rancho, por más humilde que fuera y hasta era natural que nuestros hombres de campo, lo llevaran en algún rincón de su equipaje, previendo las infaltables ocasiones que seguramente se le presentaban para “despuntar el vicio”.  El juego consiste en tirar a una distancia determinada “la taba”, a la que se le ha fijado una chapa de hierro en uno de sus lados y una de bronce en el otro,  de manera tal que caiga a tierra, quedando el lado con la chapa de hierro para arriba, pues si cae, dejando ver la otra, es “mala”, o “culo” en la jerga criolla. De más está decir que alrededor de quien tira, se reúne gran cantidad de espectadores, que apuestan a que salga “buena” o “mala”. Con gran expectativa se hace silencio y sale “la taba” disparada para que se eleve en el aire, tratando de que al caer, se clave en la tierra, quedando el lado bueno para arriba, pero se da el caso, que por alguna circunstancia fortuita, un terrón fuera de lugar, un palito que nadie vió, quizás un capricho del destino o la mano de algún gualicho, que la taba, modifique la calculada trayectoria de un tiro y caiga con el lado malo para arriba, convirtiendo en derrota, un triunfo que la pericia del tirador anticipaba. Esta eventualidad es lo que dio origen a la expresión “darse vuelta la taba”, una modismo que expresa el fracaso, en última instancia, de algo que se procuró y se creyó seguro. En forma semejante, “Se le dio vuelta la taba” , quiere decir, “lo abandonó la suerte”.

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