CRÓNICA DE UNA REBELIÓN EN 1544

«Y tomando las armas se fueron una mañana a casa del adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca), el cual fue avisado de la venida de esta gente, antes que entrasen en el patio; y dejándose caer en la cama, se armó de su cota y celada, y tomando una espada y rodela salió de la sala, a tiempo que entraba toda la gente, a quien dijo en alta voz: Caballeros. ¿qué traición es ésta que hacen con­trasu adelantado? Ellos respondieron: No es traición, que todos somos servidores de Su Majestad a cuyo servicio conviene que Vuestra Señoría sea preso y vaya a dar cuenta a su real Consejo de sus delitos y tiranías. A lo cual dijo el adelantado, cubriéndose con su rodela y espada: Antes moriré hecho pedazos, que permitir tal traición. Al punto todos le acometieron, requiriéndole se rindiese, si no quería morir hecho pedazos; y cargando sobre él a estocadas y golpes, llegó Jaime Rasquín con una ballesta armada y poniéndola al pecho del adelantado, le dijo: —Ríndase o le atravieso con esta jara; y él le respondió con semblante grave, dándole de mano, de modo que le apartó la jara: —Desvíense Vds. un poco, que yo me doy por preso; corriendo la vista por toda aquella gente, atendió a don Juan Francisco de Mendoza, a quien llamó y dio su espada, diciendo: —A Vd., señor don Francisco, entrego mis armas, y ahora hagan de mi lo que quisieren. Al punto le echaron mano y le pusieron dos pares de grílbs». “La Argentina”, Ruy Díaz de Guzmán, La Plata, 1612 (ver Deponen a Núñez Cabeza de  vaca)

 

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