CRIOLLOS Y CRIOLLISMO

Criollo es un término derivado del latín “creare” que se aplica en la República Argentina a la persona oriunda de estas tierras, pero con sangre europea. A principios del periodo colonial, se hacía muy poca distinción entre los europeos puros  y los mestizos de buena familia, a ambos se los llamaba criollos por igual (en contraste con los indios) y la “cultura criolla” fue creación de estos hijos nativos.

Los españoles que se establecieron en Argentina en el siglo XVI e inclusive a principios del siglo XVII, se hallaban en el extremo más lejano de la civilización occidental; dependían casi por completo de sus propios recursos en una tierra extraña en la que sus habilidades les servían de muy poco y en la que los indios eran hostiles, o bien les eran de poca o ninguna utilidad. La supervivencia, ya fuera la individual o la comunitaria, en los aislados poblados que se fueron estableciendo a lo largo y a lo ancho del país, constituía el objetivo básico y primordial. Con el tiempo, al comenzar la explotación del ganado vacuno, caballos, ovejas y otros animales de hacienda—  que se multiplicaban con increíble rapidez— los valerosos sobrevivientes forjaron en la nueva tierra, un nuevo estilo de vida para ellos y sus familias: nació así “el criollismo”

La autoridad e instituciones reales y eclesiásticas fueron aceptadas, ya que, en esos remotos lugares, ofrecían muy pocas amenazas a las formas criollas y con frecuencia, formaron parte de ellas. Hacia 1750, los criollos (los nacidos en estas tierras, sólo comenzaron a llamarse argentinos, a partir de 1861 en virtud de un Decreto del Presidente DERQUI), de todas las clases se unieron en un espíritu de orgullo por ellos mismos, tanto como individuos, cuanto en su carácter de miembros de una nueva comunidad que nacía.  Sentían amor por su tierra y estaban fuertemente vinculados a ella; admiraban la fortaleza e inclusive la fuerza bruta, ya que su existencia había dependido de ella. Ocasionalmente, se inclinaban por el derramamiento de sangre, común hastaentonces en las ciudades y áreas rurales. Tenian una mística fe en Dios y en los santos, a cuyas milagrosas intervenciones, muchos pobladores  atribuían su supervivencia.

Los argentinos de entonces se sentían muy cómodos con su estilo de vida. Luego, la expulsión de los jesuistas, ocurrida en 1767, impuso los primeros cambios hasta que el establecimiento del virreinato del Río de la Plata en 1776, trajo aparejadas nuevas costumbres, criterios y formas de vida. Muchos españoles (en creciente número),  comenzaron a establecerse no sólo en Buenos Aires, sino también en las ciudades del interior, ejerciendo generalmente cargos de gran influencia, como funcionarios reales o eclesiásticos, o como comerciantes que mantenían estrecha vinculación con el monopolio comercial de Sevilla, por lo que se incrementó el control real sobre el gobierno y la economía. Se introdujeron nuevas ideas  e instituciones europeas y los criollos aceptaron de buen grado muchas de las nuevas ideas políticas y económicas ya que consideraban que éstas conducirían al tan anhelado progreso.

La conmoción tuvo lugar cuando se dieron cuenta  que tal como fue premonitoriamente descripto por MANUEL BELGRANO en su autobiografía, la fijación de los nuevos objetivos de los “argentinos”, no estaría en sus manos, sino en las de los españoles, fundamentalmente para beneficio de ellos y de la corona española, comprensión que los llevó al rechazo de esta situación, exacerbados sus ánimos además, por la despiadada preponderancia de los española sobre los criollos, en su propia tierra

Totalmente desilusionados por la ineficiencia virreinal demostrada durante las invasiones inglesas, los criollos le dieron la bienvenida a las palabras de Cornelio Saavedra, pronunciadas luego de obtenida la victoria sobre los británicos en 1806: “Me atrevo a felicitar a los americanos (criollos); además de las pruebas que ya han dado de su valor y lealtad, han agregado a esta última, que, al exaltar el mérito de aquellos que nacieron en las Indias , constituye un persuasivo testimonio de que su espíritu no está emparentado con la humillación; que no son inferiores a los españoles de Europa y que no cederán a nadie en lealtad y valor”.

Los criollos estaban determinados a ganar su Independencia y a tener a su tierra, su sociedad y su gobierno bajo su propio control y al fin lo lograron. Proporcionaron el liderazgo político para la Revolución de Mayo y para los sucesivos gobiernos patrios y mandos militares para los ejércitos de la guerra de la Independencia. Los intentos por parte de BERNARDINO RIVADAVIA y otros, para centralizar el gobierno y de europeizar la vida y sociedad argentinas, fueron seguidos por la anarquía y las guerras civiles; la mayoría de los líderes (en gran parte caudillos), fueron durante el período de la guerra civil, especialmente los federales (incluyendo a JUAN MANUEL DE ROSAS), criollos en su espíritu, estilo de vida y objetivos.

El “criollismo” pareció declinar en las últimas décadas del siglo XIX,  junto con el modo de vida de los gauchos, quienes llegaron a ser su símbolo y quienes, en realidad, constituyen su representación. Comenzó a aparecer la literatura gauchesca (“Fausto” en 1866, “Martín Fierro” en 1872 y “La vuelta de Martín Fierro” en 1879),  pero el interés público se centralizó en el progreso del desarrollo político, económico y social fomentado por los gobiernos y los intereses privados; se buscó asistencia extranjera en materia de finanzas, tecnología, educación y, especialmente, en la promoción de la agricultura. Los inmigrantes comenzaron a llenar las ciudades y a fundar otras en las pampas y en las áridas planicies patagónicas; docentes, científicos y artistas europeos y estadounidenses venían a dirigir las escuelas e institutos; los intelectuales trajeron nuevas ideologías, como el positivismo, el darwinismo social, el socialismo, y el marxismo.

Pero a pesar de todo esto,  a principios del siglo XX, el péndulo de nuestra Historia, osciló nuevamente hacia el fuerte  restablecimiento del “criollismo” bajo nuevos nombres y nuevas formas: los escritos gauchescos y otros de autores nativos  y tradicionalistas, gozaron de la nueva moda; los nuevos escritores compitieron en el estudio y en la descripción orgullosa de la vida, costumbres, ambiente rural, folclore, tradiciones  e historia de la Argentina, creando una nueva literatura;  se formó la base para el moderno nacionalismo, político y económico así como también  un nuevo impulso ( a menudo por parte de los argentinos de la segunda generación), para descubrir la identidad nacional.

El término “criollo”, se aplica hoy a las costumbres, comidas, modas y vestimentas de los criollos tradicionales, pero el espíritu del “criollismo”, es decir “el orgullo de ser argentino” y una firme determinación para crear un país que merezca ese orgullo, continúa siendo un poderoso, si no dominanate, factor en la vida nacional y en su política internacional.

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