CONCEPCIÓN DE LA BUENA ESPERANZA, UNA CIUDAD CON TRÁGICO FINAL (15/4/1585)

CONCEPCIÓN DE LA BUENA ESPERANZA, UNA CIUDAD CON TRÁGICO FINAL. En algún lugar de la actual provincia de Chaco, ubicada en la ribera occidental del río Bermejo, en una región de selvas plagadas de insectos y animales salvajes, se fundó la ciudad de “Concepción de la Buena Esperanza” un poblamiento que desaparecerá luego trágicamente. Las costas del Bermejo no tenían el atractivo del oro o la plata que se le sospechaba a otras regiones del actual territorio de la República Argentina, sin embargo, los conquistadores advirtieron su inmensa riqueza natural y la importancia de la zona como centro de comunicaciones. Por eso, a fines del verano de 1585 partió de Asunción una expedición comandada por ALONSO DE VERA Y ARAGÓN, apodado “Cara de Perro” para diferenciarlo de un primo suyo del mismo nombre, con el objetivo de fundar una ciudad en esa región. Lo acompañaba un grupo de criollos y de indígenas sometidos y llevaba caballos, bueyes y vacas. El 15 de abril de 1585, fundó “Concepción de la Buena Esperanza” y la población fundada tuvo un promisorio comienzo pues creció a un ritmo incomparable. El clima tropical, la calidad de la tierra y la abundancia de mano de obra indígena, multiplicaron las plantaciones. Sobraba la madera para construir casas, carretas y muebles y abundaba la caza y la pesca. En esta especie de paraíso, la ciudad prosperó y comenzó a hacerse famosa en todo el Río de la Plata, por su riqueza y la fuerza de su actividad comercial. Pero el sitio donde se levantó Concepción del Bermejo había sido durante siglos dominio de tribus indígenas que no aceptaban el vasallaje y el trabajo forzado y desde el mismo momento en que se fundó la ciudad, asediaron día a día a sus habitantes. Uno de los problemas más graves era poder pedir auxilio en medio de una selva muy difícil de atravesar. Los nativos atacaban y mataban a los indígenas sometidos al conquistador. Pero también sufrían muchas bajas y los prisioneros eran convertidos en esclavos. Así fue más o menos soportable hasta que en el año 1592 los indígenas “moconás” se conjuraron y dieron muerte alevosa al capitán FRANCISCO VERA Y ARAGÓN, hermano del fundador. Desde ese momento, la guerra se hizo general entre los españoles y los indígenas del Chaco, pues a los “moconás”, se le unieron a los “natijas”, los “calchaquíes” —que eran feroces— y los “abipones”. Así pasaron cuarenta y seis años, hasta que un día de 1631 se produjo un ataque masivo al que se sumaron los aborígenes mansos, hartos de la explotación a la que eran sometidos. No hubo defensa posible y en 1632, la ciudad fue arrasada, mientras los sobrevivientes huían a través de la selva. La mayoría de ellos murió en el camino y muy pocos lograron llegar a la ciudad de Corrientes y contar la historia. Las ruinas de la ciudad fueron luego borradas por el tiempo.

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