COMBATE NAVAL DE MONTE SANTIAGO (07/04/1827)

El 7 de abril de 1827 tuvo lugar la primera jornada de combate naval de Monte Santiago, librado por BROWN contra fuerzas brasileñas. Acción con final incierto y que luego de las grandes bajas sufridas por ambos bandos, tanto en material como en personal, justificó un desprendimiento y posterior refugio en sus puertos de base.

El combate de Monte Santiago, aunque no tuvo una definición exitosa para las armas de la patria, recuerda una de las glorias más puras de nuestra marina militar. Probó el heroísmo de nuestros bravos marinos que, con fuerzas infinitamente inferiores, combatieron y tuvieron a raya, durante dos días, a un enemigo cuyo poder, era abrumador, con respecto al nuestro.

El día anterior, el almirante BROWN al mando de una fuerza integrada por los bergantines “República” e “Independencia”, la barca “Congreso Nacional”, había zarpado de Los Pozos (frente a la Recoleta), Buenos Aires para unir sus fuerzas con los tres barcos apresados a los brasileños en Carmen de Patagones (la goleta “Sarandí” y las fragatas “25 de Mayo”, y “Balcarce”), con el objeto de navegar en actitud de combate sobre las costas del Brasil, para lo cual debía burlar el bloqueo enemigo.

Dejó los tres últimos frente a la Colonia, para vigilar sus aguas y hostilizar la plaza y con los restantes se dirigió hacia Montevic apoderándose en el trayecto, de un bergantín armado y de una corbeta mercante.

El día 7 al amanecer, la escuadrilla patriota es avistada por el enemigo y la Nitheroy, poderosa fragata brasileña, de 68 piezas de artillería y cuatro naves mas, entre ellas las fragatas “Emperatriz” y “Paula”, contadas entre las más poderosas de la armada imperial, todas al mando del almirante JAMES NORTON, salieron de Montevideo en demanda de los barcos argentinos para interceptarlos

A las tres de la tarde de ese día, la flotilla argentina es atacada a la altura de Monte Santiago y sometida a un duro cañoneo, que sólo pudo ser debidamente contestado por la “25 de Mayo”, ya que la “Congreso Nacional”, estaba muy alejada (y su comandante, el capitán CLARK, parecía no muy decidido a participar en la lucha), el “República” había encallado y el “Independencia”, al no poder maniobrar  a tiempo, se vieron imposibilitados de servirse de la mayor parte de sus cañones y luego, también encalló.

Por fortuna, la extremada prudencia de los imperiales permitió a los republicanos defenderse con relativo éxito y holgura, y averiar seriamente al bergantín contrario, “Independenza o Morte”. Durante toda la noche del 7, trabajaron los argentinos empeñosamente para poner a flote los dos buques encallados, sin conseguirlo.

En la madrugada del 8, la fragata Paula concentró el fuego de su poderosa artillería sobre el “Independencia”, que, inmóvil como estaba, ofrecía un blanco seguro. Cuando ya no hubo a bordo ni un proyectil ni un grano de pólvora, después de 48 horas de encarnizada pelea contra once barcos contrarios, muertos el capitán, tres oficiales y 45 tripulantes, y heridos otros tantos, el teniente ROBERTO FORD arrió la bandera, declarando que se rendía al total de la escuadra, pues jamás lo hubiera hecho a uno solo de sus buques. La situación, grave desde el primer momento, y cada vez más angustiosa, llegó por último a hacerse insostenible, y Brown, llegado al límite de la resistencia, se retiró del “República” hacia  la “Sarandi”, llevando consigo a todos los tripulantes indemnes y a los heridos.

Momentos después de ser abandonado, el “República”, hecho una criba por las balas enemigas, ardía, incendiado por el teniente JUAN KING, que, antes de prenderle fuego, lo empavesó como en los días de gran fiesta y gala. La “Sarandi”, consiguió burlar la persecución de los brasileños y llegar a Buenos Aires; en cuanto a la “Congreso”, casi no peleó, pues al comenzar el combate fue enviado por Brown a la Ensenada a pedir refuerzos. Los imperiales tuvieron muchas bajas y grandes averías en el material flotante A las seis de esa tarde, el comandante de la Nitheroy, el capitán JAMES NORTON, se retíró al puerto seguido de los demás buques imperiales, dejando el campo a los argentinos, que no pudieron seguirles a causa de las averías sufridas por sus buques en el combate.

El combate de Monte Santiago, aunque adverso para nuestras armas, es una de las glorias más puras de nuestra marina militar. Probó el heroísmo de nuestros bravísimos marinos, que, con fuerzas infinitamente inferiores, combatieron y tuvieron a raya, durante los días, a un enemigo cuyo poder, era, con respecto al nuestro, más que desproporcionado: abrumador.

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