COMBATE NAVAL DE EL BUCEO, o COMBATE NAVAL DE MONTEVIDEO (14/05/1814)

Durante el Sitio de Montevideo, GUILLERMO BROWN, mediante hábil maniobra, ataca y vence a la escuadra realista que intentaba romper el bloqueo impuesto por el gobierno de Buenos Aires, obligándolos a desistir de sus propósitos. BROWN libra esta nueva batalla naval que realmente inicia los primeros días de abril, pero que, dada la inferior de fuego que comprueba Brown, después de haber tomado la Isla Martín García., lo obliga a retirarse y a buscar refugio puerto seguro de Colonia del Sacramento en la Banda Oriental (1).

Días después, contando con sólo 7 buques , pero considerando más favorables las condiciones del tiempo para las carac terísticas de sus naves y habiendo ideado un osado plan de batalla, se acerca al Puerto de Montevideo y despliega sus fuerzas en observación de los buques españoles fondeados al amparo de las baterías de tierra. El 13 por la noche, el primer teniente del “Hércules”, barco insignia  de la flota argentina, comunica a BROWN, que el enemigo estaba haciendo señales dentro de su fondea ro, recibiendo en contestación orden de estar alerta para el caso de que la escuadra española se moviese, como se presumía que lo haría.

Efectivamente, a la madrugada del día siguiente (14) la escuadra española-portuguesa, compuesta por la fragata “Mercurio”, las corbetas “Neptuno”, “Mercedes” y “Palomo”, el queche “Hiena”, los bergantines “San José” y “Cisne”, el lugre “San Carlos”, las falúas “Fama” y “San Luis” y dos naves menores, fuertemente armadas todas ellas, realiza una salida desde el puerto de Montevideo, pero, antes que ellas se alejaran, entraron en el puerto, los corsarios que acompañaban a Brown llevándose 1a falúa San Luis y tres presas más que allí tenían guardadas los realistas.

En la noche,  los buques realistas logran retirarse remolcados  por lanchas, dirigiéndose al Buceo, al este de la ciudad. En la mañana del 14 Brown los ataca, pero como reinaba mucha calma, lo que dificultaba la maniobrabilidad de las naves, durante el resto del día, las dos escuadras se mantuvieron próximas, observándose mutuamente. Pero la actitud de la española, demostraba claramente que no deseaba renovar el combate.

Por la tarde anclaron a una legua una de otra y toda la  mañana del 15 la pasaron las dos flotas haciendo esfuerzos: la una, para acercarse a la contraria; la otra, para aumentar la distancia que las separaba. A la una de la tarde volvieron a anclar y a las ocho de la noche, siendo ya la noche muy oscura, las naves realistas desaparecieron, hecho que no fue notado por los republicanos hasta  las diez, en que el tiempo aclaró. Inmediatamente se lanzaron en  persecución de los fugitivos, haciendo rumbo a la isla de Lobo.

Llegado Brown a la vista de la flota enemiga, da la orden de desviar el rumbo y replegarse; buscando con esta maniobra alejar de las costas a los españoles, despojándolos de la protección que le darían la artillería pesada instalada en la costa. Los realistas aprovecharon esta maniobra que creyeron era debida a la impotencia de Brown para trabarse en combate en inferioridad de fuerzas y se prepararon para zarpar de regreso a su fondeadero en Montevideo.

Pero al amanecer del día 16, vieron con sorpresa, que la escuadra patriota había vuelto sobre sus pasos y se hallaba cortándoles la retirada. A las dos de la tarde el “Hércules” y el “Belfast” consiguieron llegar a tiro y romper el fuego, ca­yendo Brown herido en una pierna al poco tiempo de haberse iniciado el combate, sin que por eso dejara de dirigir las operaciones y haciendo que el “Hércules” fuera el principal protagonista de esta acción.

El combate fue reñido. Las escuadras, muy próximas; una de otra, se mantenían a tres leguas al sur del Buceo y a la vista de la ciudad, donde miles de observadores seguían con ansiedad sus movimientos, aguzadas por el sordo tronar de los cañones. A las diez de la noche del 16 estaban en poder de Brown, tres de las mejores naves realistas: la “San José”, el “Palomo” y la corbeta “Neptuno” y gran número de prisioneros y de armamento. El 17, al alba, se renovaron la persecución y el combate. El “Hércules” maniobró tan hábilmente que consiguió aislar al “Cisne” y a los dos buques auxiliares “Castro” y “María”, cuyos comandantes, viendo que no podrían entrar en Montevideo, los embarrancaron en la costa, al Sur del Cerro, desembarcando las tripulaciones e incendiándolos después.

El “Hércules”, cada vez más atrevido, dio caza al “Mercurio”, al “San Carlos” y al “Fama” persiguiéndolos hasta la boca del puerto, a tiro de las baterías. Era tanta la confianza que los montevideanos tenían en la superioridad de su armada, que ni siguiera suponían que pudiera ser vencida, por cuya razón, al ver aparecer al “Hércules” entre varias naves reales, creyeron que el buque insignia de los republicanos venía prisionero, y, en su entusiasmo, no sólo echaron a vuelo las campanas de los templos, sino que cubrieron la ciudad de banderas españolas.

Su desilusión fue inmensa cuando vieron a buque argentino virar majestuosamente, empavesar su arboladura y hacer una salva triunfal de 21 cañonazos. Brown dejó frente a Montevideo a las  naves  “Belfast”, “Céfiro”, “Agreable”, “Julieta” y “Halcón”  y él, con el resto de su escuadra y los buques apresados, regresó a Buenos Aires, pues no deseaba confiar sus prisioneros a otras manos. Esta victoria de Brown, atemorizó de tal modo a los marinos realistas, que, desde entonces, renunciaron a emprender nuevas operaciones navales, tanto en el mar como en los ríos.

(1).. Allí recibe el refuerzo de un pequeño barco que se dirigía hacia la escuadra con intento de unirse a ella, y que resultó ser el “Itatí”, recientemente comprado por el Gobierno de Buenos Aires que lo armó con seis cañones, tripulándolo con 50 hombres, puestos a las órdenes del capitán Terrero.

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