COMBATE DEL ARROYO COQUIMBO (04/06/1865)

En el arroyo Coquimbo, afluente del Bequeló, en el Departamento Soriano en la República Oriental del Uruguay, se libró la batalla de Coquimbo, donde los soldados MIGUEL, JUAN BAUTISTA y AGUSTÍN DE VALIENTE escribieron una de las páginas más heroicas de la historia uruguaya. Tres valientes soldados orientales que marcaron la impronta que caracterizará a las fuerzas de ese país, que dos años después se verán involucradas en uno de los episodios más crueles de la historia sudamericana: la guerra con Paraguay.

Porque fueron esas mismas fuerzas al mando de uno de los protagonistas de este relato, las que concurrieron en auxilio del “heroico Paysandú”, las que a partir de mayo de 1865, integrando la “Triple Alianza” estuvieron más tarde en Yatay, Tuyutí, Boquerón y tantos otros campos de batalla que regaron con su sangre. Esas mismas fuerzas que bajo el mando de caudillos circunstanciales, líderes ambiciosos y unos pocos defensores de la legalidad a veces,  marcharon siempre como soldados de la Patria, ajenos a apetencias espúreas y honrando su uniforme con coraje y respeto por el vencido.

El 4 de junio de 1863, durante la llamada “Cruzada Libertadora”, el conflicto interno que enfrentó al general VENANCIO FLORES (más tarde comandante de las fuerzas que combatieron durante la guerra con Paraguay). con la autoridad presidencial ejercida por el doctor BERNARDO PRUDENCIO BERRO LARRAÑAGA, las fuerzas revolucionarias, al mando del mismo general VENANCIO FLORES se enfrentaron con la vanguardia del ejército gubernamental que marchaba a las órdenes del coronel BERNARDINO DE LA CRUZ OLID, quien,  creyendo seguro el triunfo, aunque sus fuerzas eran inferiores, atacó a los revolucionarios, sin dar conocimiento de su decisión de ello  a su comandante, el general SERVANDO GÓMEZ.

OLID fue vencido y para evitar una derrota que hubiera sido decisiva, por el precario estado de ánimo y la desmoralización que ya se abatía sobre sus tropas, ordenó la retirada hacia la ciudad de Mercedes, llevando a sus heridos y dejando en el campo de batalla, numerosos muertos, cuyos cuerpos mezclados con los del enemigo también caídos en esa jornada, miraban sin ver, ni comprender el porqué de tantas muertes.

Allí habían quedado tendidos también tres nobles y valientes hermanos orientales, llamados MIGUEL, JUAN BAUTISTA y AGUSTÍN DE VALIENTE, apellido, que, como si hubiera sido un mensaje del destino, definió su carácter hasta que encontraron la muerte, haciendo honor a él.

Viviendo toda una vida en el duro trance a que las sangrientas luchas políticas los había llevado al servicio de las armas, cada uno de ellos tratando de demostrar siempre mayor valor y de observar la mejor conducta que sus pares,  no les amedrentaba esa mañana de junio, el crecido número de adversarios que allá, a lo lejos, avanzaba en formación de ataque; ni flaqueaba su ánimo ante la posibilidad de un derrota. Abrazados por un intenso amor fraternal, aunque sostenían entre si una noble rivalidad en la defensa de su Patria, fueron protagonistas obligados de un drama que honró su condición de hermanos “unidos hasta la muerte”.

La desgracia quiso que en ese terrible encuentro librado en Coquimbo, uno de esos tres hermanos cayese herido. Pálido y desfigurado, yacía en tierra herido de muerte, sin dejar de maldecir a sus victimarios, esperando en vano el auxilio que lo arrancara de las manos de sus enemigos, cuando se vio socorrido por uno de sus hermanos que lo había visto caer. Se había lanzado resueltamente en su socorro y luego de restañar rápidamente sus heridas, lo ayudó a montar en la grupa de su caballo y trató de volver a su puesto de combate para seguir en el cumplimiento de su deber como soldado.

Pero imprevistamente se vio rodeado por el enemigo y su caballo, alcanzado por el fuego de fusiles,  cayó, y con él ambos hermanos heridos y envueltos en sangre. Prontamente llegaron hasta ellos para rematarlos, hombre de FLORES, que debieron frenar su acometida, detenidos por dos fulgurantes sables que giraban describiendo círculos de muerte para mantenerlos a distancia. Pero si bien su valor era inagotable, no sucedía lo mismo con sus fuerzas. Extenuados y debilitados por la pérdida de sangre, iban ya a abandonarse a su destino inevitable, cuando el tercer hermano llegó al lugar. Se apeó del caballo y quitándole el freno, en señal de renuncia a toda voluntad de escapar, se abrió paso por entre los encarnizados enemigos que rodeaban a sus dos hermanos heridos e hiriendo a unos, matando a otros, logró detenerlos momentáneamente, mientras gritaba “Donde ellos mueran, caeré yo también”. Pero fueron tantas y tan tremendas las heridas que recibieron estos tres valientes, que al fin cayeron exánimes, no sin antes haber dado muerte a dieciocho de los soldados enemigos.

Así murieron los hermanos DE VALIENTE. El amor fraternal y el sagrado fuego que les inspiraba su amor por la Patria, les había dado el coraje a su corazón y la fuerza en sus brazos que les abrió las puertas a la inmortalidad. Sus nombres son uno de los más gloriosos recuerdos que hace imperecedero el del combate librado en el arroyo Coquimbo, cuyas aguas desde entonces, llevan algo de la sangre de los tres soldados DE VALIENTE, glorificados como “beneméritos de la Patria”, mediante la Ley 788 del 17 de junio de 1863

2 Comentarios

  1. Arquímedes

    Excelente! Emocionante relato que tantas veces escuché de mi padre Arquímedes Cabrera Valiente, que con veneración y respeto repasaba para nuestro deleite en las noches de invierno las hazañas de los Abuelos! Gracias Arcón de la Historia Argentina!

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  2. Celia Barboza

    Excelente y conmovedor relato. Asi se luchaba por ideales, con coraje y valentía . Dejando la vida por principios.

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