COMBATE DE RÍO BAMBA (21/04/1822)

El capitán JUAN GALO DE LAVALLE, enviado por SAN MARTÍN como refuerzo de las tropas que al mando del mariscal JOSÉ ANTONIO DE SUCRE, operaban en esos territorios, luego del desastre de Huaqui, al  mando de 96 Granaderos de los Andes, atacó a los realistas que lo esperaban en la Villa de Río Bamba (Ecuador) y luego de vencerlos, los persiguió hasta lograr su total dispersión. La situación de los realistas en Quito, si no desesperada, era dificilísima. JOSÉ ANTONIO DE SUCRE el general venezolano, que ilustró su nombre en la victoria de Ayacucho, había sido derrotado por los españoles en Huaqui. Para no ser aniquilado por completo y estar en condiciones para poder combatir con éxito a los realistas, pidió tropas a SAN MARTÍN, quien mandó en su auxilio una división peruano-argentina, en la que figuraban, entre otras fuerzas, el batallón número 4, formado sobre la base del 8 de los Andes, glorioso resto de los libertos de Cuyo diezmados en Chacabuco y Maipú y un escuadrón de los históricos granaderos, mandados por JUAN GALO DE LAVALLE. Las fuerzas enviadas por el general San Martín en apoyo de las de Sucre se unen a éstas y marchan hacia Quito. Llegados a este punto, Sucre, alentado por este auxilio recibido, tomó la ofensiva y se dispuso a atacar a los realistas que lo esperaban en la villa de Río Bamba, al pie del Chimborazo. Pero antes de lanzarse, Sucre dispuso que Lavalle con sus granaderos y los dragones colombianos reconocieran la posición del enemigo. Lavalle y sus 96 Granaderos de los Andes, atravesaron la Villa de Río Bamba (Ecuador) y al desembocar en una llanura, situada a la espalda del caserío, se encontraron con fuerzas realistas compuestas por tres escuadrones de caballería de ciento veinte hombres cada uno, que iniciaba un movimiento de avance en columnas paralelas. En esta formación penetró en un callejón, lo que la obligó a disminuir su frente, estrechando los intervalos. Lavalle comprendió la ventaja que le proporcionaba semejante maniobra y sin perder tiempo, cargó a fondo con sus noventa y seis soldados, derrotando a los realistas, a quienes acuchilló hasta el pie mismo de las posiciones ocupadas por sus infantes. Antes de que los vencidos pudieran reaccionar, retrocedieron los de Lavalle, engañando a los realistas, quienes, creyéndoles en retirada, se lanzaron en su persecución a gran galope, separándose así una gran distancia de sus masas de infantería. Entonces, los granaderos, reforzados con treinta dragones colombianos, dieron la cara, sableando y derrotando por segunda vez a los escuadrones realistas. Esta brillante acción inutilizó la caballería española por todo el resto de la campaña e hizo posible la victoria de Pichincha un mes después, en que Lavalle y sus granaderos volvieron a cubrirse de gloria. En el parte de la Batalla que elevó Lavalle al general San Martín, narrándole el suceso, le decía que era preciso nombrar al valiente sargento mayor ALEJO BRUIX, al teniente FRANCISCO OLMOS, a los sargentos DÍAZ y VEGA y al granadero LUCERO, como los de más mérito por su intrepidez.

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