COMBATE DE LOS CORRALES (31/01/1866)

Durante la guerra con el Paraguay, el coronel CONESA se enfrenta en unos islotes de monte situados entre los arroyos San Juan y Pehuajó con tropas paraguayas al mando del teniente coronel PRIETO y luego de un combate que dura todo el día con alternativas cambiantes entre uno y otro contendor, agotadas las municiones de su tropa y ante un enemigo que se replegaba hacia Itapirú, ordena la retirada.

El 30 de enero  de 1866, el gobierno de BARTOLOMÉ MITRE ordena que la 2a. División “Buenos Aires”, al mando del coronel CONESA, avanzara a reforzar a la caballería correntina y se pusiera a las órdenes del general Hornos, para repeler la invasión de los paraguayos al territorio nacional. Los efectivos de CONESA calculados en 2.000 hombres significaban un refuerzo de gran importancia para los que ya estaban actuando en el teatro de operaciones, ya que HORNOS, cuando inició la campaña  contaba solamente con 1.900 hombres, cifra que en esos momentos había disminuído drásticamente debido a las fuertes bajas sufridas en combate y las enfermedades que lo habían afectado

El mariscal LÓPEZ, insistiendo en su decisión de utilizar el territorio de la provincia de Corrientes, para lanzar desde allí su ofensiva hcia Brasil, país con el que estaba en guerra, dispone que el teniente coronel EDUVIGIS DÍAZ desembarque en la orilla correntina con 1.200 infantes y algunas coheteras, protegidas por una batería emplazada en la isla situada frente a Itapirú.

El terreno desde el río Paraná hasta el campamento aliado era bajo y descampado; salpicado por algunos islotes de bosques, pequeñas lagunas y esteros cenagosos. Está cruzado por los arroyos San Juan y Pehuajó; el primero de fácil vadeo, el segundo algo pantanoso. Tres caminos se dirigen del arroyo Pehuajó hacia Corrales, los laterales son relativamente anchos, el central es una senda simplemente trazada.

Ante el avance del I Escalón Paraguayo, el General Hornos le ordenó al coronel CONESA que ocupe con su división unos islotes de monte situados entre los arroyos San Juan y Pehuajó para sorprender al adversario. Parece ser que el plan inicial de HORNOS era ejecutar un ataque frontal a las posiciones enemigas, con el IV Batallón, apoyado por la artillería, combinado con un envolvimiento del ala izquierda enemiga a cargo de la III Brigada y otro contra la derecha, que llevaría el V Batallón.

El 31 de enero de 1866, el Primer Escalón de la infantería paraguaya, compuesta por 300 hombres a las ordenes del teniente Prieto, avanzaba  desplegada. Cuando alcanzaba a unos 250 metros al norte de los islotes de monte ocupados por CONESA, se detuvo por haber oido los vivas con que las tropas de éste acogían una arenga que acababa de dirigirles.

Habiendo perdido así las ventajas de la sorpresa, CONESA ordena atacar a las tropas paraguayas, que viendo la superioridad del enemigo, optan por replegarse, siguiendo el vado del arroyo Pehuajó y mientras sus débiles retaguardias, son aniquiladas por los efectivos de CONESA, los paraguayos salvan el Pehuajó  y se internan en un bosque que cerraba el  camino que llevaba a Paso de la Patria.

CONESA reagrupa su tropa, cruza el arroyo Pehuajó y reinicia la persecución de los paraguayos, habiendo ya incorporado a sus fuerzas, la caballería que le enviara el General HORNOS. Alcanzados éstos, lanza un nuevo ataque, repitiendo la maniobra envolvente para rodear completamente al enemigo, a fin de impedirle toda posibilidad de fuga. El primer ataque, es parcialmente detenido , sufriendo numerosas bajas y mientras comenzaban a desorganizarse los frustrados atacantes, inexplicablemente, los paraguayos se repliegan hacia la orilla del río  Paraná, para evitar ser envueltos por las tropas de CONESA.

En esos momentos, llega al lugar, sin que de ello se percate el coronel CONESA, el segundo escalón de efectivos paraguayos compuesto por 200 hombres de infantería que se suman a los que desde el bosque intensificaban el fuego de artillería, diezmando las fuerzas de CONESA. Pero no solo los argentinos registran muchas bajas. También los paraguayos sufren el efecto del constante ataque enemigo, por lo que luego de buscar, una y otra vez, el modo de vencer a una sólida defensa y de emplear todas las argucias y realizar todos los movimientos que se consideraron convenientes para detener un ataque feroz, llega un momento en que la acción se mantuvo indecisa.

Nuevos refuerzos que le llegan a los paraguayos, hacen temer que éstos puedan invertir las posiciónes y envolver al III Batallón, por lo que CONESA, luego de redistribuir sus efectivos, y estando escaso de municiones, ordena atacar a la bayoneta,  para impedir cualquier intento de los paraguayos para quebrar y envolver sus líneas. Esta maniobra tiene el éxito esperado y con ella, se logra que las fuerzas paraguayas vuelvan a sus posiciones, mientras que el resto de las unidades bajo el mando del general HORNOS, cumplían con honor en otros sectores del campo de batalla, hasta que, ante el aviso de que 200 embarcacioones paraguayas, con unos 500 hombres de refuerzo, habrían atracado en la costa argentina, el coronel CONESA, de acuerdo con el general HORNOS,  ordenó la retirada hasta el arroyo San Juan, en cuyas márgenes acampó. Los paraguayos no los persiguieron y al día siguiente, se embarcaron en dirección a Itapirú.

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