COMBATE DE LA VUELTA DE OBLIGADO (20/11/1845)

COMBATE DE LA VUELTA DE OBLIGADO. En la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, provincia de Buenos Aires, el general LUCIO V. MANSILLA con sus jefes de batería ALVARO ALZOGARAY, EDUARDO BROWN (hijo del Almirante), FELIPE PALACIO y JUAN BAUTISTA THORNE escribieron la más bella historia de nuestra armas en defensa de su soberanía. Contando con sólo una reducida fuerza apoyada por baterías de pequeño calibre instaladas sobre la costa del río Paraná, por cerca de diez horas lograron detener el avance de una poderosa flota anglo-francesa que intentaba abrir esa vía para concurrir en apoyo de fuerzas unitarias y posibilitar el comercio con el litoral argentino y el Paraguay, violando la soberanía de las aguas territoriales argentinas. El 20 de noviembre de 1845, Francia e Inglaterra comenzaron una acción combinada política, económica y militar tendiente a realizar un libre comercio en la Cuenca del Plata y frente a ese propósito, se reveló un sentimiento nacional por encima de toda disidencia. La Confederación Argentina sustentaba principios entonces internacionalmente en boga y que establecían que los ríos internos eran propiedad del Estado. Con respecto a lo nacional, existía jurisprudencia sentada en el Tratado del Pilar, que establecía la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay por embarcaciones de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. El Tratado del Cuadrilátero amplió luego estos términos a la provincia de Corrientes, dando libertad de navegación en todas sus direcciones y destinos a buques nacionales solamente. En abierta desconsideración de una soberanía incipiente, el 17 de setiembre de 1845 se supo en Buenos Aires, que se estaba preparando un convoy comercial anglo-francés para remontar el Paraná escoltado por buques de guerra. Bloqueado el puerto de Buenos Aires por la escuadra anglo-francesa, que además tenía en su poder la isla de Martín García y que había logrado por la fuerza, la libre navegación del río Uruguay, el invasor trató también de dominar el río Paraná, para ponerse en contacto con su aliado, el gobierno de Corrientes que estaba en guerra con el gobierno de Buenos Aires, llevarles auxilios y finalmente, franquear la plaza sitiada de Montevideo para abrir el comercio con el Paraguay y el litoral argentino. En vista de ello, el Gobernador de Buenos Aires JUAN MANUEL DE ROSAS, dispone romper relaciones con Inglaterra y Francia y encomienda al General LUCIO V. MANSILLA defender con los medios disponibles la soberanía de las aguas territoriales argentinas. En la medida de sus fuerzas, el general Mansilla cumplió las órdenes y en la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, provincia de Buenos Aires, el ilustre guerrero recordó que había aprendido con San Martín, que a falta de medios, había que poner coraje e ingenio y allí fue cuando el heroísmo y el ingenio, entraron en la leyenda. Aprovechó el tiempo y mientras la escuadra aliada avanzaba hacia el norte, dispuso tender de costa a costa barcazas “acoderadas” y sujetas por tres gruesas cadenas, cruzando el río bajo sus aguas. Instaló las 21 piezas de artillería de los calibres 4 al 24 con que contaba (4 baterías terrestres y otra, de seis piezas, embarcada en un bergantín), arengó a su tropa (200 artilleros, 600 infantes, tres escuadrones de caballería, mil milicianos y 300 vecinos que se sumaron a la gesta) y dejando así todo dispuesto para la defensa, esperó al enemigo. Llegado el día 20 de noviembre de 1845, el imponente convoy anglo-francés, compuesto por 11 buques de guerra equipados con 113 cañones de los calibres 24 al 80, dotados con un nuevo sistema de carga, dejando al amparo de la costa los 90 barcos mercantes que traían consigo, inició su avance. Atacaron las baterías instaladas por Mansilla, concentrando su fuego sobre el núcleo artillero de la principal fortificación, emplazada en las barrancas de Vuelta de Obligado, recodo de 800 metros de ancho que el Paraná forma algo más al norte de San Pedro. El General Mansilla respondió con medios bélicos muy limitados. El general Mansilla dirigió personalmente la defensa de ese paso, mientras que el capitán de navío TRÉHOUART comandaba las fuerzas francesas de ataque y el capitán HATHAM, era era el jefe de las inglesas. El combate fue tan reñido como sangriento y duró casi 10 horas con fuego incesante, hasta que el capitán inglés, luego del feroz bombardeo con el que sometió a las batería de Mansilla, se adelantó en un bote y cortó las cadenas de las embarcaciones “acoderadas”, liberando así el paso de sus naves. El combate finalmente terminó con una lucha cuerpo a cuerpo que produjo alrededor de 500 bajas entre los argentinos y cerca de 200 en entre los invasores. Argentinos, ingleses y franceses caían juntos, mezcladas sus sangres y sus gritos de agonía y solo cuando 18 de las piezas propias fueron destruídas y casi la mitad de los defensores se hallaban fuera de combate, incluyendo al general Mansilla que fue herido de un balazo en el estómago, se produjo un silencio y la derrota argentina fue total. Finalmente, el paso quedó libre para los atacantes y con tres de sus buques muy averiados y 190 bajas, la escuadra invasora logró forzar el paso y el Paraná quedó expedito para la escuadra anglo-francesa y los invasores pudieron seguir su avance hacia Corrientes y luego hacia Asunción, verdadero destino de esta escuadra, que en verdad, venía con la intención de prestar apoyo a 90 buques mercantes que traían numerosas mercaderías para comerciar en Paraguay. Una lucha tremenda, un escenario que ofreció escenas de un increíble heroísmo por parte de sus protagonistas criollos, que si bien terminó en la derrota de nuestras tropas, deja para la memoria, la inclaudicable decisión de no arriar jamás las banderas de nuestra soberanía y el decidido empeño de un gobernante, en este caso, JUAN MANUEL DE ROSAS, que hizo defender con honor, el derecho a no doblegarse ante intereses extraños a los de la Nación El combate de la Vuelta de Obligado, fue finalmente una victoria pírrica para los invasores. Cuando la formación anglo-francesa abrió paso a la flota comercial, no encontró en los puertos que tocó en Corrientes y en Asunción, la apertura que los promotores europeos de la expedición anunciaron. Para agravar esto, de ida y vuelta estuvo constantemente hostilizada desde la ribera. La repercusión de Obligado constituyó un suceso cardinal en la formación de la conciencia nacional. Fue el precio que un puñado de patriotas pagó para salvar el prestigio del país.

Será justo entonces, recordar a EDUARDO BROWN (hijo del almirante), JUAN B. THORNE, ÁLVARO DE ALZOGARAY, FACUNDO QUIROGA (Hijo), FELIPE PALACIOS y RAMÓN RODRÍGUEZ, quienes, además de los nombrados y otros muchos cuyo nombre permaneció en el anonimato, tuvieron un heroico comportamiento en esta justa que mereció que el general SAN MARTÍN, desde su exilio en Grand Bourg, expresara: “Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España” ((extractado de notas de Osvaldo A. Facciolo y otros autores).

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