COMBATE DE CULPINA (31/01/1816)

En los ingenio de “Culpina, (Departamento Chuquisaca, Alto Períu, Bolivia), el sargento mayor ARÁOZ DE LAMADRID, al frente de 130 hombres, se bate contra 600 españoles al mando del brigadier ÁLVAREZ, hasta que la noche, obliga a suspender el combate, sin vencedores ni vencidos. Tras su derrota en la batalla de Sipe-Sipe (29 de noviembre de 1815), mientras el Ejército del Norte venía en retirada hacia el sur, su comandante, el general JOSÉ RONDEAU despachó al entonces sargento mayor GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID para que al frente de escasos hombres se uniera al caudillo JOSÉ VICENTE CAMARGO, líder de la “Republiqueta de Cinti”, que operaba con sus guerrillas indígenas en la altipampa que se abre desde San Lucas, Acchilla, Santa Helena, Incahuase hasta Culpina. Se le ordenó que recogiera los dispersos de Sipe-Sipe, y tratara de organizar  una fuerza organizada que hostigara el flanco izquierdo del ejército realista para impedir o por lo menos demorar su avance hacia el sur.

La posición de Lamadrid se encontraba cerca del río Pilcomayo, sobre cuya margen izquierda, apoyándose en la Sierra de Santa Elena, se encontraban los ingenios azucareros de Culpina, ubicados entre dos cerros, a cuyo pie se extiende una planicie de unos 5 km de largo por dos y medio de ancho. En uno de esos ingenios, propiedad de Camargo, LAMADRID organizó su caballería formando un escuadrón, que llamó “Húsares de la muerte”, integrado por dos compañías al mando del teniente MARIANO GARCÍA y del oficial.  Sin más oficiales que esos dos y otro que había rescatado de una cárcel en Chuquisaca y ascendió a oficial al sargento mendocino JOSÉ MARTÍN FERREYRA, que más tarde llegaría al rango de general. Sólo contaba para el cumplimiento de su misión, con 22 sables y 12 tercerolas como todo armamento y pronto, se fueron sumando dispersos del ejército, combatientes voluntarios de las republiquetas y  algunos voluntarios de Cinti, por lo que finalmente contó con una fuerza de 80 hombres bien montados, 40 infantes del línea y dos partidas de 16 dragones que avanzaron sobre el río de San Juan.

Habiendo sido informado de estos preparativos, a mediados de enero de 1816, el comandante realista JOAQUÍN DE LA PEZUELA envió al regimiento Uno de Cuzco, integrado por 500 infantes y 150 hombres de a caballo al mando del brigadier ANTONIO MARÍA ÁLVAREZ para enfrentar a los patriotas. Al tener noticias trasmitidas por los vigías que había apostado en los cerros, del avance de las tropas de Antonio Álvarez por el camino de Potosí, Lamadrid se aprestó a la lucha y el 31 de enero de 1816 dispuso su escasa tropa en la planicie: a la derecha la infantería, en formación dispersa de tiradores, a la izquierda 16 jinetes y al centro a su mando directo, el resto de sus fuerzas, 64 hombres, mientras los hombres de Camargo se desplegaban en los cerros vecinos lejos del fuego adversario pero también de la acción.

Álvarez apareció sobre el este de la posición y formó en columna desplegando dos agrupaciones de caballería protegiendo sus flancos y una guerrilla de infantería a vanguardia. Lamadrid había dado órdenes a sus hombres de simular una retirada pero tras la primera descarga realista, su infantería arrojó sus armas y dejó el campo, por lo que cargó entonces con 10 jinetes para cubrir su ala izquierda. La línea realista continuó avanzando y ya, a tiro eficaz de fusil, hizo una segunda descarga que produjo algunas bajas entre los patriotas. LAMADRID efectuó una carga de caballería al frente del grueso de su escuadrón, pero la primera línea realista mantuvo su posición, puso rodilla en tierra y caló bayonetas. La carga se detuvo y la caballería patriota se replegó dejando 5 muertos y retirando 7 heridos del frente. Lamadrid efectuó una nueva carga seguido sólo de sus escoltas los soldados JOSÉ SANTOS FRÍAS (puntano), GREGORIO JARAMILLO (salteño) y JUAN MANZANARES (correntino) y otros cinco hombres, quienes fueron recibidos con una descarga ineficaz por lo que pudieron atravesaron la línea enemiga. Lamadrid, ligeramente herido por un golpe de fusil, se retiró hacia el oeste y levantó una bandera, señal de reunión, consiguiendo en pocos minutos reconstruir su escuadrón. Álvarez, pensando que los patriotas ocuparían un cerro vecino, se lanzó en columna para anticiparlo, pero Lamadrid cayó sobre sus bagajes, defendidos por una débil guardia causándole importantes bajas.

Álvarez contramarchó rápidamente con sus hombres consiguiendo salvar del exterminio a su guardia, pero Lamadrid lo cargó en dos grupos, García por el flanco izquierdo y él mismo por el derecho. La caballería realista desmontó y formó con la infantería dejando libres sus caballos que huyeron. La caballería patriota sin chocar con la infantería se corrió por los flancos. La fusilería realista mató al caballo de Lamadrid quien quedó a pie haciendo frente espada en mano a los realistas. Fuera por respeto a su valor o por desear capturarlo con vida, salió de las filas realistas la orden de suspender el fuego y no matarlo. Esa breve demora fue aprovechada por sus escoltas que lo rescataron sobre sus caballos. Lamadrid rehizo nuevamente su escuadrón y tras enviar órdenes a las partidas del río San Juan de reunírsele, avanzó nuevamente sobre las tropas realistas que tras reunirse en uno de los cerros, se posesionaban de la casa principal del ingenio, pero la llegada de la noche impidió un nuevo combate.

El 1 de febrero una tormenta impidió las acciones. El 2 de febrero los realistas faltos de víveres y municiones se retiraron rumbo a Cinti, seguidos por los cerros por 300 indígenas de Camargo armados de hondas y algunos infantes de Lamadrid, y por el cerro de la izquierda por el mismo Lamadrid con su escolta y 12 tiradores. Ese día en el combate de Uturango, la división realista fue completamente derrotada: Lamadrid efectuó una primer emboscada en la quebrada causando numerosas bajas y en un segundo estrechamiento los hombres de Camargo hicieron caer una lluvia de piedras sobre la apretada columna realista, momento en el cual la caballería de Lamadrid cayó sobre su retaguardia completando la victoria. Los sobrevivientes marcharon a Santiago de Cotagaita y tras recuperarse, pasaron a acantonarse en Moraya y en Mojo, mientras, separándose de Camargo, y tras ocupar Cinti, Lamadrid se retiró en dirección a Tarija y finalmente a San Salvador de Jujuy, llegando al cuartel general en esa ciudad al frente de 150 hombres, que fueron la base de los famosos “Húsares de Tucumán.”

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