CHUQUISACA (30/11/1538)

Culta ciudad del Alto Perú, desde la cual emanó toda la autoridad real y eclesiástica durante los primeros dos siglos del régimen colonial argentino, esta ciudad, también conocida como Charcas, La Plata y finalmente,  Sucre, fue fundada en la ribera izquierda del río Cachimayo por PEDRO ARANZARES, Marqués de Campo Redondo, el 30 de noviembre de 1538, cumpliendo órdenes de FRANCISCO PIZARRO. El nombre de “Chuquisaca”, se corresponde con el mismo término en idioma indígena, para referirse a una ciudad y fue comúnmente utilizado a durante todo el período colonial, aunque también fue llamada “La Plata”, en razón de los primeros descubrimientos de plata que se hicieron en ese lugar. En algunas oportunidades, también se la designó con el nombre de Audiencia de Charcas, en razón de que en 1539, se estableció allí esta Audiencia y en 1839, el nombre fue oficialmente sustituido por el de Sucre, en honor del libertador y primer presidente de Bolivia, el mariscal ANTONIO DE SUCRE.

A través del período colonial, Chuquisaca fue un centro relativamente pequeño pero acaudalado, poderoso y cultural para toda la parte meridional de América del Sur. En 1624 fue fundada allí la “Universidad de San Francisco Javier”,  por el jesuíta JAIME FRÍAS Y HERRÁN, sobre las bases del “Colegio de San Juan Bautista”, establecido allí dos años antes. En un principio, estuvo consagrada a los estudios eclesiásticos bajo el control de los jesuítas, tomando, de alguna manera, un rumbo diferente a partir de la expulsión de estos últimos en 1767.

En 1776 en Chuquisaca fue establecido el “Colegio-Real de San Carlos”, próximo a la Universidad, con marcado énfasis en el estudio del derecho indio y el idioma español. Chuquisaca se convirtió así, en el lugar de reunión de ambiciosos estudiantes de derecho de todo el virreinato, atrayendo a excelentes docentes. Su biblioteca fue la segunda en América del Sur, luego de la de Lima y los estudiantes promisorios tenían también acceso a la rica biblioteca de MATÍAS TERRAZAS, secretario del arzobispo, que incluía la mayoría de los escritos de los científicos y filósofos europeos de la Ilustración, por hallarse exenta de la censura y el control del “Santo Oficio”.

Muchos de los precursores y partícipes de la Revolución de Mayo de Buenos Aires, fueron educados e instruidos en nuevas ideas y técnicas políticas en este lugar, entre ellos: MARIANO MORENO, MANUEL MORENO, JUAN JOSÉ CASTELLI, JUAN JOSÉ PASO, MANUEL ANTONIO DE CASTRO, TEODORO SÁNCHEZ DE BUSTAMANTE, AGUSTÍN GASCÓN, BERNARDO MONTEAGUDO, JOSÉ VALENTÍN GÓMEZ, TOMÁS M. DE ANCHORENA, MARIANO BOEDO, JOSÉ DARRÉGUEIRA, JOSÉ IGNACIO GORRITI, PEDRO MIGUEL ARÁOZ y PEDRO JOSÉ DE AGRELO.

El 25 de mayo de 1809 se produjo la llamada “revolución de Chuquisaca”, cuando los estudiantes de derecho se unieron con los jueces de la Audiencia y el pueblo para derrocar al presidente de la Audiencia y al arzobispo, en razón de que estos últimos parecían favorecer la regencia de Carlota Joaquina (entonces en Brasil),  hasta que su hermano Fernando VII pudiera reconquistar la corona de los franceses. Este movimiento de protesta fue duramente reprimida por las fuerzas reales, pero tuvo, tanto inmediatos como posteriores, efectos sobre la revolución de. Buenos Aires, pues fue uno de sus líderes, BERNARDO MONTEAGUDO, quien, habiendo escapado de la ola de castigos que cayó sobre los revolucionarios, llegó a Buenos Aires para desempeñar en 1810, un importante papel en los primeros movimientos patrióticos en Buenos Aires.

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