CÉSAR FOURNIER, EL MÁS TEMIDO DE LOS CORSARIOS DE BUENOS AIRES (9/1826)

CÉSAR FOURNIER, EL MÁS TEMIDO DE LOS CORSARIOS DE BUENOS AIRES. Fue CÉSAR FOURNIER, un aventurero franco-italiano de recia personalidad. Sus primeras hazañas se cumplieron en la costa del Maldonado. Allí, en setiembre de 1826, al comando de 2 pequeños lanchones, capturó la goleta “Leal Paulistana”, navío de considerable porte dotado con 8 cañones y 60 hombres. A fines de ese mismo año, defendió eficazmente el puerto del Maldonado, amenazado por un desembarco brasileño. Incorporado a la marina de guerra con grado de sargento mayor, comandó la “Congreso” que, en brillante campaña, se mantuvo dos meses en navegación tomando e incendiando barcos y haciendo un total de 24 presas. Al regresar, interceptado por los bloqueadores brasileños, su nave fue incendiada cerca de la Ensenada. Supo buscar y encontró luego capitales y firmas interesadas en invertir en sus actividades de corso, que a partir de entonces se desarrollaron de manera demoledora, restando a la escuadra brasileña sus marinos más avezados y sus embarcaciones más modernas.. El gobierno imperial, alarmado, organizó la persecución de Fournier y otros corsarios que asolaban esos lares. Organizó además “en convoy” el tráfico de sus transportes, empleando prioritariamente naves neutrales, que no podían ser atacadas. Las actividades corsarias declinaron a partir del año 1828 y la acción se desplazó entonces a las costas de África, donde medraba el tráfico de esclavos y sobre la ruta comercial a Portugal, viéndose obligado, por la distancia que había hasta el Río de la Plata, a negociar sus presas en Las Antillas, puerto más propicio para ello. A partir de este cambio, el gobierno de Buenos Aires perdió el control necesario y el corso comenzó a degenerar. (A fines de la guerra con Brasil, cuatro corsarios fueron condenados por autoridades británicas y holandesas, bajo la acusación de piratería.) El corsario más notable de este período fue el capitán JUAN COE, que al mando del “Niger”, cumplió un exitoso crucero hasta que, finalmente fue capturado. La casi totalidad de los jefes corsarios era de origen extranjero. Muchos estaban radicados en el país y otros se arraigaron definitivamente en él, luego de finalizar sus correrías. La marinería, especialmente, era una mezcla de gente de todas las nacionalidades, que daba mucho trabajo a sus oficiales y que causaba frecuentes desórdenes ya que si bien el daño causado por la actividad corsaria al Brasil fue considerable, el provecho para el corsario, el armador y la marinería resultara a veces escaso. Sólo una cuarta parte de las presas que se tomaban llegaba a buen puerto y rendía beneficios.

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