CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR. INFORME DE COLOMBRES MÁRMOL (00/07/1960)

Invitado por el  Centro de Estudios Económicos y Sociales de la República Argentina, en julio de 1960 (dixit Diario La Razón del 13 de julio de 1960), el doctor EDUARDO LASTENES  COLOMBRES MÁRMOL (hijo) dio una conferencia para referirse a publicaciones realizadas en Venezuela acerca de la autenticidad de la carta que el 29 de agosto de 1822, desde Lima, Perú,  el general SAN MARTÍN le enviara a su par venezolano el general SIMÓN BOLÍVAR, luego de haberse realizado entre ambos, la histórica “Entrevista de Guayaquil”.

Refiriéndose “a dichas  publicaciones venezolanas, expresó que las mismas intentan  deforman la personalidad y la obra de San Martín, generando una polémica que aún no ha sido debidamente contestada por la Academia Nacional de Historia ni por el Instituto Nacional Sanmartiniano.

El doctor COLOMBRES MÁRMOL ilustró al auditorio, en el que figuró, por algunos momentos, el embajador del Ecuador, leyendo pasajes de las referidas notas, así como de las publicaciones hechas en Venezuela, expresando  que la polémica está centrada en torno de esa carta enviada por SAN MARTÍN, cuyo contenido y aún su existencia niegan las autoridades venezolanas, generando así dos tesis irreconciliables: la sostenida por la República Argentina, cuyo principal impulsor fue BARTOLOMÉ MITTRE, llamada “del renunciamiento sanmartiniano” y la sostenida por el doctor JOSÉ MANUEL RESTREPO (que fuera Ministro de Relaciones Exteriores de SIMÓN BOLÍVAR) y otros voceros bolivarianos, que negando la existencia de esa carta, aseguran que la misma es un invento de quienes desean menoscabar los valores y la personalidad del máximo prócer venezolano, para encumbrar la imagen de SAN MARTÍN ante la opinión pública de América.

La verdad es que hay dos versiones de esa famosa carta: una publicada en francés por GABRIEL LAFOND DE LURCY, en su libro «Voyages autour du Monde», en 1843 v la otra por  JUAN BAUTISTA ALBERDI en 1844, en castellano —las dos, difundidas en París— y ya sea que ambas provengan  o no de un mismo original y. consecuentemente, del mismo archivo o de originales y de archivos diferentes, numerosas cartas enviadas por San MARTÍN refiriendose a lo que en ella escribió y comentarios hechos por distintos personajes que por alguna razón son referentes de esa entrrevista, dan fe de su contenido y de su existencia real.

Dice COLOMBRES MÁRMOL a este respecto: «Si se mantiene la errónea creencia de que en 1843 existió en París una sola copia de la discutida carta y que ella fue facilitada por SAN MARTÍN  a LAFONT, «el fraude» de que se acusa a nuestro héroe, podría haber sido prácticamente posible en su realización material propiamente dicha. En cambio, comprobándose  que hubo dos copias, que San Martín no entregó texto alguno y que además no estaba en Grand Bourg cuando la visita de Alberdi, se haría entonces Imposible la configuración del engaño, en razón de  los muchos cómplices que hubiera sido menester, tal como quedó demostrado en mi protesta al embajador de Venezuela, don José Nucete- Sardi.

Sostiene luego COLOMBRES MÁRMOL que asi como él- efectuara el enfrentamiento, párrafo por párrafo, de ambas redacciones, «igual paciente labor tendrían que abordar los académicos», para descartar cualquier duda que hubiere acerca de la existencia de una sola carta en sus dos versiones (en francés y en castellano). Demuestra luego como el mismo ALBERDI destaca claramente que »cuando su sorpresivo encuentro con el héroe en casa de Guerrico», SAN MARTÍN se despedía para uno de los viajes que realizaba al interior de Francia en el verano, quedando demostrado en otro párrafo de sus memorias,  «que había sido invitado por BALCARCE  y no por SAN MARTÍN». Y menciona, luego de otras eruditas alusiones históricas, esta otra declaración de ALBERDI: «No hay ejemplo (que nosotros sepamos) de que el general SAN MARTÍN haya facilitado datos ni notas para servir a redacciones que hubieran podido serle muy honrosas; y difícilmente tendremos hombre público que haya sido sqlicltado mas que él para darlas».

“Es público y notorio la lucha que inició mi padre y que continúa el suscripto, para que la tesis argentinas del renunciamiento sanmartiniano sea  aceptada y reconocida como un dogma en América, lo cual, hasta el momento, desafortunadamente no ha sido logrado” (ver Carta de San Martín a Bolívar).

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