CAMINATA POR LA VIEJA AVENIDA PUEYRREDÓN (1902)

Cuando recién comenzaba el siglo XX, la actual avenida Pueyrredón, se llamaba Centroamérica (1) y frente a la actual PLaza Once, se alzaba la recova, que aún existe, superando así a su similar construida sobre el Paseo de Julio, como antes se denominaba a la continuación de Leandro N. Alem.

La concurrencia que acudía a los locales que allí había, en general, amiga de los beberajes fuertes y acudía en busca de las «vistas» que ofrecían las máquinas especiales, con las que se podían ver excitantes tomas audaces y provocativas, antesalas del cine porno de hoy y a otras atracciones por el estilo que le daban un todo de “barrio rosa” a ese sector de la avenida. También en esa cuadra abrían sus puertas algunos fondines que vendían pescado frito a cinco centavos la porción, suculentos pucheros y misteriosos guisos que hacían las delicias de los numerosos trabajadores y transeúntes que pululaban por aquella época alrededor de la Plaza Once, .cuando ya era cabecera del Ferrocarril del Norte. Era famoso en estos menesteres, “Don Pío”, quien se instalaba con su carrito-cocina junto a uno de los arcos de la recova, y cobraba diez centavos el «pan y chorizo», (todavía no se había inventado la palabra “choripan”),  destacando en sus pregones que el cliente podía servirse “chimicu rñ a voluntad”( según lo que evoca Ricardo Llanes en su libro “Recuerdos de la ciudad porteña”.

Yendo más atrás en el tiempo, debemos recordar que en aquellas cuadras de la vieja Centroamérica,  se trenzaron fuerzas de don Santiago de Liniers, apoyadas por el paisanaje que don Juan Martín de Pueyrredón comandaba y que trajo desde San Fernando,  para enfrentar a los invasores británicos. Fue en ese lugar llamado «Los corrales de Miserere» (porque ocupaban parte de una quinta del señor Miserere), donde Liniers sufrió un traspié, ya que no consiguió detener a las tropas de Whitelocke y Pueyrredón debió ser salvado por un paisano que montándolo en la grupa de su caballo, le salvó la vida, cuando caído de su montado, estaba a punto de ser víctima de las bayonetas enemigas.

Más adelante, ya en 1857, el Ferrocarril del Norte partiendo de Retiro empalmaba con el del oeste, cuya estación se hallaba en la esquina de Ecuador y Piedad, llamándose ya «Once de Septiembre». Poco después por la actual avenida Pueyrredón corría el tranvía de tracción a sangre, cuyos coches de pequeño tamaño lucían un llamativo color verde, como los futuros a motor de la compañía Lacroze.

Seguimos salteando años y en 1904 nos encontramos con la casa donde vivía el Coronel Ramón Falcón (Pueyrredón 286), quien fuera asesinado por un anrquista el 14 de noviembre de 1909.  Al llegar a la esquina de la avenida Santa Fe sealzaba en esos años la carpa del circo de Los Anselmi”, atracción insuperable para el mundo infantil que entonces podía deleitarse sanamente con un espectáculo no contaminado por la grosería y la chabacanería que hoy caracteriza a algunos iluminados incapaces de practicar un humorismo no politizado.

Alrededor de 1909 el cine Pueyrredón dedicaba sus funciones exclusicavemnte para a personas mayores, mientras el Teatro Olimpo brindaba obras interpretadas por la compañía dirigida por la primera actriz Lina Esté vez y el actor José Brieba, con el fondo musical que le brindaba la orquesta dirigida por el maestro Arturo de Basi.

La nota lamentable se produjo en el año 1904 cuando el globo tripulado por José Silimbani cayó en la azotea de la casa situada en la avenida Pueyrredón 1355, con fatal resultado para su tripulante, sin que se produjeran otras desgracias de tipo personal, mientras que la nota alegre, estuvo a cargo del Café de Garibotto, en la esquina de San Luis, que ofrecía un hermoso espectáculo con la actuación de las más conocidas orquestas típicas ubicadas en un palco del salón. Cuando subía el maestro Juan Maglio (Pacho), su clamoroso éxito,  obligaba a intervenir al agente de policía «de la esquina», infaltable entonces en la mayoría de ellas, para evitar que el público desbordara la acera y molestara la libre circulación de la calle. Lo mismo sucedía con Eduardo Arólas y otros grandes del tango,  Pero no sólo la música popular hallaba eco en el barrio, ya que en el número 1379, vivía el maestro don Felipe Boero, autor de la famosa ópera “El matrero”, triunfante en nuestro Teatro Colón y en los escenarios  de mayor prestigio del mundo (“Memorias de un porteño”, Pablo Solari Parraviccini).

(1).- Entre 1857 y 1902 se llamó Centro América y en 1902 se le cambió el nombre para honrar la memoria de Juan Martín de Pueyrredón, héroe de la resitencia durante la primera invasión de los ingleses en 1806.

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