CACERÍA DE VICUÑAS (1698)

La explotación de las vicuñas, que proveían además de su carne para consumo, una lana muy apreciada para tejer y confeccionar vestimentas, fue una actividad que se desarrolló intensamente desde la época de la dominación incaica de la región del altiplano y actuales provincias de Salta y Jujuy. Uno de los viajeros que recorrió estos territorios en el siglo XVII, se refiere a esta actividad diciendo:

 “Los más de estos salvajes (se refiere a los pueblos de indios en la zona de Humahuaca) son católicos y tienen una iglesia en «Omagoaca», en tierras de don PABLO DE OVANDO, español, pero nacido en este país, y dueño y señor de él. Éste abraza no sólo todo el valle de «Omagoaca», sino también una grande extensión de tierra más allá, comprendiendo de 60 a 80 leguas, existiendo en ellas muchas vicuñas, de cuya lana saca este señor mucho provecho.

Toma estos animales con mucha facilidad, por medio de sus súbditos los indios, que no tienen para ello más trabajo que el de hacer un gran cerco con redes, de como un pie y medio de alto, al cual atan cantidad de plumas que son movidas por el viento. Persíguenlos entonces los salvajes hasta lograr que entren dentro del cerco, como se hace en Francia con los jabalíes. Verificado esto, algunos de los indios entran a caballo dentro del cerco y mientras que los pobres animales no se atreven a aproximarse a él, de temor de las plumas que se mueven, aquéllos con ciertas bolas adheridas a sogas, voltean y matan cuantas gustan (“Relación de los viajes al Río de la Plata Acárete Du Biscay, 1698)

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