CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO DE 1810. EL DEBATE.

La sesión inicial del Cabildo Abierto convocada por el virrey CISNEROS, a petición de los patriotas revolucionarios, fue abierta por el Escribano del Cabildo de Buenos Aires, JUSTO NUÑEZ, quien leyó una proclama notoriamente pro-realista, pues aconsejaba a los presentes “evitar toda innovación o mudanza, “que generalmente son peligrosas y expuestas a división”  (ver El 25 de mayo de 1810).

Este discurso repetía conceptos ya enunciados en la proclama del 18 de mayo, lo que prueba el acuerdo previo existente entre el virrey, los miembros del Cabildo y de la Audiencia. Era evidente que Cisneros había aceptado la reunión de un Congreso general, con la esperanza de obtener un triunfo y consolidarse en el poder. Al escribano NUÑEZ siguió en el uso de la palabra el obispo de Buenos Aires, BENITO LUÉ Y RIEGA, quien se mostró contrario a toda innovación. manifestó: que los españoles habían descubierto, conquistado y poblado el país y que, en consecuencia, mientras hubiera en España una ciudad o un pueblo libre del yugo francés, en aquella ciudad o pueblo residía la facultad de gobernar las Américas y finalmente sostuvo que, aun en el caso de una pérdida total de la Península, los españoles debían continuar mandando en América, y sólo los hijos del país podían llegar al poder cuando no quedara ningún español en estas tierras.

Oponiéndose a esta manera de razonar y en defensa de los ideales de los revolucionarios,  habló a continuación el doctor JUAN JOSÉ CASTELLI, quien alegando que los españoles que habían descubierto, conquistado y poblado estas regiones, no eran los que se quedaron en la península, sino los que vinieron a América formando familias en ella, que sus hijos eran los que se llamaban hijos del país y que eran ellos y no los vecinos de Cádiz, los que podían y debían determinar la suerte de América, sostuvo la caducidad del poder en España, debido al cautiverio de Fernando VII y a la disolución de la Junta Central de Sevilla. Sobre estos principios, argumentó los derechos del pueblo de Buenos Aires para ejercer su soberanía e instalar un nuevo gobierno.

Luego hizo uso de la palabra PASCUAL RUIZ HUIDOBRO para destacar que Cisneros debía cesar en el mando —por haber caducado en España la autoridad que lo nombró— y reasumirlo el Cabildo para luego entregarlo a otra persona.

Opinó seguidamente el Fiscal de la Audiencia MANUEL GENARO VILLOTA, un hombre de muy claro juicio y profunda ciencia jurídica, sacó la cuestión del antipático terreno en que la colocara el obispo, cuyas razones, por otra parte, había destruido CASTELLI. Estableció que nadie podría negar que Buenos Aires era una parte, no todo el virreinato y que habiendo muchas otras ciudades y pueblos con igual derecho que Buenos Aires a ser oídas y a opinar, la justicia reclamaba que nada se resolviese sin consultarlas previamente, conservándose entretanto el gobierno en manos del virrey.

Negó a continuación que Buenos Aires tuviera el derecho de decidir sobre la legalidad del Consejo de Regencia y, menos aún, en erigirse como gobierno soberano. Su argumentación trataba de demostrar que el virrey debía continuar en el mando, pues las resoluciones de los vecinos porteños carecían de validez.

Esta argumentación muy hábil y no desprovista de un fondo de razón, tenía un alcance muy peligroso. Tendía a aplazar los sucesos dando lugar a que de Montevideo y de los centros adictos al gobierno colonial, vinieran grandes fuerzas capaces de sofocar a los patriotas y acabar con sus propósitos. El discurso de VILLOTA alentó al elemento español y dejó algo perplejos a los patriotas. Es probable que después de VILLOTA hayan intervenido en el debate otros oradores, entre ellos el presbítero NEPOMUCENO SOLÁ, partidario de entregar el poder al Cabildo —con voto decisivo del Síndico— hasta la reunión de una Junta Gubernativa integrada por diputados de todo el virreinato. Se afirma que entonces

Para desvanecer esta atmósfera, se levantó para hablar el doctor JUAN JOSÉ PASO, auxiliar del Fiscal del rey, y, como VILLOTA, hombre de mucho talento y vasto saber. Rebatió los conceptos de los oradores anteriores al sostener la urgente necesidad de establecer en Buenos Aires una Junta Gubernativa y  que realmente, como había dicho VILLOTA, los pueblos del virreinato eran miembros de una misma familia y que esto daba razón y legitimaba las aspiraciones de Buenos Aires, porque admitiéndose en derecho que en casos urgentes los hermanos presentes obraran a favor de los ausentes y tomasen su nombre para salvar de la ruina los intereses comunes, en este caso de extrema gravedad y de importancia decisiva, Buenos Aires, la hermana mayor, podía y debía obrar en nombre de todas sus hermanas para asegurar la felicidad, la libertad y el bien común. La admirable réplica de PASO decidió el ánimo de los presentes y a viva voz exigieron que se votara sobre la cuestión (1).

(1) Aunque los historiadores han podido reconstruir documentalmente la opinión de los principales oradores del Congreso general del 22 de mayo, es imposible pretender transcribir los diálogos pues no hay constancias valederas de ellos. Las referencias más detalladas se encuentran en los informes del virrey y de la Audiencia, en algunas Memorias —como la de Saavedra— y otras fuentes tradicionales que adolecen de serias contradicciones. El historia­dor PAUL GROUSSAC afirma que “los discursos e incidentes analizados o comentados en las obras de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López son meras inducciones de sus autores y carecen de autenticidad”.

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