BUENOS AIRES VISTA DESDE EL RÍO DE LA PLATA (1847)

BUENOS AIRES VISTA DESDE EL RÍO DE LA PLATA. William MacCann, viajero británico que recorrió a caballo la campaña bonaerense en 1847, publicó en Londres en 1852, fruto de sus observaciones, el libro titulado “Viaje a caballo por las provincias argentinas en 1847”. Entre otras cosas, dice: “Al acercarnos al puerto, que ha sido centro co­mercial por espacio de más de tres siglos, esperamos encon­trarnos con diques, muelles y arsenal en plena actividad, pero no es así porque el hombre no ha hecho nada, hasta ahora, para mejorar el puerto. Los pasajeros se ven obligados a desembarcar, en botes que no pueden llegar hasta la orilla, y de los botes pasan a unos carros de grandes ruedas que los conducen a tierra. Sin embargo, el general Rosas, a prin­cipios de 1847, ha iniciado la construcción de una muralla que deberá extenderse desde el Fuerte hacia el lado norte de la ciudad. También forma parte del proyecto, la construcción de un desembarcadero para pasajeros. El aspecto de Buenos Aires no tiene nada de simpático: las casas, de una sola planta, aparecen sucias, ruinosas. El comercio y los negocios dan pocas señales de existencia, no se siente el bullicio de las grandes ciudades. Si bajamos por una de las calles, en pendiente, caemos en la Alameda, el paseo público de la ciudad, cuyas obras de prolongación están ejecutándose. Las lavanderas extienden las ropas blancas sobre el pasto verde de la orilla y el color de las ropas contrasta con el de las mujeres que son, casi todas, negras. Pasando la casa del Resguardo, donde hace de centinela un negro descalzo y mal vestido, llégase a una batería de diez cañones de bronce bien montados y acondicionados, pero sin ningún muro o foso de protección. En aquel punto se ve una graciosa arboleda que forma una alta plata­forma natural sobre la que te levantan elegantes residencias, ocupadas, casi todas, por extranjeros”.

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