BOLIVAR, UNA CALLE PORTEÑA CON HISTORIA

A la calle Bolívar, en la ciudad de Buenos Aires, en 1738 se la conocía como «De la Compañía», por cuanto en la cuadra comprendida entre las actuales  Moreno y Alsina,  se levantó el Templo de San Ignacio. En 1774, pasó a llamarse calle “De la Trinidad”; en 1807,”Victoria”. Luego, en 1822, “Universidad”  y en 1849, “Santa Rosa”, hasta que al fin,  tomó el nombre actual de Bolívar, en 1857.

La cuadra comprendida entre las calles Victoria y Alsina, fue la primera cuadra que se empedró en Buenos Aires, a solicitud del vecindario que abonó el costo de las obras por autorización especial del Virrey, concedida el 12 de diciembre de 1780.-En la cuadra siguiente (Bolívar entre Alsina y Moreno), el 3 de noviembre de 1738, el Virrey Juan José de Vértiz y Salcedo fundó el “Colegio Real de San Carlos”, que en el año 1818 pasó a llamarse “Colegio de la Unión del Sur” y en 1823, a sugerencia de Bernardino Rivadavia, comenzó a llamársele  “Colegio de Ciencias Morales” hasta que el 14 de marzo de 1863, durante la presidencia del general Bartolomé Mitre, se decretó la creación del Colegio Nacional, que pasó a ocupar estas aulas por donde pasaron tantos prohombres argentinos que hicieron nuestra patria.

Bolívar fue también una calle preferida por numerosos hombres públicos para vivir en ella con sus familias: Santiago Calzadilla, el general Lucio V. Mansilla, sobrino de Rosas, los Ezcurra, Riglos, Escalada, Rosas, Alzaga, Lezama, Huergo, Senillosa, Estrada, Biedma, Martínez de Hoz, Ramos Mejía, Videla Dorna, Lagos, Oromí, sin olvidar que en la esquina de Bolívar y Alsina, el 5 de noviembre de 1792 nació quien fuera apodado como el marino de «mayor valentía de la Armada Nacional», el capitán de navio Leonardo Rosales«

Por otra parte, en la casa que fuera propiedad de don Juan Manuel de Rosas , se instaló el «Correo», al mudarse de su antigua ubicación en la calle Perú 150, como recuerda el historiador .Ricardo Llanes. La familia de Ramos Mejía vivió en la casa de la calle Bolívar 55 y fué lamentablemente demolida sin tomar en cuenta una serie de caracta ríéticas históricas que convierten tal acto en algo imperdonable. En efecto, allí residió el último Virrey español, a partir de la Revolución del 25 de Mayo de 1810, que lo depuso y esos fueron los muros que contemplaron el final de los sueños de don Baltasar Hidalgo de Cisneros, como refiere el precitado historiador en su obra «Recuerdos de la Ciudad Porteña”

Pero la Historia tiene, a veces, un idioma paradójico. Años después, o sea el 3 de febrero de 1852, Rosas vé también truncados sus ambiciones políticas, en manos de Urquiza, en los campos de Caseros. ¿ Y hacia donde encamina sus pasos después de la derrota ?.- A la legación de Gran Bretaña a cargo de Mr. Robert Gore, situada en la calle Bolívar 553, es decir, en la misma casa que cobijó la amargura del virrey Cisneros, al nacer nuestra patria. Dos finales igualmente trágicos.

Pero hay más todavía: también un 3 de febrero, pero 33 años des pues, o sea en 1885, la casa ya convertida en hotel,  recibe por algunos días la última visita de doña Elisa Lynch, célebre heroína romántica unida al destino del mariscal paraguayo, Francisco Solano López, a quien le dio tres hijos. Tres hechos aparentemente inconexos entre sí, pero que al converger los tres en un mismo lugar, los hace singulares y nos permite ver que surge de cada uno de ellos,  el factor que afecta a los tres protagonistas por igual: la fragilidad de las conquistas del ser humano. Porque ya sean éstas políticas, bélicas o amorosas, son invariablemente efímeras cuando la ambición excede a la prudencia y a la mesura. Porque como ya lo dijimos antes: «Humildad y Amor al prójimo, es lo que nos salvará (“Memorias de un porteño”, Pablo Solari Parravicini).

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