MANUEL BELGRANO Y EL CACIQUE CUMBAY

Fue muy grande la popularidad que MANUEL BELGRANO adquirió entre los indígenas del Alto Perú, y de algunas otras regiones donde llegó su fama, mientras se desempeñaba como comandante del Ejército del Norte y en general, los aborígenes, ya definitivamente conquistados para la causa de la Revolución, se mantuvieron fieles a su recuerdo.

En las proximidades del Chaco paraguayo, existía un célebre cacique llamado CUMBAY que usaba título de general y vivía rodeado de la pompa de un rey primitivo. Todos le respetaban como tal y admiraban la multitud de guerreros que obedecían sus órdenes. Era ardiente partidario de la Revolución, por la que combatió en Santa Cruz de la Sierra, siendo herido de un balazo, pero jamás había querido entrar en las ciudades ni tener contacto alguno con la civilización.

Sin embargo, cuando oyó hablar de BELGRANO deseó conocerlo y le pidió una entrevista. Concedida ésta, llegó Cumbay a Potosí —donde se hallaba entonces el cuartel genera! patriota— acompañado por su intérprete, dos hijos menores y una escolta compuesta por 20 flecheros con carcaj a la espalda, el arco en la mano Izquierda y una flecha envenenada en la derecha. Al enfrentar a Belgrano, desmontó y, después de mirarlo un rato con profunda atención. le dijo por medio de su intérprete: «Que no lo habían engañado, que era muy lindo, y que según su rostro asi debía ser su corazón».

BELGRANO le ofreció un caballo ricamente enjaezado y con herraduras de plata, y después ambos revistaron la tropa formada en cuadro. AI pasar frente a la artillería, que era de calibre 18, le previnieron que tuviese cuidado con el caballo, porque iban a disparar en su honor, a lo que replicó «que nunca había tenido miedo a los cañones». Se lo alojó con todas las comodidades,  habiéndosele preparado una cama digna de un rey, pero él, dando a sus huéspedes una lección de humildad, o de orgullo, echó a un rincón los ricos adornos que la cubrían y se acostó sobre el apero.

Se lo Invitó luego a varias fiestas preparadas en su honor y, finalmente, BELGRANO quiso brindarle un espectáculo con demostraciones de las distintas habilidades propias de una tropa en campaña. Dispuso entonces que sus efectivos formara en el campo de San Roque, donde se ejercitó en maniobras de tiro, marchas y formaciones, mostrando lo mucho que había avanzado en su Instrucción y disciplina. CUMBAY contemplaba todos aquellos movimientos con un dejo de asombro hasta que, al ser interrogado por BELGRANO acerca de la impresión que le había causado el ejercicio, ante la sorpresa de su interlocutor, respondió  «Con mis guerreros desbarataría todo eso en un momento».

Al despedirse lo colmó de atenciones y regalos, obsequiándole entre otras cosas un elegante  uniforme y una hermosa esmeralda incrustada en oro, para que reemplazara con ella el adorno que tenía entre la barba y el labio inferior (1) , a lo que CUMBAY, abrumado con tantas gentilezas,comprometió el apoyo de 2.000 de sus lanzas para pelear contra los españoles.

Este original episodio da una idea de los medios empleados por el general BELGRANO para conquistarse el afecto de los aborígenes y lograr su apoyo, objetivos que logró como quedó demostrado, cuando habiéndose ya retirado de la frontera norte, vencido por los realistas, sus amigos, los indios, continuaron hostilizando a sus enemigos en su avance hacia Buenos Aires (Según un relato del historiador Isaías García Enciso, 1992).

 (1).- El llamado “tembeté”, es un distintivo propio de cada tribu que los indígenas ostentaban hecho con piedras ordinarias o con discos de otros materiales

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