BATALLA DE TUCUMÁN (24/09/1812)

BATALLA DE TUCUMÁN. Victoria del General MANUEL BELGRANO sobre los realistas al mando de PÍO TRISTÁN que congeló el avance de las tropas invasoras en el noroeste, permitió a los rioplatenses, confirmar los límites de la región que se encontraba bajo su control y le dio tiempo al gobierno de Buenos Aires para ocuparse de la reorganización nacional. Aunque tenía órdenes del Triunvirato de retroceder hasta Córdoba, el general Belgrano, que el 26 del mes anterior, se había hecho cargo del Ejército del Norte en Jujuy, resuelve hacer frente a las tropas españolas que venían en su persecución. Si bien se calculaba en unos 3.000 hombres el número de las fuerzas realistas mandadas por el general PÍO TRISTÁN (primo del Brigadier Manuel Goyeneche, a la sazón ocupando Cochabamba) y las patriotas no alcanzaban a 1.800, Belgrano se sintió alentado por el triunfo obtenido tres semanas antes en Las Piedras y decidió dar batalla. Ese pequeño pero trascendente triunfo exaltó el ánimo de los soldados de la Patria y le permitió a Belgrano re­afirmar su idea de fortificarse en Tucumán.

Despachó entonces al teniente coronel JUAN RAMÓN BALCARCE a esa ciudad con el objeto de entusiasmar a los tucu- manos y organizar nuevos cuerpos de caballería “con lanzas” según expresión del jefe militar. El pueblo de esa provincia respondió con verdadero fervor y se ofreció espontáneamente a sacrificarse con tal de que el ejército patriota no abandonara su territorio. Al llegar Belgrano a la ciudad, los tucumanos en masa habían tomado las armas e integraron una fuerza que actuaría luego brillantemente en la decidida batalla que se libró pocos días después. Era el que se conoció como “Regimiento de Dragones de la Patria”, puesto bajo las órdenes de Balcarce y compuesto por más de 400 hombres de a caballo “y con lanza”, a los que da día se fueron sumando más, hasta llegar a conformar un aguerrida fuerza de más de 600 combatientes El esperado combate finalmente se libró el día 24 (festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de nuestros ejércitos) en un lugar llamado “Campo de las Carreras”. En una lucha confusa se trabaron combates parciales, dificultados por la humareda de los pajonales en llamas. Sólo a la mañana siguiente pudo comprobarse que la victoria de los patriotas había sido total. Los españoles reconocieron su derrota, mas no admitieron rendirse y dejando en el campo de batalla 450 hombres y 61 oficiales muertos y 626 soldados prisioneros, se retiraron hacia Salta. Las fuerzas patriotas que habían sufrido 200 bajas los persiguieron, pero debieron hacer alto, pues ya estaban al límite de sus fuerzas. En su parte del 5 de octubre siguiente, Belgrano pidió al gobierno que dos banderas del Real de Lima y dos estandartes de Cotambas que habían sido capturados durante la Batalla, se colocaran en el templo de Nuestra Señora de las Mercedes en demostración de gratitud. El Triunvirato supo premiar a los vencedores con un escudo: “La Patria a los vencedores de Tucumán” y en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, se exhibe una placa de bronce, colocada por disposición del Triunvirato, en la que figura la nómina de los nativos de esta ciudad, caídos en la gloriosa batalla. La batalla de Tucumán, hecho glorioso de nuestra gesta libertadora detuvo en el Norte el avance arrollador de las tropas españolas. La llamada desobediencia del General Belgrano tuvo felizmente consecuencias trascendentes para la Revolución de Mayo y aún para la americana pues “preparó los efectivos y la moral para las operaciones que posteriormente se llevaron a cabo y significó para el gobierno de Buenos Aires, una situación de seguridad que mantuvo luego el ejército del General Güemes con la famosa guerra de guerrillas”. El General Manuel Belgrano en el norte había salvado a la Revolución de Mayo, mientras que el General San Martín iniciaba los preparativos de la campaña libertadora de los Andes. LA CABALLERÍA GAUCHA DECIDIÓ EL TRIUNFO DE TUCUMÁN. El informe de Belgrano sobre la Batalla de Tucumán revela que el “Regimiento de Dragones de la Patria”, organizado por el teniente coronel JUAN RAMÓN BALCARCE, sobre la base casi exclusiva de tucumanos, entro en combate, ocupando el ala derecha de las tropas de sus tropas y cumpliendo sus órdenes, fue la unidad que inició la carga, lanzándose sobre el ala izquierda del enemigo, logrando que con su valor y entereza, se decidiera el triunfo a favor de las armas de la Patria. No obstante su escaso entrenamiento, la caballería gaucha con tremenda eficacia, atacó el flanco izquierdo realista, que pronto comenzó a flaquear ante la carga de la derecha patriota, que a galope tendido, dando espantosos alaridos y golpeando con las riendas los guardamontes, de cuero, que producían un ruido extraño y siniestro, los arrollaron y pusieron en fuga, obligando con ello a la infantería realista, ubicada en el centro, a abandonar sus posiciones. Este cuerpo de caballería ligera era una especie de infantería montada que, según las circunstancias, actuaba a pie o a caballo. Vestía calzoncillo blanco, chiripá, blusa (especie de chaqueta popular), poncho y espuelas. Se cubría las piernas con anchos guardamontes de cuero, lleva gorra azul y pañuelo al cuello. Aunque formalmente debían ir armados con sable, fusil y pistola, a falta de estos elementos la mayoría portaba lanzas (armadas con cuchi­llos enastados en palos) y muchos, sólo puñales, lazos y boleadoras. Algunos testigos afirman que su imagen prometía muy poco desde el punto de vista castrense, pero que presentaban un aspecto verdaderamente salvaje provocando el terror del enemigo. Combatían apoyando sus flancos descubiertos sobre una sección de dragones veteranos, regularmente disciplinados, que contrastaba con el resto de la línea. A pesar de las palabras de Belgrano: “Es preciso tratar de no echar mano de paisanos para la guerra, a menos de no verse en un caso tan apurado como el que me he visto” —producto quizás de su afán de mantener un ejército de línea perfecto en su constitución y armamento— la introducción de este elemento popular, valiente y arrojado, en las filas de las fuerzas patriotas, constituyó un valioso aporte en el momento de dirimir diferencias en el campo de batalla.

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