BATALLA DE CASEROS (03/02/1852)

Nueve meses antes de enfrentarlo en la Batalla de Caseros, el 1º de mayo de 1851 JUSTO JOSÉ DE URQUIZA anunció su ruptura con JUAN MANUEL DE ROSAS por medio de un documento conocido como “El pronunciamiento de Urquiza”, donde declaró que la provincia de Entre Ríos reasumía el ejercicio de su soberanía, quedando así separada de hecho del resto de la Confederación.

Antes, precisamente el 29 de marzo de 1851, URQUIZA suscribió con los gobiernos de Montevideo y del Brasil, una alianza ofensiva y defensiva,  destinada a mantener la independencia  uruguaya, pacificar su territorio, expulsar a MANUEL ORIBE y luego  proceder a la libre elección de un Presidente, que reemplace al “rosista” Oribe. El plan pretendía terminar primero con el largo sitio de Montevideo, pacificar el Estado Oriental y luego, iniciar operaciones para derribar a su ahora enemigo, el Gobernador de Buenos Aires, JUAN MANUEL DE ROSAS, verdadero objetivo de tales alianzas y movimientos.

A mediados de junio, URQUIZA ultimó con sus aliados los preparativos para invadir el territorio oriental y al mes siguiente cruzó el río Uruguay con el general EUGENIO GARZÓN, que había sido nombrado jefe de los efectivos orientales, mientras parte de la escuadra brasileña penetraba en aguas del río de la Plata.

URQUIZA estableció su cuartel general en Gualeguaychú donde recibió contingentes de soldados que reforzaron su ejército y acampó a orillas del río Paraná, próximo a la ciudad de Diamante. En esos momentos sus fuerzas se componían de unos 28.000 hombres, de los cuales 22.000 eran argentinos (11.000 entrerrianos, 6.000 correntinos y 5.000 porteños),  4.000 brasileños, 2.000 orientales, apoyados con 50 piezas de artillería, mientras en territorio oriental, aguardaba listo para entrar en acción un ejército brasileño de reserva, con 10.000 hombres. Mientras tanto, Rosas no tomaba ninguna medida que la pru dencia le hubiera aconsejado en tales circunstancias. Recién a mediados de noviembre de 1851, el general ÁNGEL PACHECO —jefe de todos sus efectivos, organizó algunos regimientos de milicias, pero tampoco concibió ningún plan de batalla.

El 23 de diciembre, Urquiza inició las operaciones con el cruce del caudaloso río Paraná, bajo la protección de la escuadra brasileña. Una vez en la provincia de Santa Fe, no encontró la resistencia que esperaba, pues su gobernador ECHAGÜE —al no recibir refuerzos— dispuso retroceder para unirse con Rosas.

Un episodio ocurrido en la noche del 10 de enero de 1852 provocó alarma en las filas del “Ejército Grande”. Los 700 hombres del regimiento puesto a las órdenes del coronel LEÓN AQUINO se sublevaron en “El Espinillo” y luego de asesinar a sus jefes, se dirigieron hacia Buenos Aires, para incorporarse a las fuerzas de ROSAS. Este incidente no impidió al ejército de URQUIZA —que aprovechó los desaciertos de PACHECO — para avanzar sobre la capital sin mayor dificultad, con excepción de un pequeño encuentro con HILARIO LAGOS, quien con escasos efectivos, trató de oponerse al avance de URQUIZA, siendo dispersado. PACHECO no supo aprovechar las ventajas que le ofrecía el arroyo Del Medio, con sus orillas muy pantanosas, para tender allí una línea de defensa y desautorizó a LAGOS, cuando éste le sugería hacerlo.

En la mañana del 29 de enero el ejército aliado, conocido como el “Ejército Grande”, llegó a Luján y al día siguiente, su vanguardia se encontraba a unas dos leguas de las avanzadas rosistas que cubrían el “Puente de Márquez. El jefe de éstas que había sido destacado allí para detener el avance de URQUIZA, decidió declinar el mando y se retiró, hacia su estancia en “El Talar”, obligando a que Rosas tomara personalmente el mando de sus tropas. El 2 de febrero, en su campamento instalado en  Santos Lugares, Rosas reunió una Junta de Guerra a la que asistieron el general MANUEL CHILAVERT y los coroneles HILARIO LAGOS, JOSÉ DÍAZ, GERÓNIMO COSTA y otros jefes, que decidieron confiarlo todo a una batalla campal. El ejército aliado continuó su marcha y en la madrugada del 3 de febrero de 1852, atravesó sin dificultad el arroyo Morón y extendió sus líneas frente a la posición que ya ocupaba el de Rosas, quien había dispuesto sus efectivos en las alturas de Caseros (hoy Estación El Palomar” del Ferrocarril San Martín”, a tres leguas de Buenos Aires.

El escenario
El palomar y la chacra de DIEGO CASERO, situados ambos en las tierras que hoy ocupa el Colegio Militar de la Nación,  en el Partido Tres de Febrero, de la provincia de Buenos Aires, fueron el escenario del combate. El palomar fue ocupado por la  infantería rosista. La cason, que en 1852 era propiedad de SIMÓN PEREYRA, funcionó como Hospital para la atención de los heridos en combate y fue el puesto de comando de ROSAS.

Orden de Batalla
El Ejército Grande, como ya hemos dicho, contaba con 24.000 hombres y 50 piezas de artillería y estaba distribuídos así: El ala derecha estaba  ocupada por los batallones de infantería y caballería entrerriana y correntina y caballería brasileña a las órdenes del generales ARÁOZ DE  LAMADRID y MEDINA y de los coroneles GALÁN, MITRE y otros. En el ala del centro, marchaba la caballería brasileña dirigida por MÁRQUEZ DE SOUZA y dos batallones argentinos a las órdenes del coronel RIVERO. En el ala izquierda: cuatro batallones uruguayos al mando del coronel CÉSAR DÍAZ y otros efectivos encabezados por JUAN PABLO LÓPEZ. Por su parte, Rosas contaba con 22.000 hombres y 60 piezas de artillería agrupados en esta forma: ala derecha: formada por cinco regimientos de cabalería y once batallones de infantería con artillería interpolada, a las órdenes del general PINEDO. En el centro: treinta cañones al mando del coronel CHILAVERT y en el ala izquierda: tres batallones de infantería al mando del coronel JOSÉ DÍAZ..

La batalla.
Finalmente, a las nueve de la mañana del 3 de febrero, el Ejército Grande se traba en lucha contra las fuerzas de JUAN MANUEL DE ROSAS. El coronel CHILAVERT, desde su posición en el Palomar de Caseros, inició el combate con un intenso cañoneo que fue rápidamente respondido por la artillería brasileña y URQUIZA, apercibido que el flanco izquierdo enemigo era su lugar más vulnerable, envió hacia allí su caballería, logrando imponerse luego de duro combate. El ala derecha mientras tanto hacía denodados esfuerzos para rechazar el ataque al que era sometida, pero vanos fueron éstos y debió replegarse desordenadamente, dejando que fuera CHILAVERT quien ofreciera la última resistencia a un demoledor ataque, ante el que sólo sucumbió, cuando sus piezas quedaron sin municiones, siendo él mismo hecho prisionero. La lucha había durado poco más de una hora y las fuerzas de ROSAS fueron finalmente vencidas, y dispersadas. El triunfo de URQUIZA fue completo. Quedaron en su poder unos 7.000 prisioneros, ochenta carros, quinientas carretas, todo el parque, sesenta cañones y numerosas armas de pequeño calibre.

Producida la derrota, un pequeño contingente cubriéndolo a ROSAS se alejó del campo de batalla y fue perseguido sin éxito por soldados de URQUIZA. ROSAS acompañado solamente por LORENZO LÓPEZ se dirigió hacia la ciudad de Buenos Aires, entrando por el “Hueco de los Sauces (hoy Plaza Garay). Allí escribió su renuncia dirigida a la Legislatura (1) e inmediatamente después se dirigió hacia la casa del Ministro plenipotenciario británico, ROBERTO GORE, donde se refugió hasta que con su hija Manuelita pudo embarcarse en la fragata inglesa “Centauro” que estaba surta en el puerto de Buenos Aires. Cuatro días después ROSAS y sus allegados transbordaron a la nave “Conflict”, que los traslado hasta Inglaterra.

Después de Caseros
La ciudad de Buenos Aires quedó indefensa, cuando el general LUCIO NORBERTO MANSILLA (cuñado de ROSAS), se negó a poner sobre las armas a la guarnición porteña, rindiéndose al grito de “Viva Urquiza, muera el tirano Rosas!” y fue escenario de un inexplicable vandalismo que la sumió en el terror (ver “Saqueo de Buenos Aires” en Crónicas) y cuando las tropas de URQUIZA entraron en Buenos Aires, los 400 hombres que comandados por el coronel AQUINO se habían unido a ROSAS, fueron pasados a degüello  y sus cadáveres colgados en el camino a Palermo. El coronel MARTINIANO CHILAVERT, jefe de la artillería rosista fue fusilado pot la espalda por orden  expresa de Urquiza y los jefes de la “mazorca”, encabezados por MARTÍN SANTOS COLOMA, fueron degollados.

La Legislatura de la época rosista fue disuelta y se convocó a los habitantes de la ciudad y de la campaña para el 11 de abril, fecha en la que debían designar sus representantes a los efectos que éstos eligieran a su gobernador titular y dispone realizar elecciones de Diputados y Senadores el próximo 25 de mayo, señalándose el día 9 de julio siguiente, para la apertura del Congreso.

Aunque URQUIZA propiciaba la continuidad del gobernador provisorio VICENTE LÓPEZ, otros contendientes surgieron y fue enconada la lucha que se entabló para ungir al nuevo mandatario provincial.  Finalmente VALENTÍN ALSINA, apoyado por BARTOLOMÉ MITRE, DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD y otros se impuso por el voto de sus electores, pero los esfuerzos de URQUIZA para imponer a su candidato no fueron estériles y la Legislatura, no atreviéndose a contradecirlo, casi por unanimidad, el 31 de mayo eligió al doctor VICENTE LÓPEZ, gobernador titular de la provincia de Buenos Aires.

Reacciones de la prensa
Después de la batalla, La Gaceta Mercantil dejó de salir. “El Diario de Avisos” después de un prudente silencio que duró dos días, sacó una hoja informando “el cambio partidario por medio del cual, las libertades, el orden institucional y las garantías que habían desaparecido, vuelven a la antigüa regularidad. El Diario de Avisos vuelve a reaparecer libreya de la cuchilla siempre levantada del tirano” Por su parte, en su edición del 6 de febrero, “El Agente Comercial” anunció: “Ha caído el tirano más ominoso de los siglos”. Poco después, el diario decidió cambiar de nombre y comenzó a llamarse “Los Debates”, pasando a ser dirigido pot BARTOLOMÉ MITRE. (dixit Eduardo Pogoriles).

Sarmiento en la batalla de Caseros
DOMINGO FUSTINO SARMIENTO además de haber participado como oficial con mando de tropas durante la batalla de Caseros, ofició como cronista de URQUIZA, a cargo de la redacción del “Boletín del Ejército Grande”  y en uno de sus partes dijo irónicamente: “… pronto, no había enemigo que combatir y todo se acabó ni bien nos acercamos por la izquierda y aún antes de acercarnos por la derecha. Esta fue la batalla de Caseros para los de casa. La batalla, para el público, puede leerse en el Boletín número 26, novela muy interesante, que tuvimos el honor de componer Mitre y yo”. Criticado por el uniforme estilo europeo que vestía dijo: … “yo era el único oficial argentino que ostentaba en campaña un equipo europeo: silla, espuelas, espada, levita abotonada, quepís francés, paletó en lugar del poncho. Todo yo era una protesta contra el espíritu gauchesco, lo que al principio dio lugar a algunas bromas y críticas. Para la lluvia disponía de una capa blanca de goma elástica y para acabar con estos deatlles de mi propagana culta, elegante y europea, en aquellos ejércitos de apariencias salvajes, debo añadir que tenía botas de goma para la lluvia, una tienda fuerte y bien construída, catre de hierro y provisiones de boca para cargarlo todo en un caballo” (dixit Eduardo Pogoriles)

Conclusiones y opiniones
A primera vista, “Caseros” parece un cambio inesperado. En 1850 JUAN MANUEL DE ROSAS está en la cima de su poderío político. Las guerras internas han terminado dentro del espacio de la Confederación, Francia y Gran Bretaña han firmado la paz, reonociendo el Río de la Plata como un río interior bajo el control de Buenos Aires y Brasil debe resignarse a aceptar un equilibrio de fuerzas en Uruguay. Pero apenas en un año, jugando con la posibilidad de una nueva guerra con Brasil, ROSAS pierde a la elite de su ejército y a sus principales jefes (Oribe y Urquiza), que se alían con sus adversarios. En mayo de 1851, el gobernador de Entre Ríos se pronuncia contra él y garantiza la paz en Uruguay. Con apoyo de tropas brasileñas, cruza el río Paraná y avanza sin que nadie lo ataque. En cónsul ingles escribe a Londres y dice: “la falta de entusiasmo es muy grande; la masa del pueblo desea la paz, creyendo obtenerla más fácilmente si se permite que URQUIZA destruya a ROSAS”.

“Cómo explicar la parálisis del gobierno porteño?. La indiferencia de las provincias y el silencio de los estancieros como ANCHORENA que habían encumbrado a ROSAS en 1829 (Más tarde, desde su exilio diría “El pueblo me aborrece porque mis generales y mis hermanos lo han saqueado y mis generales me abandonan,  porque están gordos de fortuna y quieren guardarla”). Dice a este respecto el historiador Luis Alberto Romero: “La caída de ROSAS se explica porque su sistema de gobierno ya era anacrónico para la época. Logró que la soberanía porteña fuera reconocida por potencias extranjeras y reconstruyó un precario orden estatal, pero su mirada se agota en Buenos Aires. Era el momento de repartir las rentas de la Aduana con las provincias y construír un Estado Nacional. URQUIZA encarnaba eso: era un caudillo más moderno”

“Caseros marca el final de la unidad nacional en los términos soberandos que había definido ROSAS con el Pacto Federal de 1831: él no estaba en contra de una Constitución, sólo pedía tiempo. La guerra civil seguirá luego de Caseros durante 30 años más, hasta 1880”. Opina el Académico de Historia Juan Manuel Soaje Pinto, del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas”Juan Manuel de Rosas”.

JUAN BAUTISTA ALBERDI, por su parte, dijo: “La victoria de Caseros, por sí sola no coloca al país en posesión de cuanto necesita. Viene a ponerla en el camino de su organización y progreso y así considerada, es un evento tan grande como la Revolución de Mayo, que destruyó el gobierno colonial español”.

Para la Directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar “es clave ver que en 1852, el Estdo Argentino, no existía; se fue haciendo. Las fronteras dependían de equilibrios regionales inestables. Frente a estados ya consolidados como Chile o Brasil, el sistema de ROSAS no tenía futuro porque se basaba en pactos interprovinciales de palabra, en no reconocer la independencia de Paraguay, en intervenir en las guerras civiles de Uruguay o el sur de Brasil. URQUIZA vio que el Litoral debía modernizarse rápidamente” (dixit Eduardo Pogoriles)

Distintos destinos
Los protagonistas de la batalla de Caseros, ROSAS y URQUIZA, tuvieron destinos muy distintos: El primero tuvo un tranquilo exilio en una granja de Southampton, fue homenajeado por los comerciantes y la sociedad inglesa y se escribió con URQUIZA, quien le permitió vender parte de sus propiedades. URQUIZA fue el Presidente de la Confederación entre 1854 y 1860, pero se recluyó en Entre Ríos luego  de ser vencido en la batalla de Pavón por BARTOLOMÉ MITRE. Un hombre de su entorno, oicial que había actuado bajo sus órdenes, JOSÉ LÓPEZ JORDÁN, lo asesinó en 1870, acusándolo de haber traicionado la causa del federalismo y al gobierno paraguayo de SOLANO LÓPEZ, que fuera derrotado ese año por la fuerzas de la Triple Alianza, integrada por Argentina, Brasil y Uruguay (dixit Eduardo Pogoriles).

(1) Dice este documento: “Febrero 3 de 1852. Señores Representantes: es llegado el caso de devolveros la investidura de Gobernador de la provincia de Buenos Aires y la suma del poder con que os dignasteis honrarme. Creo haber llenado mi deber como todos los señores Representantes, nuestros conciudadanos, los verdaderos federales y mis compañeros de armas. Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, de nuestra integridad y nuestro honor, es porque más no hemos podido. Permitidme Honorables Representantes, que al despedirme de vosotros,  os reitere el profundo agradecimiento con que os abrazo tiernamente y ruego a Dios por la gloria de Vuestra Honorabilidad, de todos y cda uno de vosotros. Herido en la mano derecha y en el campo, perdonad que os escribo con lápiz esta nota y de una letra trabajosa. Dios guarde a V. H.”.

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