BARRIO PARQUE CHAS

Hay un rincón de Buenos Aires del que los forasteros les cuiesta salir, acaso porque una vez que entran, el destino geográfico suele jugarles un imprevisto pase de magia y los envuelve en un laberinto urbanístico del que resulta complejo salir. A partir de su intrincada personalidad circular, Parque Chas adoptó identidad de barrio independiente, con una impronta más que definida, pese a que los mapas y planificaciones desmientan semejante calificación. De todas maneras, esa zona extraña, excepcional dentro de la identidad arquitectónica porteña, es mucho más que un curioso conglomerado de calles y casas al que los taxistas procuran evitar.

Es una literal leyenda urbana, pródiga en relatos sobre su atmósfera extraordinaria (algunos de ellos fueron recopilados en el cómic “Parque Chas” publicado en los ’80 por la revista “Fierro”). Desde la especulación sobre cierta secreta terminal de una línea de subte construida por JUAN D. PERÓN como posible vía de escape desde la Casa Rosada, hasta las hipotéticas concentraciones de energías que exceden lo humano y lo terrestre, forman parte de ese folklore instalado en el inconsciente colectivo.

Sin embargo, no hace falta ir tan lejos para encontrar en este curvo entramado una historia tan fascinante como las fantasías que se han tejido acerca de él. Francisco Chas, hijo de una hermana de MANUEL BELGRANO, sobreviviente de la batalla de Caseros y diputado constituyente en 1854, vendió una parte de sus tierras de Villa Ur quiza -en la segunda mitad del siglo XIX- a la empresa “Catalinas”, pero la familia conservó otro sector, que fue loteado en 1925. Y aquí viene lo más interesante: el origen de la forma circular del actual Parque Chas, no obedeció a criterios estéticos sino económicos. Quienes realizaron el trazado,  comprobaron que si usaban el criterio de “damero” (cuadriculado de la mayoría de nuestros Barrios), obtendrían 40 manzanas de las 40 hectáreas disponibles en ese lugar. Al optar por su forma circular, la cantidad de lotes creció a 120, ocupando la misma superficie.

Lejos de la magia y cerca del ingenio, los ingenieros GUERRICO y FREHNER lograron el milagro de la multiplicación de las casas de ese intrincado espacio de Buenos Aires. Como recurso extra para sobreponerse a las penurias económicas de la época y de los primeros habitantes (la mayoría de ellos obreros de la fábrica de ladrillos que ocupaba el actual parque), los lotes se entregaban con 10.000 ladrillos a  condición de una rápida edificación. Así, el barrio circular creció con velocidad, albergando en ca­sas similares (construidas con la misma cantidad de ladrillos) a quienes procuraban evitar el hacinamiento de los céntricos hoteles de inmigrantes. Y la fábrica de ladrillos se aseguraba asistencia perfecta. Una suma de estrategias acaso más legendarias que todos los mitos que envuelven, como la niebla, a ese lugar de la ciudad al que da gusto entrar, aunque sea muy difícil salir.

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