BARRIO “MATADEROS”

Barrio de criollos e inmigrantes. De todos los barrios de la ciudad de Buenos Aires, Mataderos es, quizás, uno de los que mejor sintetiza el choque entre viejos y nuevos tiempos, porque el progreso acarreó el desplazamiento de personajes, oficios, edificios y costumbres.

En sus comienzos como barrio, podíamos distinguir entre sus habitantes, dos grupos bien diferenciados: el criollo y el inmigrante, a los que podemos agregar “el guapo”, un personaje que ya no existe, pero que en el pasado le dio esa impronta de violencia que lo marcó durante mucho tiempo. El elemento criollo típicamente gauchesco, es el que carga al barrio de  Mataderos con una característica muy particular, como lo señala el poeta EDMUNDO SUÁREZ (hermano del famoso boxeador JUSTO SUÁREZ),  en los siguientes versos: “Mi Buenos Aires tiene su antiguo  barrio criollo/ Cuna de campeones que causó admiración/ Donde el toro más bravo o el potro más salvaje/ Se rinde ante un criollaje de astucia y corazón”. Y eso fue así porque a principios del siglo XX, un grupo de gauchos habitó en el barrio de Mataderos (cuando se llamaba Nueva Chicago). Trabajaban en y con el matadero, que recién se trasladaba desde Parque Patricios. Comúnmente se los llamaba “reseros” y eran los que realmente sabían manejar el ganado y podían realizar todas las tareas afines, que en esa época y debido a la escasa tecnología, requerían destreza maestría, coraje y conocimiento.

El afincamiento del criollo en ese barrio y la posterior incorporación del inmigrante,  fueron caracterizando en forma definitiva a su población. El primero, con sus atributos gauchescos, su destreza con el caballo, su rudeza, la dureza de sus faenas  y el inmigrante que vino a aportar su mano de obra en esta “pampa del asfalto”, ambos bien instalados y transmitiendo a sus hijos, su amor por el barrio. Nunca olvidarán aquellos hombres que vivieron en el viejo Barrio de Mataderos, las cabezas de ganado que avanzaban entre mugidos, sus ojos redondos y azorados, los hocicos rosados de los que colgaban hilos de baba. Hasta que se iniciaba la tarea de los degolladores. Las chatas esperaban cerca y entre ellas, pululaban los vendedores de café, rosquillas y “pororó”, aunque no faltaban los entoldados donde se vendía ginebra y apetitosos churrascos hechos a las brasas.

Pero el espectáculo del matadero, producía en el no acostumbrado, cierto temor no exento de atractivo magnetismo. Desde  la viscosidad del piso cubierto de sangre, hasta las bolsas que se llenaban con sebo, tenían su atracción y aportaban nuevas emociones. Cierta vez, uno de los “mucangueros” (ver “La mucanga” y los  “mucangueros”), rodó al resbalar en el piso húmedo y rojizo, se le abrió la bolsa que llevaba y se le desparramaron el sebo y las achuras que había recogido, causando el consiguiente alboroto de los presentes que quizás veían así, desparramadas por el suelo, partes de algo que poco antes tenía vida. Algunos tardaban en costumbrarse a estos espectáculos y pasaba un tiempo antes de que el ánimo se les curtiera tanto como curtieran su garganta con grapa y chimichurri.

Fiestas en las fechas patrias
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En las fechas patrias, las casas de cinc, típicas del barrio, se adornaban con banderas y abundaban por las calles, los vendedores de tortas y los maniseros con sus carritos imitando pequeñas locomotoras con sus chimeneas por donde salía el humo, que certificaba la cálida temperatura de sus crujientes arrollados de papel, rebosantes de maní tostado.. Otros pregonaban, lupines, churros, tortas fritas, pasteles con miel e infinidad de ricuras que garantizaban una feliz jornada. No faltaba tampoco el vendedor de cucuruchos que portando al hombro su tarro- ruleta ofrecía la posibilidad de ganarle al azar, logrando recibir un cucuruchos por cinco centavos, o dos si la suerte lo favorecía al hacer girar la ruleta. Adhiriéndose a la fiesta, otros preparaban en un descampado alisando el terreno y clavaban un palo cuidadosamente enjabonado y para que los jóvenes intentaran la hazaña de subir por él, hasta alcanzar el ansiado premio de una muñeca, un cuchillito o un mate con bombilla, mientras otros competían en una encarnizada “carrera de embolsados”, con lo que además de ganarse soberanos porrazos, hacían desternillarse de risa a los asistentes.

Con el tiempo se dispuso llevar el matadero a otra ubicación y el barrio se fue transformando por obra del progreso. Se despoblaron los galpones de los saladeros y ya no se veían tantos perros sueltos y hambrientos por las calles husmeando o disputándose desperdicios de la faena, pero cuando por fin se trasladaron los mataderos que le daban su nombre al barrio, se le quiso cambiar el nombre, pero se suscitaron ásperos debates, donde se demostró que el orgullo de pertenecer superaba al rechazo  del nombre y hoy el intento, queda registrado como una anécdota más, mientras que la identificación del nombre con el mercado y la pertenencia de los mataderos, sigue viva en el presente.

Una de las familias más tradicionales del barrio era la de los MONTEIRO, recordados aún hoy por la mayoría de los vecinos. Una de esas vecinas, IRIS BUSTAMANTE, contó en cierta oportunidad, que era en la casa de los MONTEIRO, donde se realizaba unas fiestas que memora así: “La casa de los MONTEIRO quedaba sobre Oliden al 1600 y allí festejaban todas las fiestas patrias corriendo carreras de sortijas y después invitaban a toda la gente amiga del barrio a su casa. Allí se bailaba el pericón, la zamba y el escondido, vistiendo la mayoría de gaucho. Eran fiestas bien gauchescas”

Poco faltó para que comenzaran a llegar al barrio, familias enteras de inmigrantes, atraídas por sus grandes  arboledas, los espacios abiertos y la vinculación afectiva que se notaba entre todos los que serían sus vecinos. Se fueron agrupando por colectividades y así, los italianos y los españoles, que eran los más numerosos, fueron marcando el camino de otras colectividades menores que también formaron sus “reductos” en el barrio. En el año 1908, se fundó la “Farmacia Pinedo” en la calle Juan Bautista Alberdi 6102, esquina Murguiondo siendo la farmacia mas antigua de Mataderos (dixit  Luis Pinedo).

ELIDIA FERRERO DE SZYMANIS, una señora argentina, hija de inmigrantes italianos, relató en cierta oportunidad, el estilo de vida de su colectividad al afincarse en el barrio, diciendo: “Creo que uno siempre lleva el lugar de nacimiento a todos los rincones donde se mueva y eso es lo que pasó con mi familia. (…) Eran del Piamonte (…). Mamá y papá se conocieron, se casaron, se quedaron en Mataderos y yo nací y me crié en este barrio. En la calle Bilbao, entre Pola y Fonrouge. Teníamos una de esas casas grandes largas, con muchas habitaciones, y una era la pieza para fabricar el vino. La elaboración del vino era una costumbre que reunía a los italianos del barrio con esa finalidad común. Al principio todos los vecinos empezaron a hacer el vino juntando el producto de sus propias parras, pero después se hacían traer camiones completos de uvas. La ceremonia de probar el vino iba acompañada de alimentos, sobre todo de chacinados que también eran elaborados en forma casera con sustancias especiales que eran secretos de familia.

Pero, además de gauchos e inmigrantes que se asentaron en Mataderos, como hemos dicho, existió allí otro tipo de personaje: “el guapo”, que surge del mismo ambiente de los mataderos. No es el compadrito, ni el pituco de otros barrios; sino el bravo, el peleador, el hombre armado. Por lo general no era matón, pero gustaba del enfrentamiento y las peleas. FERRERO DE SZYMANIS cuenta: “Normalmente en el mercado trabajaba gente muy calavera. La gente trabajadora en el matadero iba toda de cuchillo en la cintura. Era gente muy guapa. También en el barrio había muchas peleas. Antes se peleaba mucho a cuchillo. Siempre había peleas en los bailes del “Club Alberdi”, pero donde más se peleaba era por la Recova (hoy avenida  de los Corrales y Lisandro de la Torre)” (datos extraídos del artículo “Mataderos: criollos e inmigrantes”, publicado en “Historias de Buenos Aires”, Año 2, N° 6, Buenos Aires, editado por el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, noviembre de 1987).

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2 Comentarios

  1. luis

    Quiero destacar que la Farmacia Pinedo fue fundada en el año 1908 en J,B Albedi 6102
    esquina Murguiondo siendo la farmacia mas antigua de Mataderos .-

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Luis: Gracias por su colaboración. Ya hemos incorporado el dato que Usted nos aportara, sobre la Farmacia Pinedo.

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