BARRIO “COGHLAN” (01/02/1891)

Un barrio con estilo inglés. Construido en torno de las vías del ferrocarril, en el barrio de Coghlan se percibe la influencia británica en edificios de fines del siglo XIX y principios del XX.  Es uno de los barrios más pequeños de Buenos Aires. Ubicado en corredor norte de la ciudad, tiene la forma de un pentágono atravesado por la avenida Balbín (antes avenida Del Tejar),que limita con los barrios de Belgrano, Saavedra, Núñez y Villa Urquiza y muchos de sus habitantes creen que son en realidad vecinos de esos barrios, aunque reconocen que Coghlan, tiene su propia personalidad:

Su origen
Coghlan es un barrio construido para y por el tren. Las tierras que rodean la estación fueron loteadas solo después de la construcción ferroviaria. Recordemos que el 1º de febrero de 1891 se inauguró la estación de Coghlan, alrededor de la cual se formó este tranquilo y residencial barrio porteño que tiene el mismo nombre, que recuerda al ingeniero irlandés JUAN COGHLAN (1824 – 1890) que llegó al país para trabajar en la Municipalidad y más tarde fue técnico de los ferrocarriles ingleses. La estación se inauguró un año después de su muerte; cuando todavía la línea Bartolomé Mitre, que enlazaba Retiro y Tigre, se llamaba Ferrocarril Central Argentino. Alrededor de la estación se levantaron numerosas viviendas, siguiendo el estilo arquitectónico inglés, destinadas a albergar a funcionarios jerárquicos del Ferrocarril y a sus familias. Hoy, además de la línea Mitre, por sus territorios, también corren las vías de los trenes que se dirigen a José León Suárez.

Aislada entre barreras, la zona tiene una influencia arquitectónica británica y también de las comunidades vasco francesas. Muchas de esas casas perduran todavía y han sido revaloradas a partir de un reciclaje cuidadoso. Aisladas por las vías del tren, sus calles conservan todavía una tranquilidad suburbana, sumando al encanto de sus arboledas, y de los jardines que poseen muchas de sus viviendas. Dentro del barrio se encuentra el Hospital Pirovano, uno de los centros asistenciales más importantes y concurridos de la Capital. Y sobre la avenida Rómulo Naón, se levanta la parroquia Santa María de los Angeles, construída por los padres franciscanos capuchinos e inaugurada en 1928. En la esquina de avenida Balbín y Franklin D. Roosvelt, se encuentra una antigua casona construida en 1900 como casa de campo y desdichadamente destinada a estación de servicio.

Los vecinos del barrio, la ONG “Basta de Demoler” y la “Asociación Civil Amigos de la Estación Coghlan” trabajan con intensidad para conservar la fisionomía del barrio y así mantener sus rasgos típicos”, cuenta la arquitecta María Eugenia Carranza. Continuamente, realizan acciones para oponerse a la construcción de torres y edificios altos, como fue el caso de Villa Roccatagliata, un palacio de principios del siglo XX que, luego de varios conflictos, será puesto en valor, aunque a su alrededor se construirá un edificio de casi 30 pisos.

Sin solución de continuidad entre la estación y la trama del barrio, se abre una plaza sobre la calle Roosevelt que conforma un pasaje de dos cuadras cerrado al tránsito. Aquí se pueden apreciar las líneas más puras del estilo de arquitectura inglesa con una reminiscencia necesaria a la estética del ferrocarril. En 2007 se declaró como Área de Protección Histórica. Además de los juegos para niños, la plazoleta tiene un mástil donde se iza la bandera cada día.

Coghlan es un barrio hermoso y explícitamente ferroviario, de ahí que su emblema sea la estación de tren. “Se trata de un ejemplo típico de arquitectura inglesa ferroviaria, construida a fines del siglo XIX, con techos de tejas de pizarra y aberturas de madera verticales. Las ventanas tienen molduras con forma de arco mientras que sobre los andenes se extienden techos de chapa con las típicas cenefas y columnas construidas en madera”, explica Carranza.

Sin el puente que conecta los dos andenes de la estación, al paisaje de Coghlan le faltaría algo. “Su estructura responde a la arquitectura de la Revolución Industrial. Se encuentra íntegramente realizado en hierro, lo que supone un gran avance para la época porque, de otra forma, este tipo de construcción más liviana y simple tendría que haber sido realizada con muros, ladrillos y vigas de madera. Mientras que en los interiores de la estación se tendían a ocultar las estructuras con decoración y ornamentos, en los exteriores como andenes y puentes se dejaba todo a la vista, como una manera de mostrar las innovaciones de aquel presente”.

Aunque todos trabajadores del ferrocarril, los primeros vecinos de la zona hicieron valer la historia de sus apellidos o, quizás, inventarla. En un recorrido por el barrio se pueden descubrir varias casas con escudos en sus fachadas. “Este tipo de ornamentos tienden a identificar rangos, cargos, dignidades, proezas o actividades”.

Todo aquel que sufra algún colapso de su salud en las inmediaciones de Belgrano, Villa Urquiza, Chacarita, Núñez o Colegiales terminará necesariamente en el Pirovano, un hospital que, en principio, fue construido en el terreno de una iglesia. Como no podía ser de otra manera, su arquitectura es de inspiración británica: “La tipología de la planta del hospital corresponde al modelo traído de Inglaterra, pabellones unificados a partir de una espina de circulación central que resuelve la circulación bajo cubierta. En cada pabellón se atendían las distintas especialidades médicas”.

Coghlan se puede sintetizar como unas decenas de manzanas loteadas en terrenos donde sus dueños construyeron enormes casonas, de acuerdo con la jerarquía del personal de la empresa ferroviaria, y sutiles casitas familiares de fachadas hermosas con galerías al frente en las que dan ganas de sentarse a ver la gente pasar. “En su mayoría, están construidas con ladrillos rojos o almohadillados, aberturas de orientación más bien vertical, de perfil angosto y elevado con techos de estructura de madera a varias aguas y tejas rojas”.

Desde diferentes ángulos del barrio, es posible contemplar una construcción de 35 metros de altura que alguna vez funcionó como una torre de ventilación de Obras Sanitarias. La misma estructura se repite en distintos sectores de la ciudad. En su momento, estos pequeños obeliscos permitían la circulación de aire por las cañerías cloacales subterráneas, para así expulsar gases. A pesar de su prosaica actividad, “hoy lucen como encantadoras torres de base octogonal de hormigón, con revoques y ladrillos, rematadas con un cuerpo de material con molduras y un pararrayos”  (ver “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires” editado por el Instituto Histórico de la ciudad de Buenos Aires).

 

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