BARRIO “CABALLITO”

Es un páramo urbano. Por esas calles angostas de adoquines, el silencio pa­rece dictar su propio tiempo. La arquitectura de estilo inglés ahora reciclada, es la foto sepia de una historia construida junto con la llegada del ferrocarril. Por eso, por su valor histórico y patrimonial, la Legislatura porteña dispuso que el Barrio Inglés, en Caballito, sea declarado “área de protección histórica”. El barrio, con límites en la avenida Pedro Goyena y las calles Valle, Emilio Mitre y Del Barco Centenera, es un espacio protegido, lo mismo que lo es la avenida Alvear, en la Recoleta. De esta forma, se garantizó el control sobré las intervenciones en las vere­das, no se podrán modificar las fachadas de las casas, se buscará conservar las especies de árboles que lo pueblan y habrá regulaciones para la colocación publicidad.

En el Barrio Inglés, las casonas de estilo Tudor, con sus arcadas en punta, sus escudos heráldicos en las ventanas, conviven con las de estilo ecléctico. Y con sus señoras coquetas que esperan maquilladas, con sus pequeños perros chihuahua, como para salir a ningún lado. Es que es un barrio exquisito. Allí, una casa puede costar una fortuna para el común de los mortales, pero hace ochenta años, según cuenta una de esas damas coquetas de más de ochenta que es vecina del lugar, “los créditos permitieron la llegada de gente de clase media, pero hoy, el barrio quedó reservado sólo para los de mucho dinero”.

“Este es un barrio de casas de estilo en plena Capital y los vecinos sabemos que se va a conservar así porque la construcción de  edificios para departamentos lo desarmaría”. “Este es un barrio familiar que permite apreciar la arquitectura y que conserva un criterio: guarda las construcciones típicas y no permite las elevadas”, son otras opiniones de los vecinos, que son los que más quejas han elevado a las autoridades, para oponerse a la construcción de edificios altos en la ciudad de Buenos Aires. Grabados sobre las fachadas de esas casas de estilo, todavía se leen los nombres de sus arquitectos: EDUARDO LANÚS, CONI MOLINA, NICOLÁS FERRARI entre otros.  Ahora, en cada esquina, esos nombres conviven con las garitas de seguridad privada encargadas de custodiar los mini cooper prolijamente estacionados en la vereda. Es que esas casonas que parecen reproducidas en serie, no tienen garajes. Cuentan los vecinos que se debe a que las casas pertenecían al personal jerárquico del Ferrocarril Oeste: jefes que, claro está, tenían choferes (Material extraído de una nota de Gisele Sousa Días para el Diario La Nación)

 

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