BARRIO “BELGRANO” (06/12/1855)

El 6 de diciembre de 1855, se le dio el nombre de “Belgrano” a un flamante pueblo que después se convertiría en uno de los barrios más famosos y elegantes de Buenos Aires. En los alrededores de Buenos Aires se levantaban entonces algunos barrios que se consideraban aledaños y no estaban incluídos en el ejido de la ciudad y entre ellos recordamos a San José de Flores, San Isidro y San Fernando y poco antes el partido de Barracas. Aunque desde hacía mucho tiempo las autoridades habían prometido dar el nombre de MANUEL BELGRANO a alguna nueva población, la promesa tardó en cumplirse. En 1855 algunos vecinos de San José de Flores, pobladores del paraje conocido entonces como Los alfalfares de Rosas”, terrenos que lindaban sobre las barrancas del Río de la Plata y  que le fueran confiscados a JUAN MANUEL DE ROSAS por el gobierno de la provincia después de Caseros, pidieron al Ministro ADOLFO ALSINA que se fundara un pueblo con nueva Iglesia y nuevo Juez de Paz, porque la población del suyo había crecido demasiado. Alsina lo creó el 23 de noviembre y 13 días más tarde, el 6 de diciembre de 1855,  se lo bautizó como “Belgrano”, aunque no hubo ninguna ceremonia de fundación. El Acta de Fundación del “Pueblo de Belgrano” fue refrendada el 6 de diciembre de 1865 y desde entonces, ha generado tanta historia, tanta leyenda que lo ubican como uno de los barrios emblemáticos de Buenos Aires.

Un año más tarde, “Belgrano”, que se estableció en una calera propiedad del Estado, se convirtió en partido judicial de campaña. En 1862 llegó el tren y así nacieron Belgrano R, por la línea ferroviaria que iba a Rosario, y Belgrano C, por la línea del ferrocarril Belgrano Central. En el pueblo estaban las quintas y residencias de verano de las familias más encumbradas del país y en algunas de las viejas casonas se tejió parte de la historia nacional, mezclada con leyendas de fantasmas y exorcismos. Durante la década de 1870 se levantaron algunas de las más bellas obras de arquitectura, convertidas ahora en museos, y también se construyó el mercado de Belgrano en Juramento y Ciudad de la Paz, que tuvo como primer concesionario a RAFAEL HERNÁNDEZ, hermano del autor del Martín Fierro. En 1880 el presidente NICOLÁS AVELLANEDA debió enfrentar la rebelión de CARLOS TEJEDOR y se instaló con sus ministros en Belgrano, que poco después fBuenos Aires, fue declarada capital de la República. En 1887 la provincia cedió el territorio a la Capital, y Belgrano pasó a ser uno de los barrios porteños. Hoy quedan muy pocos de sus caserones de tejas. Está superpoblado, tiene un tránsito infernal, pero sin embargo aún conserva su propio y secreto encanto, ofreciendo recuerdos de otra época entremezclados con una actualidad que asombra por su enjundia y pujanza.

Y si aún puede oírse en la noche el rumor de las carretas cruzando con cansino paso sus calles de tierra durante la época de Juan Manuel y si allí estaban “La Blanqueada”, una pulpería donde por la mitad del siglo pasado descansaban los troperos, ubicada en lo que hoy es la esquina de Pampa y Cabildo. Y si allí estaba la casa donde el poeta José Hernández eligió para vivir, en la cuadra de lo que es hoy Juramento entre Ciudad de la Paz y Amenábar, hoy, la antigua pulpería, sus chacras aledañas y los hogares de quienes poblaron las páginas de nuestra historia, yacen debajo de las torres de Belgrano en su última y moderna fisonomía:

Fisonomía que es definida por su intensa actividad cultural, el empuje y la calidad de su comercio, la oferta de multitudinarios espectáculos y el rumor de sus habitantes que hacen del día un escenario de intensa y febril actividad y de  la noche una fiesta excitante e inigualable. Y sí, porque Belgrano es una fiesta. Sus maravillosas barrancas, sus innúmeros restaurantes, confiterías, “pools”, cines y ferias artesanales, hasta sus clubes deportivos y shows artísticos, proponen una salida de jornada completa, con diversidad de posibilidades para la familia entera, que merecen ser vividas.

Sus lugares
Comenzaremos nuestro itinerario, partiendo desde la Iglesia de la Inmaculada Concepción”, la célebre “Redonda”, obra de los arquitectos NICOLÁS y JOSÉ CANALE, padre e hijo, que fue inaugurada el 8 de diciembre de 1878. La planta circular del templo es una muestra de la originalidad de los belgranenses, que siempre se rodearon de cosas buenas y exclusivas. .Ubicada a espaldas del centro neural del barrio (Cabildo y Juramento), rodeada de jardines, esta iglesia ha sabido crear un amplio ámbito de serenidad y recato, propicio para la oración y la reflexión. Al fondo y tangencialmente a su círculo, se levantan antigüas dependencias del templo que conservan su original arquitectura y no deja de impresionar, el hecho de que por ellas, FERNANDO VIDAL OLMOS, protagonista del extenso “Informe para ciegos”, capítulo clave de la novela “Sobre héroes y tumbas” de ERNESTO SÁBATO, penetró en el pavoroso mundo de  las tinieblas.

En Pampa y la vía. Un paraje singular del barrio de Belgrano,  que a la inventiva popular le sirvió para definir  el destino de los turfman (en argentino, burreros) que habían perdido hasta la camiseta en alguna reunión del Hipódromo Nacional, que funcionó en Belgrano, frente al hoy estadio de River Plate, hasta 1912 y fue esa actividad hípica,  demandante de coquetos “studs” o caballerizas que pronto poblaron el lugar, lo que convirtió a Belgrano en el barrio “studero” por excelencia de Buenos Aires, y el pequeño y ajetreado mundillo de los cuidadores de caballos, quedó reflejado en la letra del tango “Bajo Belgrano”, de AIETA y GARCÍA GIMÉNEZ, que CARLOS GARDEL supo cantar con impar maestría, no solamente por la calidad de su voz sino porque él también fue un apasionado de las carreras y dueño de varios caballos, entre ellos Lunático, una monta memorable de otro “monstruo”. IRINEO LEGISAMO. Al Belgrano, “studero” -es decir, según JOSÉ BARCIA en su Diccionario Hípico, vinculado con el stud y su actividad,- no le queda más que el tango y un par de caballerizas que ya no pensionan “pur sang” pero que transformados en elegantes restoranes, mantienen viva la llama del recuerdo y el ejercicio de la equitación en el barrio.

Las Barrancas se constituyen, por un lado, en el accidente topográfico más notable de Belgrano, por otro, afirman los “belgranenses”, que en su deseo de rodearse de belleza, en 1871 los vecinos las adquirieron a la Municipalidad, con el fin de hacer en ellas jardines para impedir así, la construcción de casas que obstruyeran la hermosa vista al río que desde ellas e gozaba en aquellos días. Hoy, si bien cabe  preguntarse ¿Qué río? (porque hoy ya no se lo ve), es posible aún disfrutar de esos jardines, porque este hermoso paseo perdura y en él los ornamento y los homenajes que allí se instalaron para embellecerlo: el busto del Belgrano, el de LUIS FONTANA, el don ANTONIO SANTA MARÍA, la fuente de motivos marinos, de José Arduin, obsequiada al barrio por  NICOLÁS MIHANOVICH,  una réplica de la Estatua de la Libertad,  una Diana Cazadora, el quiosco de la  música, un busto del general  San Martín, otro de LUIS PERLOTTI, un mástil con relieves de ARTURO DRESCO y árboles, muchos árboles, son el legado que nos dejaron aquellos soñadores, para que hoy lo disfrutemos todos.

Y también hay árboles y más árboles, en la antigüa Plaza de Belgrano, dando cabida a vecinos y paseantes,niños en sus juegos y adultos en sus bancos, vigilados por tres graciosas ninfas de mármol, obra de Antonio Cano, que púdicamente ocultan su desnudez, tras cómplices matas  y arbustos. En el centro de la plaza se erige el monumento a MANUEL BELGRANO, que mira hacia la calle Juramento, tal vez para no ver cómo manos devastadoras han ultrajado el pedestal del mástil para la bandera, que se halla sobre la calle Vuelta de Obligado, destruyendo hasta los hermosos versos de MANUEL MUJICA LÁINEZ, que se habían grabado en la piedra. Y esto no es todo: en el llamado “Bajo Belgrano”, honrando la memoria de las unidades que participaron en la defensa de Buenos Aires, durante las invasiones inglesas, algunas de sus calles que corren paralelas al Río de la Plata, llevan el nombre de regimientos que participaron en esa epopeya, aunque lamentablemente se han olvidado de ponerle a una de ella, el nombre del gloriosos Regimiento de  “Pardos y Morenos”, lo que es una lastima (dixit Alfredo Quiroga)

Pero aquí no se acaba la vocación por la belleza y la cultura de quienes imaginaron este hermoso espacio de la ciudad de Buenos Aires. Sobre el lateral paralelo a la avenida Cabildo, cruzando un antigüo y rústico portón de madera, quien desee darse “un baño de hispanidad”, podrá ingresar al Museo Municipal de Arte Español Enrique Larreta”,  impostergable visita que aconsejamos realizar antes de seguir su recorrida por la Plaza Belgrano. Un recorrido que deberá  incluír, una visita al Museo Histórico Sarmiento, cuya sede de hoy, fue el Palacio Municipal, en las épocas que Belgrano era ciudad y no barrio y en la que más tarde, deliberaron la Cámaras Legislativas, cuando Belgrano fue la capital de la República, durante la crisis de 1880 (revolución de Carlos Tejedor). Y hay más en este mítico barrio. Dentro de sus límites catastrales, se encuentra el monumento a Güemes (Figueroa Alcorta y Pampa), el monumento a los caídos en cumplimiento de su deber de la Policía Federal (Figueroa Alcorta y Monroe), el Club Hípico Argentino, la Plaza República de Méjico,  el Templo de Evangélico Bautista,  la Sinagoga de la comunidad Bet El, el Centro Argentino de Cultura Irlandesa, el Museo Casa de Yrurtya, La casa que fue de Valentín Alsina, la la Iglesia de la Inmaculada Concepción, la fuente monumento al IV Centenario de la fundación de Buenos Aires y otros muchos lugares de interés (ver “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires” editado por el Instituto Histórico de la ciudad de Buenos Aires).

 

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