Baba del diablo

En campo abierto, es frecuente ver una especie de filamentos blanquecinos, largos y muy livianos que vuelan empujados por el viento y que sólo se detienen al tropezar con algún obstáculo (alambrado, árbol, matorral, etc.). Cuando este obstáculo es una persona, estos filamentos se adhieren con particular firmeza a las ropas y a veces en la cara o en las manos. Y es esta circunstancia, la que motivó que la gente de campo del pasado argentino, a afirmara que estos desagradables filamentos, eran nada menos que las babas espumosas que el diablo, dejaba caer sobre aquellos, destinados a recibir una “maldad” o maldición. De ahí que estos filamentos, que son en realidad nada menos que un material segregado por una gran variedad de arañas que pueblan los descampados, sean llamados “baba del diablo”.

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