CIUDAD «NOMBRE DE JESÚS” (1584)

Como en 1570 los barcos de corsarios ingleses merodeaban el estrecho de Ma­gallanes, en el sur del actual territorio argentino, España decidió controlar directamente la zona (ver El Estrecho de Magallanes codiciado por los ingleses). Para ello, el virrey Francisco Álvarez de Toledo encargó al navegante PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA fortificar el Estrecho y evitar que en el futuro pudiera ser cruzado por navegantes extranjeros;

Fueron reclutadas 350 personas, vecinos de Sevilla y del sur de Extremadura, entre las cuales había 43 familias de origen humilde. Nadie les prometió  nada. Sólo venían en busca de mejores condiciones de vida y para crearse un futuro, convencidos que aquí mejoraría su situación económica. También formaron parte de la misión algo más de 400 soldados y 10 sacerdotes franciscanos, que zarparon en el año 1581 del puerto de Sanlúcar de Barrameda. En el camino hacia América, murieron 150 personas por disentería y el ingeniero que tenía el diseño de las fortificaciones desertó en Brasil.

Luego de sufrir infinitas peripecias, recién en 1584, llegaron a tierra 338 de esas personas que iniciaron el viaje  y se instalaron en cercanías de las costas del  Estrecho de Magallanes. Unos quedaron en el Cabo Vírgenes, muy cerca de donde hoy se encuentra el Faro y formaron el poblado que se llamó “El nombre de Jesús”, que fue  la primera fundación que existió en la Patagonia.  Otros se adentraron un poco más al oeste y fundaron  un asentamiento que llamaron “Rey don Felipe” hoy en territorio perteneciente a la República de Chile).

Hubo alegría con las fundaciones, pero todo siguió mal. la suerte no acompañó para nada a estas dos poblaciones  y ambas tuvieron  un destino trágico. El clima inhóspito, la enorme dificultad para conseguir alimentos, el abandono a que los condenó la desidia de las autoridades españolas y diversas calamidades, como ser enfermedades y quizás hasta la hostilidad de los nativos, hicieron que todos sus primeros pobladores, murieran desnutridos o enfermos, salvo uno que pudo embarcarse en un barco corsario que arribó a esas costas.

Nunca construyeron las fortificaciones soñadas. Sólo construyeron una iglesia, precarias casas para habitar y otro lugar para depositar municiones. Los colonos sólo  pudieron alimentarse con calafate (un arbusto con un fruto negro azulado) y con pescados y mariscos. Hasta que la subsistencia fue tan difícil, que el gobernador del Estrecho de Magallanes, PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA, decidió volver a Brasil para luego dirigirse a España, en busca de socorro y alimentos. Se llevó con él, el único barco que había y nunca pudo regresar a la Patagonia, trayendo los víveres que los pobladores necesitaban deseperadamente, pues en su viaje fue apresado dos veces, una por los ingleses y otra por los franceses

Mientras tanto, en los poblados, la gente sufría el abandono y la escasez.  En 1583, quedaban solamente 200 personas en “Nombre de Jesús” y otros 100 en “Rey don Felipe”. Se sabe que entre éstos se hallaba un tal  TOMÉ HERNÁNDEZ y que éste, junto con otros dos españoles, estando pescando, un día divisaron un barco inglés que se acercaba.  Hernández  subió a bordo y allí explicó la situación por la que atravesaban sus compañeros de infortunio. El capitán se ofreció para ayudarlos, pero intempestivamente levó anclas y se alejó mar adentro, dejando abandonados a los compañeros de HERNÁNDEZ, por lo que finalmente, él fue el único poblador de “Nombre de Jesús” que se salvó. Muy pronto no quedó nadie  vivo e igual destino le esperaría a “Rey don Felipe”, rebautizado “Puerto Hambre” por el corsario inglés Tomas Cavendish, que cruzó el Estrecho en 1587 después de haber recalado en Puerto Deseado,

Nada más se supo de aquella gente y este suceso de nuestra Historia, habría permanecido en la oscuridad, si en el año 2005,  un grupo de arquéologos del CONICET y la Universidad de Buenos Aires, liderado por María Ximena Senatore y Mariana De Nigris.no hubiera desentrañado el misterio. Tras paciente y cuidadosa búsqueda, estos profesionales encontraron un  cementerio de colonos españoles ubicado en esas tierras, el más austral y antiguo del territorio argentino, logrando así obtener el mayor indicio hallado hasta el momento, de la primera fundación española de la Patagonia (ver El Estrecho de Magallanes codiciado por piratas).

Locura, desgracias y traiciones
Fue una historia de desgracias y traiciones. Un «Aguirre, la ira de Dios» patagónico. La locura. La ambición desmedida del imperio español que sepultó a cientos de personas en el último rincón de América. PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA, el gobernador y capitán general del Estrecho de Magallanes, sufrió el abandono de un general que no suministró las provisiones necesarias. Tuvo que procurarse hachas para construir sus viviendas porque las habían robado. En las expediciones terrestres hubo deserciones y ajusticiamientos. El mismo marchó a «buscar ayuda», según los relatos, y dejó el paraje y a su gente. No pudieron sobrevivir por el hambre. ¿También por la ineptitud y las traiciones? (Oscar Angel Spinelli)

Varios siglos después, en 1876, esta punta remota del continente volvió a cobrar notoriedad; se descubrió que sus arenas guardaban un magnífico tesoro: el oro del fin del mundo. La fiebre del oro encandiló a muchos aventureros con alma de empresarios, saqueadores o corsarios, que poblaron, de manera efímera y en improvisados campamentos, toda la costa, pero pronto fueron dejando bateas y martillos. El frío, la gran distancia que los separaba de la “civilización”, pero principalmente porque el extraordinario filón, no era más que una solamente prometedora veta que fue rápidamente agotada, los fue llamando a la realidad y se alejaron del lugar, que volvió a sufrir en soledad, las teribles heladas y vientos que azotan a estas tierras del sur argentino

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