Andar de florcita

En la espartana y dura vida del campesino del ayer argentino, las flores eran para los hombres, “cosas de mujeres”, cosas sin importancia. Una flor era pues, algo sin valor, algo inútil, simple adorno que las mujeres ponían en “las casas”; de lo que podía prescindirse sin que le importara a nadie. La frase entonces “andar de florcita”, aludía a esa minusvaloración de las flores y se aplica aún, como antes, a las personas de ambos sexos que se preocupan demasiado de su apariencia personal, de su vestimenta  y de las diversiones, pero que descuidan y hasta rechazan el trabajo.

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