ANARQUÍA (1820)

ANARQUÍA. Término usado generalmente para designar períodos de desorden y guerra civil durante las primeras décadas de la vida independiente de la Argentina pero aplicado específica y correctamente al “terrible año 20” en el cual toda imagen de gobierno desapareció, simbolizado en el “día de los tres gobernadores” (20 de junio de 1820) cuando tres diferentes entes gubernativos en Buenos Aires fueron elegidos cada uno por su cuenta como gobernador, sin tener ninguno de ellos carácter legal o poder suficiente para mantenerse en su posición. La guerra civil —iniciada por los caudillos provinciales deseosos de una república federal basada en principios democráticos y opuestos al elitismo, el ocultamiento y el centralismo del gobierno de Buenos Aires (en apariencia complaciente por establecer la monarquía con un príncipe foráneo) y apoyada por ambiciosos líderes políticos que se oponían al gobierno del Directorio para satisfacer sus propios intereses— consiguió derrocar al gobierno (véase Cepeda), sólo para revelar el hecho de que no había un basamento político institucional subyacente que asumiera el poder. Diez años de liderazgo de Buenos Aires habían logrado éxito en destruir mucho de la odiada estructura política colonial pero, aceptando la esencial prioridad de ganar la independencia, no habían sido todavía capaces de construir nuevas estructuras. Las provincias, especialmente Buenos Aires, comenzaron a poner su atención en la tarea de crear nuevas instituciones orgánicas y viables en todos los aspectos de la vida provincial. Pospuesto para más adelante estaba el difícil problema de integrar estas autonomías regionales dentro del sistema nacional del cual todas se sentían una parte inherente. El intelectual JOSÉ MANUEL ESTRADA ha definido la victoria democrática de 1820 “como bárbara pero fecunda. Fecunda digo, porque fue una afirmación de la democracia como la fórmula inmutable de nuestro ser político, bárbara porque el núcleo social que la producía era bárbaro, porque sus métodos eran bárbaros y porque los caminos por los cuales conducía a la gente eran sangrientos” (citado en “Lecciones de. Historia Argentina” de Ricardo Levene).

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