AMALHAYA

Este vocablo, de uso tan común en todas las regiones argentinas, es nada más que una adaptación de la forma castiza “a mal haya”, transformada y tergiversado su significado por esa costumbre criolla de simplificar todo, para hacerlo más fácil para su austera y simple existencia. Así, además de quitarle el sentido imperativo y crítico de la expresión española, ha convertido el vocablo en un simple y exacto sinónimo de “ojalá”, sea, expresión de un ferviente deseo de que ocurra o se produzca algo considerado como muy importante o necesario. Valgan los siguientes ejemplos de su uso, para ilustrar lo expresado: “Amalaya me encontrara con ese guapo!”. “Amalaya fuese cierto lo que me han dicho!”, “!Amalaya llueva tres días seguidos!”.  Lo curioso con respeto a este término es la verbalización que el gaucho hizo del mismo: para él, “amalayar” equivale a desear.

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