ALEM, LEANDRO N. (1842-1896)

Abogado y Político., jurisconsulto y diplomático argentino.  Escritor de nota. Guerrero. Parlamentario notable. Fundador del Partido Radical, del cual fue desde el primer momento su verdadero apóstol. “Un espíritu batallador, de característica intransigencia; creía de muy buena fe que los vicios políticos que combatía, sólo podían ser eliminados a sangre y fuego…”. El mayor líder político (radical) de las dos últimas décadas del siglo XX. Se le reconocía “un aire entonado y viril, medio de compadrón, que le sienta muy bien”. Tenía el alma abundante de los caudillos. Se formó solo. En los arrabales lo adoraban. En los estrados, lo respetaban.

Se dedicó a los estudios de derecho ya la redacción de poesías, uno de cuyos versos puede servir como divisa de su vida: “Yo no doblego mi cabeza en la batalla”. Nació en Buenos Aires el 11 de marzo de 1842 y su historia encierra todo un drama. Desde su nacimiento hasta que se suicidó. A fines de 1853 fue fusilado su padre, LEANDRO ALEM, importante miembro de la Mazorca, juntamente con el feroz CUITIÑO, y colgado luego en la plaza pública, suceso que influyó notablemente en su personalidad. Él contaba entonces once años de edad y sufrió la vista de ese espectáculo horroroso.

Estudió las primeras letras en el colegio de LORENZO JORDANA. Allí conoció a ARISTÓBULO DEL VALLE, con quien mantuvo permanente amistad y al que lo ligaron las luchas políticas. A los dieciséis años ingresó a la Universidad, donde se vinculó con hombres de la talla de CARLOS PELLEGRINI, LUIS MARÍA CAMPOS y PEDRO GOYENA. En 1859 combatió en las filas del general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, en Cepeda y luego en Pavón en pos de la unidad nacional. Actuó en la guerra contra el Paraguay, asistiendo a los principales combates: Paso de la Patria, Tuyuty, Yatayty-Corá,  Curupaytí y al terminar ésta, regresó a Buenos Aires para terminar sus estudios de abogacía y dedicarse a la actividad pública.

En 1869 se graduó de doctor en jurisprudencia. Desempeñó en ese tiempo funciones diplomáticas, pero la política fue su pasión y a ella se consagró en cuerpo y alma. En 1871, fue elegido Diputado de la legislatura provincial de Buenos Aires y en 1874, participó en el sofocamiento de la revolución encabezada por BARTOLOMÉ MITRE y luego pasó a ser Diputado nacional, ámbito donde sobresalió por su fogosa elocuencia. Se opuso tenazmente a la política conciliatoria de AVELLANEDA y objetó elocuentemente la federalización de Buenos Aires sobre la base de que la jerarquía provincial reemplazaría a la porteña sin ningún beneficio para la representación popular y que constituiría, en definitiva, un paso más hacia un gobierno centralista de acuerdo con el modelo europeo en boga. Cuando la ley fue aprobada (véase federalización de la ciudad de Buenos Aires), renunció a su banca y se retiró a la vida privada. Se convirtió en líder intelectual y guía político del grupo de descontentos que buscaban cambios en la política y una mayor participación en el proceso gubernamental de la década de 1880.

En 1877 formó, con su amigo ARISTÓBULO DEL VALLE, el efímero Partido Republicano. Luego, en 1889, durante los confusos momentos de la crisis política y económica que enfrentaba el país, organizó la Unión Cívica de la Juventud, de la cual surgió luego, por una escisión partidaria, la Unión Cívica Radical, partido del que fue nombrado Presidente. En 1890, con ARISTÓBULO DEL VALLE y contando con el apoyo de BARTOLOMÉ MITRE, encabezó una revolución cívico-militar que estalló el 26 de julio de ese año y que provocó la renuncia del Presidente de la República, Miguel JUÁREZ CELMAN. En 1893 fue elegido Senador nacional, cargo al que fue reelegido al año siguiente y del cual renunció al poco tiempo, destacándose en toda la actividad política de los años siguientes – siempre opuesto a PELLEGRINI, el nuevo Presidente- y fomentando y apoyando revoluciones provinciales contra el gobierno.

Durante mucho tiempo su nombre constituyó un símbolo para las masas argentinas. En febrero de 1893, al frente de su partido, intervino en un fracasado intento revolucionario encabezado por HIPÓLITO YRIGOYEN, tratando de imponer reformas para lograr una mayor participación en la vida política del país. La revolución fue aplastada por el gobierno de LUIS SÁENZ PEÑA, pero logró quebrarlo y abrir el camino a su renuncia, que se produjo en enero de 1895.

Su muerte. Desilusionado con su propio partido, ante la actitud de algunos líderes nuevos que buscaban diferentes opciones y hasta, con su propio sobrino HIPÓLITO YRIGOYEN, según algunos autores, el 1º de julio de 1896, LEANDRO ALEM se suicidó, dejando una carta a sus más cercanos colaboradores en la que atribuía su acción a la traición de su partido. Había salido de su domicilio ordenando al cochero que lo condujese en el coupé al Club del Progreso. En el trayecto se quitó la vida, disparándose un balazo en el temporal derecho. Antes de tornar esta resolución tremenda escribió en un papel: “He terminado mi carrera, he concluido mi misión; para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir.”. Su cadáver fue colocado en el salón del mencionado Club y casi inmediatamente llegó el presidente del mismo, doctor ROQUE SÁENZ PEÑA, quien revisó los bolsillos de la ropa del suicida, encontrando un billete en el cual había escrito: “ ¡ Perdóneme el mal rato!… ¡ Perdóneme, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no en manos extrañas!”.

VÍCTOR M. BADANO ha escrito: “La vida de ALEM es excepcional. Hay un hecho cierto: su notable influencia sobre el pueblo, no sólo de su época, sino hasta del presente, al que ha llegado como un héroe de leyenda, cuya ejecutoria se trasmite por la tradición. Aun en su tiempo, hombres que no le conocieron le admiraron y otros que no alcanzaban a oír sus discursos en las grandes asambleas eran los que aplaudían con más ardor y entusiasmo.”  Pese a que la UCR que ALEM había conducido, estaba compuesta por diversos elementos, muchos de ellos nuevos en la vida política argentina, el mismo ALEM representaba el elemento popular tradicional del nuevo movimiento y en su persona confluían el federalismo y el populismo de principios y mediados del siglo XIX con las reformas de HIPÓLITO YRIGOYEN (su sobrino y discípulo político) y las que JUAN DOMINGO PERÓN, aplicará después, en 1945.

Alem, un hombre de mal genio. La figura del doctor LEANDRO N. ALEM, ha quedado como un romántico de la política, lírico y soñador que también escribió versos, y cuya barba de profeta, fue tantas veces registrada por la prensa de la época, entre ellas, las que inmortalizó “El mosquito”, donde aparece con su clásica t blanca y con una gran escarapela prendida en su pecho. Pero también fue conocido por su temperamento, como lo atestiguan dos anécdotas que JULIO A. QUESADA incluye en su obra “Orígenes de la revolución  del 6 de setiembre de 1930 (Rosas e Irigoyen”: «Una vez ALEM, en los tribunales del crimen, llevó en apelación un juicio a la cámara respectiva, de la que formaban parte los doctores  JUAN E. BARRA, BASUALDO, OCTAVIO BUNGE y otros. El fallo fue confirmatorio, y ALEM pidió notificarse de la sentencia en ujiería. Totalmente ofuscado, leyó los fundamentos del fallo  y arrancando violentamente la hoja de la sentencia, exclamó gritando: “Esto es una vergüenza!. ¡Esto no puede ser!”. El estupor del ujier era patético. Rápidamente le informó al Presidente de la Cámara, el doctor BARRA, y éste convocó a un acuerdo extraordinario, tras lo cual, a ALEM, se le aplicaron ocho días de arresto de cumplimiento real en el Departamento de Policía por desacato, pena que por mediación del doctor CARLOS PELLEGRINI, se le redujo a 24 horas”. En otra oportunidad, al entrar en el edificio de los Tribunales, en una sala donde se hallaban reunidos varios letrados, fue presentado a todos ellos y cuando tuvo enfrente a uno que había intervenido en uno de los casos llevados por Alem, le preguntó ¿Usted doctor es quien  intervino en el juicio (aquí nombró a los protagonistas de ese caso) ?. Al serle respondido que así era en efecto, le propinó tremenda trompada al colega, enviándolo por tierra. (ver nombres y apellidos  verdaderos).

2 Comentarios

  1. Anónimo

    Hay un pequeño gran error en el encabezamiento: Alem no fue presidente de la Nación.-

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Gracias. Infinitas gracias. No comprendo cómo se deslizó ese error. Seguramente el entusiasmo que me provoca hablar de estos personajes, me jugó una mala pasada y lo puse en el mismo lugar que ocuparon sus discípulos Yrigoyen y Alvear.. Le agradezco su colaboración y siento que con la ayuda de usuarios como usted, vamos camino a hacer una página creíble y veraz.

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