CABRAL, FUE SOLDADO O SARGENTO?

Nadie duda hoy del heroísmo de JUAN BAUTISTA CABRAL, criollo na­cido en Saladas (Corrientes), reclutado como soldado raso en el Regimiento Granaderos a Caballo, cuando éste se estaba formando en los cuarteles del Retiro. Fue, precisamente, en el bautismo de fuego de tan benemérito cuerpo militar, ocurrido en San Lorenzo, donde el bravo correntino demostró su valentía y espíritu de sacrificio, ofrendando su vida para salvar la del que más tarde sería el Libertador de América.

Pero lo que ofrece dudas es que haya pasado de su condición de soldado granadero. Murió como tal y no existe —al menos nunca se encontró— documento alguno que pruebe su ascenso “post-mortem”. Lo dicho suscitó la inquietud del Instituto Sanmartiniano, que hace ya algún tiempo, llegó a solicitar del Presidente de la Nación de aquel entonces, que resolviera su ascenso. En el expediente se expresaba que al hacerlo se regularizaría una injusta situación histórica y hacía referencia a que era incongruente la existencia de una “Escuela de Suboficiales Sargento Cabral”, un barrio en la provincia de Buenos Aires con el mismo nombre, pueblos, calles, etc., en idéntica situación; documentos oficiales que se hacen eco de esa jerarquía atribuída al soldado CABRAL, mientras que la realidad era otra. El trámi­te estaba por cumplirse favorablemente, cuando los avatares de nuestra zarandeada política hicieron que quedara archivada esta solicitud.

Dice CAMILO ANSCHUTZ en su libro “Historia del Regimiento de Ganaderos a Canallo” (Tomo 1, página 161): “El coronel SAN MARTÍN erigió un modesto cenotafio en el antiguo campo santo del convento y cumplimentando el decreto antes citado,  así que regresó a Buenos Aires, mandó colocar en la parte exterior y sobre la gran puerta del Cuartel del Retiro, un tablero en forma oval con la siguiente inscripción: “Al soldado JUAN BAUTISTA CABRAL. Murió en la acción de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813. Y en la orla: “Sus compañeros le tributan esta memoria”.

A partir de entonces, se hizo costumbre que al entrar a dicho cuartel, todos sin excepción, desde el más antiguo de los oficiales hasta el más moderno de los soldados, se detuvieran ante este tablero y saludaran. Todas las tardes además, al pasarse lista durante las formaciones que se realizan en el Regimiento de Granaderos a Caballo, cuando se lo nombra a JUAN BAUTISTA CABRAL, el sargento más antigüo responde “Murió en el Campo de Honor, pero existe en nuestros corazones, siendo respondido con un  ¡Viva la Patria, Granaderos!” exclamado por todo el personal formado.

La verdad cruda es que CABRAL nunca fue sargento, pero nadie podrá quitarle el honroso lugar que ocupa en la memoria de los argentinos, por haber muerto heroicamente como granadero, tratando de salvar la vida de su jefe, sin que importe en absoluto si fue o no sargento.

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