BATALLA DE MOQUEGUÁ (21/01/1823)

Durante la campaña libertadora del Perú, el general ARENALES fué enviado por el general SAN MARTÍN a operar por el Sur del Perú, mientras el resto del Ejército lo hacía por el Norte, tratando así de obligar a los realistas a dividir sus fuerzas para oponérsele.

Las fuerzas de ARENALES, reforzadas por una unidad colombiana y otra chilena (la primera llegaría tarde a la acción y la segunda, directamente no llegó), fueron derrotadas en Torata y obligadas a replegarse hacia la costa en dirección a Moqueguá. Llegados allí, el recuento de efectivos, equipos, armamento y municiones, efectuado el 20 de enero, deparó una preocupante realidad: la defección de los chilenos y los colombianos, había dejado muy reducidos los efectivos disponibles y se disponía de solamente 8 tiros para cada boca de fuego.

Ya se hallaba a la vista el enemigo, que llegaba a concluir su obra, pero lo menguado de sus fuerzas y la escasez de municiones, no fue impedimento para que se realizara una defensa tenaz y valerosa de las posiciones alcanzadas. Se adoptó una sólida formación de “martillo”  y cuando se acabaron las municiones, salieron a relucir los sables y las bayonetas: 500 muertos que quedaron en el campo de batalla fueron mudos testimonios de tal coraje y solamente la oportuna y sorpresiva acción llevada a cabo por el capitán JUAN GALO DE LAVALLE al frente de sus Granaderos, permitió finalmente una retirada honrosa de los patriotas.

Fracasaba así esta operación planeada por SAN MARTÍN, que no tuvo en cuenta que su aliado, el general BOLÍVAR, celoso de los triunfos del capitán de los Andes, retaceó la entrada de las tropas colombianas en acción, dejando solos a los efectivos argentinos, para enfrentar a las fuerzas realistas.

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